
El Holter ha marcado un antes y un después en el diagnóstico y control de enfermedades cardíacas. Desarrollado en los años 50 por el biofísico Norman J. Holter, este dispositivo portátil permitió por primera vez registrar y analizar la actividad eléctrica del corazón durante periodos prolongados sin necesidad de hospitalización ni interrupciones en la rutina diaria.
Según la Fundación Española del Corazón, su aparición facilitó el acceso a una monitorización precisa y continua, beneficiando a millones de personas en todo el mundo.
De los primeros prototipos a la tecnología digital
La monitorización cardiaca ambulatoria, o estudio Holter, registra el electrocardiograma del paciente durante 24 a 48 horas, aunque algunos modelos permiten extender el control por varios días para detectar alteraciones intermitentes.
Durante este periodo, la persona mantiene sus actividades cotidianas, como trabajar o hacer ejercicio, sin restricciones relevantes. Al finalizar, el cardiólogo descarga y analiza los datos, identificando patrones de frecuencia y ritmo cardíaco o posibles alteraciones en el flujo coronario.

El Holter se recomienda ante síntomas de origen incierto, como palpitaciones, taquicardias, mareos, síncopes o dolor torácico no detectados en otras pruebas.
También es útil en el control de marcapasos, desfibriladores automáticos implantables y para evaluar tratamientos con fármacos antiarrítmicos o antianginosos, detalló la Fundación Española del Corazón. La versatilidad del Holter permite una evaluación precisa en contextos complejos y en pacientes con antecedentes de arritmias o enfermedades coronarias.
Para un registro eficaz, la Fundación Española del Corazón recomienda mantener la rutina diaria y anotar en un diario la hora exacta de cualquier síntoma, lo que facilita la correlación entre los eventos y los datos registrados.

En algunos casos, el estudio Holter se solicita como parte del seguimiento en pacientes asintomáticos con factores de riesgo, como antecedentes familiares de muerte súbita o enfermedades cardíacas hereditarias.
Monitor cardiaco subcutáneo: alternativa para síntomas esporádicos
En pacientes cuyos síntomas cardíacos se presentan de manera muy esporádica, el Holter tradicional puede no captar episodios anómalos. En estos casos, el cardiólogo puede recomendar un monitor cardiaco subcutáneo, un pequeño dispositivo de entre cinco y seis centímetros que se implanta bajo la piel en la parte superior del tórax, utilizando anestesia local.
Este monitor puede permanecer en el organismo durante semanas o meses, proporcionando vigilancia continua hasta que se registre un evento relevante. A diferencia del Holter, detecta y almacena automáticamente las alteraciones del ritmo, incluso si el paciente no percibe síntomas.

La inserción del monitor subcutáneo es un procedimiento sencillo, que dura entre 15 y 20 minutos y no requiere hospitalización. El dispositivo transmite la información de manera remota al hospital, lo que permite al equipo médico acceder a los datos en tiempo real o diferido y realizar un seguimiento sin necesidad de que el paciente acuda presencialmente. Esta capacidad resulta especialmente valiosa para personas que residen lejos de centros especializados o presentan dificultades de movilidad.
Vida cotidiana y seguimiento con el monitor subcutáneo
Llevar un monitor cardiaco subcutáneo no impone restricciones sobre la vida diaria. Las personas pueden realizar ejercicio, nadar, viajar y mantener sus actividades habituales sin limitaciones relevantes, según la Fundación Española del Corazón.
En controles de seguridad, como los de aeropuertos, si una alarma detecta el componente metálico, se recomienda mostrar la tarjeta identificativa del monitor y solicitar una revisión manual para evitar inconvenientes.

La retirada del monitor subcutáneo depende del criterio médico y se efectúa mediante un procedimiento breve, bajo anestesia local. Este tipo de dispositivo puede funcionar hasta dos años en el organismo, aportando confianza, tranquilidad y seguridad a quienes requieren un control cardíaco intensivo y prolongado.
Además, la información obtenida es crucial para ajustar tratamientos, decidir la implantación de otros dispositivos o descartar enfermedades graves, lo que implica una mejora significativa en la calidad de vida del paciente y una reducción de riesgos asociados a arritmias no detectadas.
La combinación de vigilancia continua, discreción y seguimiento remoto representa una de las mayores innovaciones en el control de patologías cardíacas complejas.