
Según la Sociedad Internacional de Menopausia, esta etapa suele aparecer en mujeres entre los 45 y 55 años. Este proceso natural, marcado por cambios hormonales, puede afectar la calidad de vida y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas. Los síntomas frecuentes incluyen sofocos, trastornos de ánimo y problemas de sueño. Además, se ha vinculado con deterioro cognitivo, como déficits de memoria, atención y lenguaje.
Una investigación reciente de la Universidad de Cambridge asoció la menopausia con reducciones en el volumen de materia gris en regiones clave del cerebro y con un incremento de síntomas de ansiedad, depresión y trastornos del sueño.
Este estudio, publicado en Psychological Medicine, señala que la terapia de reemplazo hormonal (TRH) no revierte estas alteraciones cerebrales, aunque puede atenuar el deterioro en los tiempos de reacción.

Los análisis realizados sobre cerca de 125.000 mujeres de la base de datos UK Biobank revelaron que aquellas que habían pasado la menopausia experimentaron una reducción significativa en el volumen de materia gris cerebral. Las áreas más afectadas fueron el hipocampo, encargado de la formación y almacenamiento de recuerdos; la corteza entorrinal, que canaliza información entre el hipocampo y otras zonas cerebrales; y la corteza cingulada anterior, que interviene en la gestión emocional, la toma de decisiones y la concentración.
Barbara Sahakian, autora principal del estudio, precisó que estos sectores “son los que habitualmente se ven comprometidos en la enfermedad de Alzheimer”. Según explicó a través de la comunicación oficial de la Universidad de Cambridge, este patrón podría aumentar los riesgos de demencia en las mujeres en esta etapa: “La menopausia podría hacer que estas mujeres sean vulnerables en el futuro. Aunque no es toda la explicación, puede ayudar a entender por qué hay casi el doble de casos de demencia en mujeres que en hombres”, indicó.

La doctora Alejandra Belardo, jefa de Endocrinología Ginecológica y de Climaterio del Hospital Italiano y profesora adjunta de la Universidad Hospital Italiano explicó a Infobae que “el estudio seguramente está basado en resultados de resonancia magnética que se hacen para ver las modificaciones a nivel del sistema nervioso central relacionado con el parámetro que uno elija, en este caso el tema del estrógeno».
“Lo que sí se sabe hace muchísimos años, y que creo que hace a lo importante de las modificaciones en el sistema nervioso central de la mujer, es que se producen hormonas a nivel de nuestro sistema nervioso, por eso se le denominan neuroesteroides. Y este sistema nervioso está bajo la acción de las diferentes hormonas que producen los ovarios: estrógeno, progesterona, andrógenos. Pero también hay una producción propia a nivel del cerebro“, describió la experta.

Y agregó que esto va a repercutir cuando la mujer entre en menopausia y se produzca el descenso de los estrógenos. “Como también se producen oscilaciones en la perimenopausia que generan un impacto sobre el estado anímico. Por ejemplo, algo muy característico: el síndrome premenstrual, que causa síntomas emocionales, justamente por la acción de las hormonas a nivel de nuestro sistema nervioso central».
La doctora señaló que en la perimenopausia se producen estos trastornos del ánimo, o mood disorders, que muchas veces acompañan a los trastornos en el sueño y la niebla mental, que forman parte del mismo cuadro. “Pero hay que saber diferenciar que los trastornos del sueño pueden traer trastornos cognitivos, porque si nos despertamos a la noche, el cortisol sube y produce ansiedad, y la ansiedad sostenida en el tiempo genera depresión».
Sin embargo, la doctora destacó que no ocurre una depresión mayor, sino una depresión endógena asociada a la menopausia. “Aquella paciente que tiene antecedentes de depresión a lo largo de su vida reproductiva tiene más chances de tener otro episodio de depresión en esta etapa por la inestabilidad. Pero no es que la menopausia causa depresión, lo que puede causar son trastornos en el ánimo, que se acompañan muchas veces de una mayor ansiedad y pueden llevar a un estado depresivo».
Hormonas y cerebro, según el estudio

Los investigadores de la Universidad de Cambridge analizaron datos del Biobanco del Reino Unido de las casi 125.000 mujeres, que fueron clasificadas en tres categorías: premenopausia, posmenopausia que nunca han utilizado terapia de reemplazo hormonal (TRH) y posmenopausia que han utilizado terapia de reemplazo hormonal.
Las participantes respondieron cuestionarios que incluían preguntas sobre su experiencia con la menopausia, su salud mental autoinformada, sus patrones de sueño y su salud general. También se sometieron a pruebas cognitivas, de memoria y tiempos de reacción. Alrededor de 11.000 participantes también se sometieron a resonancias magnéticas (RM), lo que permitió a los investigadores observar la estructura de sus cerebros.
El promedio de edad al inicio de la menopausia entre las participantes fue 49,5 años. En el caso de aquellas tratadas con TRH, la media de inicio del tratamiento fue de 49 años.
Sobre el impacto en la salud mental, los investigadores observaron que la menopausia se relacionaba con más ansiedad, depresión y problemas de sueño. Lo llamativo llegó al comparar a las mujeres que recibían TRH con las que no la recibían. El grupo medicado tenía peores indicadores de salud mental y era más probable que hubiesen consultado al médico por la ansiedad, los nervios o la depresión, y de obtener puntuaciones más altas en los cuestionarios sobre síntomas de depresión. Asimismo, tenían mayor probabilidad de que les recetaran antidepresivos.

Aunque las mujeres del grupo de TRH presentaron mayor ansiedad y depresión en comparación con el grupo sin TRH, análisis posteriores mostraron que estas diferencias en los síntomas ya existían antes de la menopausia. Es posible, según los investigadores, que en algunos casos, el médico de cabecera de una mujer haya recetado TRH anticipando que la menopausia empeoraría sus síntomas.
Las mujeres posmenopáusicas eran más propensas a reportar insomnio, dormir menos y sentirse cansadas. Las que tomaban terapia de reemplazo hormonal (TRH) reportaron sentirse más cansadas de los tres grupos, a pesar de que no hubo diferencia en la duración del sueño entre estas mujeres y las que no tomaban la medicación.
En relación con la cognición, la investigación observó que las mujeres posmenopáusicas que no recibían TRH presentaron tiempos de reacción más lentos que quienes aún no habían atravesado la menopausia o estaban bajo tratamiento con TRH.
Katharina Zühlsdorff, del Departamento de Psicología, puntualizó en el comunicado universitario: “A medida que envejecemos, nuestros tiempos de reacción tienden a ser más lentos; es parte del proceso natural de envejecimiento y les sucede tanto a mujeres como a hombres. La menopausia parece acelerar este proceso, pero la terapia hormonal sustitutiva parece frenarlo, ralentizándolo ligeramente“.

Según la doctora Belardo, la terapia hormonal de reemplazo ayuda a transitar esta etapa. “Pero no es que la terapia hormonal sea la solución. Si tenemos una paciente con depresión, la indicación no es la terapia de reemplazo. Ahora, si es un trastorno del ánimo referido a esta etapa, sí, muchas mujeres pueden utilizar terapia hormonal para poder sobrellevarla y a veces esto va acompañado también de psicofármacos que indica el psiquiatra».
En cuanto a la niebla mental, la experta dijo que hay que separarla de los problemas al dormir, “porque si yo tengo trastornos de sueño y me despierto muchas veces por los sofocos, por ejemplo, o porque mi sueño pasa a ser muy liviano, eso también me va a traer trastornos cognitivos, dificultades en la concentración y cansancio”, advirtió.
Una etapa en la vida
La doctora Christelle Langley, del Departamento de Psiquiatría de la universidad, afirmó: “La mayoría de las mujeres pasan por la menopausia, y esta puede ser una etapa crucial en su vida, independientemente de si toman TRH o no. Un estilo de vida saludable (por ejemplo, hacer ejercicio, mantenerse activa y llevar una dieta saludable) es especialmente importante durante este período para ayudar a mitigar algunos de sus efectos».

Y agregó: “Sin embargo, todos debemos ser más sensibles no solo a la salud física, sino también a la mental de las mujeres durante la menopausia, y reconocer cuándo están pasando por momentos difíciles. No debería haber vergüenza en compartir lo que estás pasando y pedir ayuda».
En coincidencia, la doctora Belardo expresó que, independientemente de si se toma o no se toma la terapia hormonal, seguir un estilo de vida saludable es fundamental.
“Lo que uno haga en esta etapa va a servir para transitar nuestra vejez. Entonces, los cambios de hábito, el ejercicio, ayudan no solamente a la prevención cardiovascular y de osteoporosis a largo plazo, sino también a dormir y sentirse mejor cognitivamente porque se liberan una serie de neurotransmisores que ayudan a promover esa sensación de bienestar».
Y completó: “Otro tema muy importante es que no hay que tener vergüenza de que si uno está sintiendo ciertos síntomas, expresarlos, consultar al médico especialista en climaterio para que le pueda dar una respuesta adecuada».