
La obsesión por el consumo de proteína ha redefinido los hábitos alimentarios en Estados Unidos, transformando incluso los productos más insospechados en versiones “enriquecidas”, desde barras energéticas hasta snacks tradicionales adaptados. La tendencia responde a la promesa de maximizar el rendimiento físico y lograr saciedad, pero también genera una presión constante sobre qué y cómo comer.
Aunque el auge de productos hiperproteicos parece benigno comparado con otras tendencias dietéticas, The Atlantic advierte que no existe acuerdo científico definitivo sobre la cantidad exacta de proteína necesaria para cada persona, y una fijación excesiva puede distorsionar la percepción de una alimentación saludable.
Además, la medicalización de la dieta lleva a que alimentos que no cumplen con un alto contenido proteico sean vistos como “inferiores”, pese a la evidencia académica que respalda los beneficios de la variedad nutricional y la inclusión de todos los grupos alimenticios.

El fenómeno ha ido más allá de los alimentos destinados a deportistas. Hoy es posible encontrar chips, bebidas, helados e incluso versiones proteicas de cereales y limonadas. Grandes cadenas y marcas han lanzado opciones de comidas rápidas y snacks que priorizan el aporte proteico, desplazando otros macronutrientes.
Incluso empresas de bebidas sin alcohol han sido consultadas por potenciales versiones con adición de proteína en respuesta a los cambios impuestos por nuevos modelos de consumo.
La lógica detrás de esta tendencia radica en que la proteína se asocia tanto con el desarrollo muscular como con estrategias para perder peso, ya que genera una mayor sensación de saciedad. Además, ciertos protocolos médicos como el uso de fármacos para el control de la glucemia —los llamados GLP-1— recomiendan mantener un consumo adecuado de proteína para evitar la pérdida muscular asociada a dietas hipocalóricas.
Ante este escenario, la recomendación de comer “más proteína” ha resultado sencilla de comunicar frente a la complejidad de las normas nutricionales tradicionales.

El fenómeno de la “proteína en todo”
El auge de la llamada “proteína-manía” no solo responde a preferencias individuales. El marketing y el desarrollo de productos masivos han generado que aparezca en contextos inesperados: desde barras energéticas que igualan el número de claras de huevo por porción, hasta chips y tortillas diseñados para competir en el mercado de los snacks saludables.
Esta omnipresencia provoca una reevaluación de los alimentos cotidianos: comidas tradicionales con bajo contenido proteico pueden interpretarse ahora como opciones menos válidas, incluso cuando cumplen con las pautas de una dieta equilibrada. Según The Atlantic, la abundancia de referencias proteicas desplaza la atención del consumo variado hacia la optimización de un solo nutriente.
El riesgo de reducir la nutrición a solo un número
Expertos citados en The Atlantic señalan que esta fijación recuerda con fuerza a anteriores olas dietéticas, como la restricción de grasas seguida por el recelo hacia los carbohidratos. El patrón común ha sido transformar la nutrición en una cuestión cuantificable: primero calorías, después gramos de grasa o hidratos de carbono, y ahora proteína.
Si bien consumir niveles adecuados de proteína resulta beneficioso para muchos perfiles, la sobreinterpretación puede llevar a percepciones erróneas sobre alimentos que no destacan en este macronutriente. En ningún momento la literatura científica ha propuesto que un solo componente, aislado de los demás, resuelva todos los desafíos asociados a la alimentación moderna.
¿Existe el exceso en la proteína?

El artículo de The Atlantic matiza que, a diferencia de otros excesos nutricionales, excederse moderadamente en el consumo de proteína pocas veces desencadena efectos adversos inmediatos graves en adultos sanos.
Sin embargo, enfatiza que la “absolución” que hoy se asocia con la proteína puede desplazar la importancia de mantener una dieta variada, compuesta por múltiples nutrientes.
Los datos y posturas científicas recopiladas sugieren que la tendencia actual de convertir la proteína en el eje de todas las decisiones alimentarias no reemplaza la necesidad de equilibrio nutricional. Las recomendaciones oficiales mantienen que la variedad y la proporción de los grupos alimenticios siguen siendo clave, más allá de los gramos de un solo macronutriente.