
Un equipo de investigadores de China y los Estados Unidos encontró algo inesperado en el esperma humano: un “reloj molecular”, que es capaz de marcar el paso del tiempo en los hombres.
El hallazgo podría ayudar a explicar cómo la edad paterna influye en la salud de los hijos. Lo publicaron en la revista The EMBO Journal.
Allí revelaron que el ARN en el esperma cambia con la edad y deja una señal invisible pero detectable.
La investigación tuvo como líder a Qi Chen, profesor de urología y genética humana en la Universidad de Utah, Estados Unidos.

Su objetivo era descubrir si el ARN del esperma se modifica con los años y cómo esos cambios pueden influir en la descendencia.
Para lograrlo, el equipo diseñó una técnica avanzada llamada PANDORA-seq, con la que lograron ver ARN que antes pasaba completamente desapercibido.
Analizaron muestras de ratones y encontraron una transformación abrupta en la composición del ARN entre las semanas 50 y 70 de vida.

Ese mismo patrón apareció cuando revisaron esperma humano y sugirió que el fenómeno ocurre más allá de una sola especie. La transición se manifiesta como un auténtico “acantilado molecular”.
Con el cambio, los fragmentos largos de ARN empiezan a dominar la escena, mientras los cortos pierden presencia.
“Es como si ese reloj molecular avanzara igual en ratones y humanos, mostrando que el envejecimiento del esperma sigue reglas universales”, contó Chen al presentar los resultados del estudio.

Durante décadas, se pensó que el ARN, igual que el ADN, se iba fragmentando al envejecer el esperma.
“Este hallazgo fue una sorpresa, porque algunos ARN se alargan con la edad en vez de romperse”, explicó el investigador.
Eso puso en duda muchas ideas previas sobre cómo el paso de los años afecta a las células reproductivas masculinas, y abrió una puerta a nuevas preguntas.
Reloj secreto en cada célula

Para ver qué provocaban estos cambios, los científicos inyectaron ARN “viejo” en células madre embrionarias de ratón.
Detectaron alteraciones en genes vinculados al metabolismo y la función cerebral, lo que apunta a una posible explicación sobre por qué los hijos de padres mayores tienen más riesgos metabólicos o neurológicos.
Esta relación entre el envejecimiento del esperma y la salud futura de la descendencia podría ser mucho más directa de lo que se pensaba hasta ahora.
El trabajo resalta que este cambio solo aparece en la cabeza del espermatozoide, la parte que entrega la información genética al óvulo durante la fecundación.

Así lo detalló Tong Zhou, profesor de fisiología y biología celular en la Universidad de Nevada, en Reno, y coautor de la investigación. “La señal era exclusiva de la cabeza del espermatozoide”, afirmó Zhou.
La cola del esperma contiene otros ARN que antes interferían y ocultaban el cambio. El avance de la técnica permitió aislar y analizar solo la cabeza, haciendo visible ese reloj molecular que hasta ahora nadie había logrado ver.
Este detalle técnico fue fundamental para lograr descifrar el mensaje biológico que el envejecimiento deja en las células reproductivas masculinas.
El legado oculto de la paternidad tardía

La validación en humanos fue posible gracias a los recursos clínicos y de laboratorio, que conectan bancos de esperma con registros de pacientes.
“Ver el mismo hallazgo en humanos nos entusiasmó mucho”, contó Kenneth Aston, otro de los coautores del estudio publicado en The EMBO.
La colaboración entre laboratorios básicos y clínicas de fertilidad permitió comparar los resultados en dos especies diferentes.
Ahora, el equipo busca identificar las enzimas que provocan los cambios de ARN. Si lo logran, podrían abrir nuevas formas de mejorar la calidad del esperma en hombres de mayor edad y orientar mejor las decisiones reproductivas.

El objetivo es que, en el futuro, haya herramientas para anticipar riesgos y tomar decisiones informadas sobre la paternidad, incluso en etapas más avanzadas de la vida.
Chen aseguró que entender estos mecanismos puede ayudar a anticipar riesgos para la descendencia y ofrecer respuestas más claras a quienes buscan tener hijos en etapas más avanzadas de la vida.
Además, no descartan que este tipo de estudios sirva de base para desarrollar pruebas diagnósticas o tratamientos que apunten a mejorar la fertilidad masculina y la salud de futuras generaciones.