
El ejercicio puede reducir los síntomas de depresión tanto como la terapia psicológica, según una revisión reciente de estudios internacionales. Un análisis científico actualizado, realizado en adultos de todo el mundo, comprobó que la actividad física ofrece beneficios similares a los enfoques psicoterapéuticos y a los medicamentos, aunque la certeza de los datos varía.
El trabajo evaluó a casi 5.000 personas, y sus resultados generan expectativas sobre el potencial del ejercicio como herramienta en la salud mental.
La revisión examinó las experiencias de adultos diagnosticados con depresión que participaron en 73 ensayos clínicos controlados. Los especialistas observaron cómo evolucionaban los síntomas en pacientes que hacían ejercicio, recibían terapia psicológica, tomaban antidepresivos o no seguían ningún tratamiento específico.

De esta manera, el estudio buscó responder qué intervención resulta más efectiva, quiénes se benefician y cuánto tiempo perduran los resultados obtenidos.
La depresión afecta a más de 280 millones de personas. Frente a este panorama, el ejercicio físico se destaca como una alternativa accesible y de bajo costo para quienes buscan mejorar su bienestar mental y físico.
Análisis comparativo de tratamientos
Según la revisión de la Universidad de Lancashire, el ejercicio físico logró un beneficio moderado en la reducción de síntomas depresivos en comparación con la ausencia de tratamiento o intervenciones de control.

En la comparación directa con la terapia psicológica, la actividad física arrojó resultados similares para aliviar la depresión, sobre la base de evidencia considerada de certeza moderada.
Las comparaciones con antidepresivos también reflejaron efectos parecidos, aunque la solidez de los datos fue menor. De acuerdo con el equipo científico, la evidencia disponible sobre el ejercicio y los medicamentos posee menor grado de certeza, lo que sugiere la necesidad de investigaciones más robustas y con mayor número de participantes.
Los especialistas señalaron que los efectos secundarios asociados al ejercicio son poco frecuentes y suelen limitarse a lesiones musculoesqueléticas leves. En el caso de quienes toman antidepresivos, los efectos adversos incluyen fatiga y molestias digestivas.

Intensidad, frecuencia y tipos de ejercicio
La revisión también permitió identificar qué características del ejercicio resultan más útiles para personas con depresión. De acuerdo con los autores, la actividad física de intensidad ligera a moderada produjo mejores resultados que el ejercicio vigoroso. Además, quienes completaron entre 13 y 36 sesiones de entrenamiento reportaron mayores mejoras en su estado anímico.
En cuanto al tipo de ejercicios, la investigación no encontró una modalidad claramente superior. Sin embargo, los programas combinados y el entrenamiento de resistencia ofrecieron ventajas respecto a las rutinas exclusivamente aeróbicas.

Los científicos destacaron que otras disciplinas, como el yoga, el qigong y los estiramientos, no formaron parte del análisis y representan áreas de interés para estudios futuros.
A pesar de los avances, el seguimiento prolongado de los pacientes sigue siendo insuficiente. La mayoría de los ensayos evaluados no monitoreó a los participantes durante un período extenso tras finalizar el tratamiento, lo que impide establecer la duración real de los beneficios.
Limitaciones y consideraciones para el futuro
De acuerdo con el profesor Andrew Clegg, autor principal de la revisión y miembro de la Sociedad Británica de Geriatría, la principal limitación de los estudios radica en el tamaño reducido de las muestras.

“El ejercicio parece ser una opción segura y accesible para ayudar a controlar los síntomas de la depresión. Sin embargo, si queremos determinar qué tipos funcionan mejor, para quiénes y si los beneficios perduran en el tiempo, aún necesitamos estudios más amplios y de alta calidad”, afirmó Clegg.
La actualización del análisis incorporó 35 nuevos ensayos desde las versiones previas, pero las conclusiones generales apenas variaron. Esto se debe a que la mayoría de los ensayos involucró a menos de 100 personas, lo que dificulta extraer resultados concluyentes y generalizables.
Los expertos insisten en la necesidad de realizar investigaciones con mayor cantidad de participantes y metodologías rigurosas. Solo así podrán determinar con precisión la efectividad comparativa de las distintas intervenciones y adaptar las recomendaciones a cada caso.

Perspectivas y recomendaciones profesionales
El ejercicio físico, según Cochrane Iberoamérica, se consolida como una herramienta valiosa en el abordaje integral de la depresión. La posibilidad de acceder a una opción de bajo costo y con beneficios adicionales para la salud convierte a la actividad física en una alternativa atractiva para pacientes y profesionales.
El equipo investigador sugiere que la elección de la mejor estrategia debe contemplar las preferencias, capacidades y necesidades de cada persona. Los resultados refuerzan la importancia de ofrecer opciones variadas y personalizadas, para aumentar la adherencia y la eficacia de los tratamientos.

Aunque el ejercicio no sustituye otras terapias en todos los casos, su incorporación como complemento puede mejorar la calidad de vida y el pronóstico de quienes viven con depresión.
Los especialistas continúan evaluando nuevas evidencias para optimizar el abordaje clínico y garantizar intervenciones seguras y efectivas para la población mundial.
El ejercicio físico, la terapia psicológica y los antidepresivos presentan resultados similares en el tratamiento de la depresión, con ventajas para la actividad física en cuanto a accesibilidad y efectos secundarios. Los investigadores destacan la necesidad de estudios más amplios y de calidad para establecer recomendaciones firmes y personalizadas en el futuro.