
El comienzo del año trae consigo las vacaciones, ese ansiado momento para desconectarse de la rutina y recargar energías. Sin embargo, también pueden ser fuente de estrés, no solo a raíz de los preparativos y la planificación, sino también por la convivencia, los deseos y las expectativas familiares acerca de ese tiempo libre.
En diálogo con Infobae, la licenciada Tamara Lichtmann, psicóloga de la Fundación Aiglé, afirmó que hay que trabajar para alcanzar ese descanso: “En vacaciones se respira otro aire, baja la velocidad, la agenda se afloja y el ritmo urbano de la ciudad cambia. Para quienes logran viajar, el corte con la rutina es total; para los que se quedan, el día a día igual se siente distinto. Muchos ven en este tiempo una invitación al disfrute, pero sabemos que el descanso no ocurre por arte de magia», aseguró.
Y continuó: “Para las familias, las vacaciones implican una convivencia diferente. Se comparte más tiempo, los adolescentes alteran sus horarios —trasnochando incluso sin salir— y, con niños pequeños, la demanda de cuidado suele aumentar. Seamos realistas: los roces y tensiones son parte de la vida compartida, pero en verano pueden transformarse en un factor de estrés extra», destacó Lichtmann.

Según expresó el doctor David Spiegel, director del Centro de Estrés y Salud de la Universidad de Stanford en un artículo de ese centro, “el estrés es un problema mente-cuerpo”. “Respondemos a los factores estresantes como si fueran amenazas físicas, aunque la mayoría no lo son. Esto ocurre porque los humanos somos criaturas físicas vulnerables. Nuestra sensibilidad al peligro nos permitió ocupar el planeta”.
Sin embargo, cuando el estrés se transforma en una condición crónica y permanece en las vacaciones, puede perjudicar tanto la salud física como mental.
Spiegel explicó que el estrés desencadena la liberación de las hormonas adrenalina y cortisol, y niveles elevados y sostenidos pueden causar dolores de cabeza y aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas. Además, el estrés interfiere con el sueño, y la falta de descanso incrementa el riesgo de diversas enfermedades crónicas, advirtió.

Cuando el estrés se manifiesta en vacaciones, quedan en evidencia los ajustes pendientes, expresó por su parte la psicóloga: “La necesidad de espacios propios, la búsqueda de autonomía de los hijos que crecen, los ruidos en la comunicación o, incluso, el dolor de las ausencias. Las vacaciones no solo exponen la alegría, sino también las dinámicas del ciclo vital que exigen ser revisadas», resaltó la experta.
Incluso los viajes deseados a destinos exóticos traen sus propios desafíos emocionales, afirmó.
“Entre valijas y reservas, suelen activarse miedos o ansiedades. Salir del ‘circuito chico’, tomar un avión o enfrentarse a lo desconocido requiere un trabajo interno que nos invita, finalmente, a entregarnos a la aventura. Por otra parte, a veces imaginando un viaje soñado, no contemplamos los imprevistos, como puede ser la aparición de una gripe o cuadro viral, que invita a ser más flexibles, reacomodar los planes sobre la marcha, y entregarnos a que el camino se hace al andar», recomendó Lichtmann.
Por otro lado, la licenciada María Verónica Lapelle señaló en un artículo del Hospital Italiano que “la salud mental no se soluciona en dos semanas de vacaciones“. Y destacó que “es fundamental trabajar durante el año para que ese tiempo sea efectivo. La promoción de hábitos saludables, como el deporte, hobbies o pequeños momentos de desconexión durante la rutina, son esenciales para preparar la mente y el cuerpo para un verdadero descanso”.
La trampa de la productividad

Una vez ya instalados en el hotel o el departamento, los niños jugando, las vacaciones encaminadas, ¿puede surgir la “culpa” por estar sin hacer nada?
La licenciada Lichtmann comentó que vivimos en una sociedad que premia el “hacer” constante, “y ahí es donde el descanso corre peligro”, alertó. “Incluso estando de vacaciones nos autoexigimos: un lugar más por conocer, una foto más para las redes o esa culpa latente de no estar ‘aprovechando al máximo’ el paisaje. A veces, la necesidad de frenar es mayor que el deseo de salir, pero la oferta desmedida de planes nos empuja a un ritmo (y a un presupuesto) que termina agotándonos», describió la psicóloga.
Y afirmó que estando en casa, la trampa es similar. “Sentimos que hay que ‘aprovechar el verano’ para limpiar a fondo, hacer los controles médicos pendientes o tachar tareas de la lista. El mandato de productividad se cuela en todo, potenciado por una era digital que nos tiene atrapados en la pantalla, más preocupados por mostrar lo que vivimos que por vivirlo realmente», puntualizó.

Por su parte, la licenciada Fátima Isabel Barragán, expresó en el mismo artículo del Hospital Italiano: “Hoy en día el teléfono es nuestra oficina, televisor y cine, y muchas personas siguen respondiendo mensajes laborales incluso en vacaciones. Es crucial establecer límites claros, como habilitar un segundo teléfono para emergencias familiares o definir horarios de uso limitado del celular”, señaló.
Y agregó: “Volver de vacaciones más cansados que al inicio es un claro indicador de que no logramos desconectarnos del todo”.
En una nota de su autoría en Infobae, el doctor Enrique De Rosa Alabaster, médico psiquiatra, neurólogo, sexólogo y médico legista, afirmó que existe un fenómeno psicológico que explica la dependencia del celular: el llamado residuo atencional.

“Según la investigadora de la Universidad de Minnesota Sophie Leroy, aunque cambiemos de actividad, una parte de la mente queda pegada a lo anterior. Ya no es el adminículo en sí, sino nuestra mente que asimiló ese implante», advirtió.
Y completó: “En esa facilitación tecnológica reside la trampa. Se puede estar en un lugar hermoso, y en excelente compañía, pero una fracción de la atención (imperceptible) sigue en la bandeja de entrada, en el mensaje pendiente, en ‘solo reviso y listo’”.
Y así se sigue conectado al trabajo, la casa, los pendientes y todo lo que impide un descanso de verdad.
10 recomendaciones para evitar el estrés y disfrutar

1. Prestar atención a las señales del estrés. Incluso si es desagradable, la respuesta al estrés ofrece información relevante, dijo Spiegel. Aunque resulte tentador ignorar los problemas, la negación y la evasión no alivian el estrés.
“A veces, el estrés impulsa a identificar y resolver el problema. Es fundamental reconocer cuándo algo preocupa y usar ese conocimiento para buscar una solución”, afirmó Spiegel.
2. Apagar el “debería”, recomendó la licenciada Lichtmann. “La verdadera renovación aparece cuando desconectamos el motor de búsqueda y conectamos con el presente, con los otros y con la creatividad», afirmó.

3. Calmar el cuerpo para calmar la mente. Dado que la reacción al estrés está vinculada al cuerpo, combatirlo mediante respuestas físicas resulta útil, afirmó Spiegel. Calmar el cuerpo favorece la tranquilidad mental. El experto recomendó reducir la respuesta al estrés, con la respiración profunda y la meditación.
4. Hacer actividad física. El ejercicio físico es especialmente útil, señaló Spiegel, pues implica al cuerpo en actividades constructivas que contrarrestan los efectos físicos del estrés.
5. Reservar espacios para actividades que resulten placenteras, como deportes, hobbies y relajarse sin presión.

6. Limitar el uso del celular y establecer horarios claros para revisar mensajes o correos.
7. Priorizar encuentros y conversaciones con familiares o amigos para favorecer la conexión emocional.
8. Lograr mayor flexibilidad. Aceptar los cambios de planes y responder con apertura ante situaciones inesperadas.
9. Distribuir pausas recreativas a lo largo del año para no depender solo de las vacaciones para descansar.
10. Reconectarse consigo mismo. Dedicar tiempo a estar con otros y contar asimismo con un tiempo personal.