Expertos estudiaron cuál de las dos versiones tiene un mejor impacto en el cuerpo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El agua es el pilar fundamental de la hidratación humana y acompaña la vida cotidiana en innumerables formas, desde la mesa del hogar hasta los restaurantes de todo el mundo. Entre sus variantes más populares destaca el eterno dilema con la soda (o agua con gas), una preferencia que suele definirse tanto por el sabor como por la sensación burbujeante que aporta. Mientras algunos optan por la simpleza y neutralidad, otros encuentran en la efervescencia un estímulo refrescante que transforma el acto de beber en una experiencia diferente. Esta disyuntiva, lejos de ser solo una cuestión de gustos, despierta dudas sobre sus efectos en la salud, motivando a expertos y consumidores a analizar si existe realmente una opción superior entre ambas.

La diferencia en la hidratación con agua y con soda

El mito de que el agua sin gas hidrata mejor que la soda persiste en el imaginario colectivo, pero los especialistas aclaran que no existen diferencias relevantes entre ambas opciones en términos de hidratación. La dietista Callie Krajcir, citada por Verywell Health, indicó: “La ciencia demuestra que el agua con y sin gas hidrata el cuerpo por igual, sin diferencias significativas en la retención de líquidos ni en la producción de orina”. Esta afirmación es respaldada por otros expertos y por diversos estudios que han comparado la eficacia de ambos tipos de agua.

El agua y la soda hidratan al organismo por igual, sin diferencias significativas en la retención de líquidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La elección entre las alternativas responde, en principio, más a una cuestión de gusto que a una ventaja fisiológica. Tal como señala la experta, la recomendación es optar por la variedad que más agrade al consumidor y que facilite una mayor frecuencia de consumo. La clave, revelada por la Clínica Mayo, es mantener un consumo suficiente diario, estimado en alrededor de 3 litros y medio, considerando factores personales como la edad, el peso o el nivel de actividad.

Por su parte, la dietista Trista Best, subraya que las versiones efervescentes pueden tener un rol positivo en la hidratación de quienes habitualmente no disfrutan del agua simple. De acuerdo con sus palabras. De este modo, ambas alternativas cumplen con la función primordial de contribuir al equilibrio hídrico del organismo, siempre que se ingieran en cantidad suficiente.

No obstante, la decisión también puede verse influida según las condiciones de salud. Para quienes buscan reducir el consumo de gaseosas, el agua con gas se presenta como un sustituto favorable. Callie Krajcir explica: “Puede ser un excelente sustituto de los refrescos, las bebidas energéticas u otras bebidas con alto contenido de azúcar y cafeína agregadas”. Optar por la versión carbonatada ayuda a evitar problemas como el mal control de la glucosa en sangre y alteraciones metabólicas, expone la Universidad de California, en Los Ángeles.

El agua con gas puede resultar molesta para personas con cistitis intersticial, vejiga hiperactiva, síndrome de intestino irritable o reflujo ácido (Imagen Ilustrativa Infobae)

La dietista también alertó por algunas variedades que incluyen sabores, azúcares o edulcorantes. De este modo, aconseja revisar las etiquetas y eligir aquellas que no contienen aditivos. Asimismo, la carbonatación puede no ser tolerada por todos. En personas con afecciones como cistitis intersticial o vejiga hiperactiva, el agua con gas puede resultar molesta. Además, quienes padecen síndrome de intestino irritable o reflujo ácido podrían experimentar un empeoramiento de los síntomas debido al gas que se introduce en el tracto digestivo.

Los efectos del agua con y sin gas en la salud

Las dudas sobre los posibles efectos negativos del agua con gas en dientes y huesos aparecen con frecuencia, pero la evidencia disponible no respalda la idea de que esta bebida dañe la estructura ósea. Aunque los refrescos azucarados se han vinculado a un mayor riesgo de fracturas, esto suele asociarse más a la obesidad que al consumo directo de bebidas carbonatadas.

Especialistas aconsejan elegir agua o soda sin azúcares añadidos ni edulcorantes para una hidratación saludable y sin riesgos metabólicos (Imagen Ilustrativa Infobae)

En cuanto a la salud dental, el agua con gas resulta más ácida, con un pH aproximado de 3,5 frente al rango de 6,5 a 8,5 del agua natural, explican expertos. Esta acidez puede reblandecer el esmalte dental, aunque el daño relevante solo ocurre en situaciones específicas: si contiene azúcar, cítricos o si la persona presenta hábitos como el bruxismo, el riesgo para la dentadura aumenta, explica un estudio. En general, sería necesario un consumo prolongado y en grandes cantidades para que cause un daño evidente.

Respecto al sistema digestivo, ambas versiones cumplen la misma función de hidratación. Sin embargo, algunas personas pueden experimentar molestias digestivas relacionadas con la acumulación de gases, como hinchazón, calambres o malestar. Este efecto es más probable en quienes tienen sensibilidad digestiva, síndrome de intestino irritable o reflujo ácido, define la Mayo Clinic.

El pH ácido de la soda simple no representa un riesgo dental significativo, salvo en casos de consumo prolongado o variedades con cítricos y azúcares (Imagen Ilustrativa Infobae)

De cuánto es la dosis diaria de agua o soda

El mercado ofrece múltiples tipos de agua con gas: desde la simple carbonatada hasta aguas minerales con burbujas de origen natural o agua con gas saborizada. La Mayo Clinic revela que la composición básica implica la infusión de dióxido de carbono en agua filtrada, lo que genera la efervescencia característica y aumenta la acidez. Dependiendo de la fuente y el proceso, algunas contienen minerales añadidos como calcio, magnesio, bicarbonato de sodio o potasio, que pueden aportar beneficios complementarios al organismo.

En cuanto a la cantidad diaria recomendada, la hidratación óptima se logra al ingerir suficiente agua, independientemente de si es con o sin gas. El estándar sugerido por los especialistas varía entre los 2,7 y 3,7 litros diarios y puede incluir tanto agua natural como soda, siempre que no contenga ingredientes añadidos que modifiquen su valor nutricional.

Para proteger la salud dental, una medida sencilla consiste en beber un vaso de agua sin gas después de consumir agua con gas, ayudando así a enjuagar los dientes y normalizar la acidez bucal. Además, emplear una bombilla o evitar las variedades cítricas puede reducir el riesgo de erosión del esmalte dental, enfatizan expertos.