
El crecimiento de las enfermedades crónicas y los problemas cognitivos en la infancia pusieron a la alimentación escolar en el foco de la crisis de salud pública, según se advirtió en el podcast The Dr. Hyman Show.
El debate cobra fuerza ante la aparición de nuevas pruebas sobre el impacto de los productos ultraprocesados en el metabolismo y el aprendizaje de los niños.
La dimensión de la crisis en la salud infantil
“La expectativa de vida de un niño obeso es 13 años menor que la de un niño sano”, alertó el Dr. Mark Hyman. Se trata de la primera vez en la historia en que una generación podría vivir menos y con peor salud que la anterior.

El fenómeno abarca una gama amplia de enfermedades crónicas. “Casi uno de cada dos niños tiene una enfermedad crónica y la obesidad afecta a uno de cada cinco”, añadió el experto y destacó que el deterioro puede iniciar en edades tempranas.
El rol de la alimentación escolar y los ultraprocesados
Nora LaTorre es directora ejecutiva de Eat Real Certified y especialista en la transformación de entornos alimentarios escolares para mejorar la salud infantil. Lidera una organización que asesora a más de 1.700 escuelas en Estados Unidos, impulsando programas certificados que priorizan alimentos reales y reducen los ultraprocesados.
LaTorre calificó a las escuelas como “el mayor restaurante infantil” de Estados Unidos, ya que proporcionan la mitad de la nutrición a 30 millones de estudiantes. “Sirven siete mil millones de comidas al año”, precisó, destacando la magnitud del sistema escolar como pilar en la alimentación.

Diversos estudios señalaron que la preocupación reside en el predominio de los alimentos ultraprocesados. “El 67% de la dieta de los niños proviene de alimentos altamente procesados, que por definición, no son comida: perjudican la salud y provocan muertes”, remarcó Hyman.
Impacto en el desarrollo cognitivo y metabólico
Consumir alimentos ultraprocesados afecta directamente el rendimiento intelectual y el metabolismo infantil. “Impacta en el aprendizaje, la concentración y la salud mental de los estudiantes”, puntualizó Hyman, y agregó que el problema no se limita a la obesidad, sino que repercute también en la capacidad de atención y el comportamiento.
LaTorre ilustró: “Uno de los colegios en nuestro programa eliminó 15 kilos de azúcar por alumno al año. Los resultados en salud y el desempeño académico mejoraron rápidamente”. Destacó que los primeros estudios realizados junto a universidades señalaron un aumento del rendimiento académico tras la incorporación de comidas reales.
Efectos en la conducta y bienestar emocional
El Dr. Hyman señaló que “en centros de detención juvenil, reemplazar ultraprocesados por alimentos reales redujo la violencia en un 97% y las autolesiones a cero”, evidenciando los beneficios de un cambio en la nutrición.

LaTorre sumó que tanto padres como docentes muestran preocupación por la alta prevalencia de problemas de conducta y de salud mental en las aulas.
Barreras y resistencias: industria y políticas públicas
Sin embargo, el avance enfrenta presiones por parte de la industria alimentaria y obstáculos en el diseño de políticas. “Las escuelas han sido cooptadas por la industria alimentaria”, denunció Hyman, quien mencionó tácticas como la inclusión de marcas comerciales en los menús escolares.
LaTorre explicó que la presión para mantener productos ultraprocesados en las escuelas es continua y se refleja en debates legislativos. “Ayudamos a aprobar en California y a nivel nacional la primera ley que regula azúcares añadidos en las comidas escolares”, celebró, aunque reconoció el desafío que implica superar la resistencia empresarial.
Propuestas prácticas para familias y escuelas
Para familias y comunidades educativas, los expertos sugirieron medidas concretas. “Eliminar los azúcares añadidos transforma la salud en pocos días”, relató LaTorre, quien compartió la experiencia de su familia al retirar los azúcares ocultos de la dieta diaria.

Otra recomendación es involucrar a los niños en la selección y preparación de los alimentos. “Cocinar y comer juntos es clave”, apuntó Hyman, mientras que LaTorre aconsejó participar en la mejora de los menús escolares enviando propuestas a los directores y sumándose a campañas de concienciación.
Perspectiva de cambio: esperanza y retos pendientes
Ambos especialistas, en su diálogo para el podcast, coincidieron en que el cambio puede ser rápido cuando se suman esfuerzos del hogar, la escuela y la política pública.
“Transformar la alimentación escolar en menos de dos años es plenamente posible”, afirmó LaTorre, resaltando que la coordinación genera mejoras visibles en la salud, el bienestar emocional y el aprendizaje de los niños.
Las decisiones cotidianas pueden marcar el rumbo de una generación. Mejorar los hábitos nutricionales en la infancia abre la posibilidad de una vida más saludable y satisfactoria para los niños y las comunidades.