
La vacuna contra el herpes zóster tomó en los últimos años un protagonismo inesperado en la prevención del deterioro cognitivo.
Los hallazgos más recientes publicados en The Lancet y The Lancet Neurology, junto con estudios previos en Estados Unidos y Canadá, afirman que la vacunación no solo reduce el riesgo de padecer herpes zóster, sino que ralentiza el envejecimiento biológico y podría disminuir la incidencia de demencia en adultos mayores.
Este avance cobra especial relevancia en un contexto donde, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la demencia representa la séptima causa de muerte global y se espera que afecte a 150 millones de personas en 2050. En ese marco, como publicó Infobae, las investigaciones muestran que estrategias de vacunación poblacional pueden transformar el futuro de la salud cerebral.
El mecanismo por el cual el virus varicela-zóster como el herpes simple tipo 1 (ambos causados por virus de la familia Herpesviridae), podrían acelerar el envejecimiento cerebral es complejo. En primer lugar, se destaca su capacidad de permanecer latentes en el sistema nervioso durante décadas y reactivarse ante factores como el estrés, la inmunosupresión o el propio envejecimiento.
Cada reactivación, incluso sin síntomas visibles, puede provocar daño en el ADN y las mitocondrias de las neuronas, desencadenar inflamación crónica en los vasos cerebrales y alterar el funcionamiento inmunitario.
Esta combinación de daño celular e inflamación persistente favorece procesos degenerativos, acelera el envejecimiento biológico del cerebro y aumenta el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
El inmunólogo que abrió el camino a la prevención de la demencia

En 2010, un inmunólogo de 63 años de la Universidad de Colorado comenzó a experimentar preocupantes signos de deterioro cognitivo. Problemas de memoria, dificultad para leer y una incapacidad creciente para terminar frases marcaron el inicio de un cuadro clínico que desafió a sus médicos durante años.
Las pruebas, incluidas biopsias cerebrales, no lograron revelar la causa. El deterioro se agravó, hasta que el propio profesor, cuya identidad se mantiene reservada, recordó un episodio reciente de herpes zóster. Pruebas posteriores confirmaron la reactivación del virus varicela-zóster. Decidió iniciar tratamiento con aciclovir, un antiviral habitual contra el herpes, y los síntomas desaparecieron de manera sorprendente.

Su recuperación, publicada en un estudio en 2016, inspiró a neurovirólogos de todo el mundo a investigar el vínculo entre el virus y el envejecimiento cerebral, abriendo una línea de investigación inesperada.
Durante décadas, el herpes zóster fue considerado principalmente responsable de la neuralgia posherpética, un dolor nervioso grave en adultos mayores.
Sin embargo, la comunidad científica ha comenzado a documentar el impacto profundo de este virus en la salud cerebral. En abril de 2025, un estudio de la Universidad de Stanford sugirió que la vacunación contra el zóster podría prevenir uno de cada cinco nuevos casos de demencia.
Investigaciones recientes encuentran además que quienes reciben la vacuna muestran un envejecimiento biológico más lento, según diversas mediciones. Esta evidencia refuerza la importancia de evitar la infección viral, ya sea mediante la vacuna infantil contra la varicela o con la inmunización en la adultez.
La reactivación del virus del herpes simple en el organismo está vinculada a mecanismos que aceleran el deterioro biológico. La vacuna contra el herpes zóster ha ganado protagonismo en los últimos meses como estrategia para prevenir el deterioro cognitivo, según un artículo publicado en noviembre de 2025 en Infobae.
Vacunación y disminución del riesgo de demencia

Uno de los análisis liderado por Michael Pomirchy de la Universidad de Stanford, abarcó casi 250.000 personas y se sustentó en un experimento natural: quienes cumplieron 71 años desde el 1 de enero de 2017 accedieron gratuitamente a la vacuna de virus varicela-zóster vivo atenuado, mientras que los nacidos poco antes no recibieron ese beneficio. Como publicó Infobae, esta diferencia permitió evaluar la eficacia de la inmunización.
El estudio, difundido en abril de 2025 por la revista Nature, analizó los historiales médicos de adultos entre 71 y 88 años que no tenían diagnóstico de demencia al comenzar el programa de vacunación. En diciembre de 2025, se publicó un seguimiento ampliado de esta investigación en la revista Cell.
El estudio reportó una reducción de 2 puntos porcentuales en la probabilidad de diagnóstico de demencia entre los vacunados respecto de los no vacunados en un seguimiento de cinco años y medio, con un intervalo de confianza del 95 %.
La disminución fue más marcada en mujeres, fenómeno también observado en Australia y Gales, donde programas de vacunación similares evidenciaron efectos protectores en poblaciones femeninas. El efecto no fue estadísticamente significativo en hombres. Este diseño de asignación por fecha de nacimiento, y no por decisión individual, minimizó los sesgos respecto a investigaciones previas.
Cómo el virus del herpes zóster se asocia al envejecimiento

El virus varicela-zóster, responsable de la varicela en la infancia y del herpes zóster en la adultez, permanece latente en el sistema nervioso periférico tras la infección inicial y puede reactivarse décadas después ante factores como el estrés, el Covid-19, tratamientos inmunosupresores o el envejecimiento inmunitario.
Según investigaciones de los últimos años, las reactivaciones —a menudo asintomáticas— pueden dañar el ADN y las mitocondrias neuronales, acelerar el envejecimiento y desatar una respuesta inflamatoria crónica en las arterias cerebrales.

El profesor Andrew Bubak, de la Universidad de Colorado y autor de diversas investigaciones sobre este vínculo, manifestó: “La verdadera carga del virus varicela-zóster está totalmente subestimada. Pero es un virus muy tratable”.
Bubak señaló que el herpes zóster incrementa en 80 % el riesgo de accidente cerebrovascular (ACV) en el primer mes tras la infección y en 20 % durante el año siguiente, lo que relaciona este proceso con la demencia vascular.
El virus tiene una capacidad notable para infiltrarse en el sistema nervioso central mediante mecanismos celulares, facilitando el daño neuronal y la inflamación persistente.
Además, la reactivación del virus varicela-zóster puede inducir la del herpes simple tipo 1, exponiendo el cerebro a ambos herpesvirus simultáneamente.
El impacto de la vacunación en la prevención de la inflamación y la demencia

Un estudio de la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la Universidad del Sur de California (USC), analizó a más de 3.800 adultos mayores y demostró que la inmunización contra el herpes zóster confiere protección persistente frente al envejecimiento biológico, con beneficios observados hasta cuatro años después de la aplicación.
Eileen Crimmins, profesora de USC, afirmó: “Las vacunas podrían desempeñar un papel en estrategias de envejecimiento saludable, más allá de la simple prevención de enfermedades agudas”.
Jung Ki Kim, primer autor del estudio, indicó que la inmunización reduce la inflamación crónica de bajo grado —conocida como “inflamación”— asociada a factores de riesgo comunes en la vejez, como cardiopatías, fragilidad y deterioro cognitivo.
La investigación midió el impacto de la vacuna en siete dimensiones del envejecimiento: inflamación, inmunidad innata, inmunidad adaptativa, hemodinámica cardiovascular, neurodegeneración, envejecimiento epigenético y procesos transcriptómicos.
Los vacunados presentaron menores niveles de inflamación, menor envejecimiento epigenético y mejores parámetros biológicos globales que los no vacunados, lo que sugiere que la inmunización puede formar parte de políticas de promoción de envejecimiento saludable.
Los estudios en Canadá, Estados Unidos y otros países respaldan la hipótesis de que la vacunación contra el herpes zóster —tanto con virus vivo atenuado como con vacunas recombinantes— tiene efectos tangibles en la reducción de la demencia y el envejecimiento acelerado.
Bernard Chan, del Hospital Universitario Nacional de Singapur, subrayó en The Lancet: “El beneficio observado de la vacunación contra el virus varicela-zóster, que utiliza vacunas con adyuvante y vivas atenuadas, sugiere mecanismos específicos del patógeno”.
Aunque los mecanismos de protección cerebral conferidos por la vacuna aún no se comprenden del todo, la evidencia fortalece el argumento para ampliar el acceso a la inmunización, adelantar la edad recomendada —habitualmente desde los 50 años— y considerar refuerzos periódicos para asegurar la inactividad viral durante la vida adulta, según propuso Bubak.