El invierno en el hemisferio norte reduce significativamente la exposición solar y afecta los niveles de vitamina D (Imagen Ilustrativa Infobae)

A medida que el invierno se instala en el hemisferio norte, millones de personas se ven expuestas a una baja en sus niveles de vitamina D debido a la reducción en la exposición solar. Esta situación, que se repite cada año, ha renovado el interés en el papel que cumple este nutriente, no solo en la salud ósea sino también en otras funciones del organismo, según explica MIT Technology Review.

El debate sobre la necesidad de suplementación y la dificultad para establecer recomendaciones universales sigue vigente.

Deficiencia de vitamina D: prevalencia y razones estacionales

Durante los meses más fríos y oscuros, se observa un aumento en la prevalencia de deficiencia de vitamina D. Esto obedece a que la principal fuente de este nutriente es la síntesis cutánea provocada por la luz solar directa.

En regiones alejadas del ecuador, como indica la publicación, la producción endógena de vitamina D puede verse seriamente limitada durante el invierno. Además, factores como la pigmentación de la piel, la edad y el uso de protectores solares contribuyen a que muchas personas no alcancen los niveles recomendados.

La deficiencia de vitamina D aumenta en los meses más fríos y oscuros debido a la menor exposición solar (Imagen Ilustrativa Infobae)

La deficiencia afecta especialmente a quienes pasan la mayor parte del tiempo en interiores, así como a poblaciones de mayor edad, cuyo metabolismo cutáneo resulta menos eficiente.

Historia y papel de la vitamina D en la salud ósea

El vínculo entre la vitamina D y la salud ósea se remonta a principios del siglo XX, cuando los médicos observaron un aumento del raquitismo infantil en zonas urbanas con poca exposición al sol. La fortificación de alimentos y la suplementación permitieron erradicar en gran medida esta enfermedad en países industrializados.

La vitamina D favorece la absorción de calcio y fósforo en el intestino, elementos esenciales para la mineralización ósea. Según MIT Technology Review, su papel en la prevención de fracturas y osteoporosis está bien documentado, especialmente en adultos mayores y personas con riesgo de desnutrición.

Efectos de la vitamina D más allá de los huesos

Con el tiempo, los investigadores han explorado el impacto de la vitamina D en otros sistemas. Distintos estudios han sugerido una posible relación entre niveles adecuados de este nutriente y una menor incidencia de hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares.

Estudios recientes analizan la relación entre los niveles de vitamina D y la salud cardiovascular en adultos (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el ámbito inmunológico, algunos expertos han planteado la hipótesis de que la vitamina D podría reducir la incidencia de infecciones respiratorias y modular la respuesta inflamatoria. No obstante, como resalta la publicación, los resultados de ensayos clínicos en estos campos han sido inconsistentes y no permiten establecer una relación causal concluyente.

Dificultad para establecer recomendaciones precisas sobre niveles y suplementación de vitamina D

Pese a la abundancia de estudios, existe un debate considerable sobre cuáles deberían ser los niveles óptimos de vitamina D en sangre. Las recomendaciones varían entre diferentes organismos y países, lo que genera confusión tanto entre profesionales de la salud como en la población.

La suplementación, aunque ampliamente utilizada, no siempre ofrece los beneficios prometidos en estudios observacionales. Los investigadores advierten sobre los riesgos de sobredosificación, que puede provocar hipercalcemia y otros problemas de salud.

La suplementación de vitamina D es una práctica extendida pero no siempre garantiza los beneficios esperados por la población (Imagen Ilustrativa Infobae)

La dificultad para medir con exactitud los niveles y para estandarizar los ensayos también complica la toma de decisiones basadas en pruebas sólidas.

Consenso actual sobre la deficiencia y las recomendaciones oficiales

El consenso actual, de acuerdo con MIT Technology Review, es que la suplementación debe reservarse para personas con factores de riesgo o diagnóstico confirmado de deficiencia. Las autoridades sanitarias recomiendan la exposición solar moderada y una dieta equilibrada como mejores estrategias preventivas.

Solo en casos específicos —como personas mayores, embarazadas, lactantes o quienes viven en latitudes extremas— se aconseja la suplementación bajo supervisión médica.