La diabetes tipo 5 afecta principalmente a jóvenes de comunidades vulnerables en Asia, África y América Latina, donde la desnutrición infantil persiste como problema (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esta enfermedad afecta principalmente a comunidades de bajos ingresos en Asia, África y América Latina, donde la desnutrición infantil persiste como un desafío estructural. En estos entornos, la inseguridad alimentaria y la falta de acceso a servicios de salud especializados dificultan tanto la prevención como el diagnóstico oportuno de la diabetes tipo 5.

En América Latina, la situación se agrava por la ausencia de protocolos de detección adaptados a contextos de malnutrición y por el subregistro de casos, lo que hace que muchos adolescentes y jóvenes permanezcan sin diagnóstico o reciban tratamientos inadecuados.

Según la Federación Internacional de Diabetes (FID) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), a esto se suma la limitada disponibilidad de recursos para el manejo clínico y el escaso acceso a insumos como insulina y medicamentos específicos, que requieren condiciones de almacenamiento y conservación difíciles de garantizar en zonas vulnerables. La carencia de formación específica entre los profesionales de la salud acerca de esta variante también contribuye al subdiagnóstico y a la falta de seguimiento adecuado.

Todo este escenario incrementa la carga de morbilidad y perpetúa las desigualdades en salud, ya que la diabetes tipo 5 no solo limita las posibilidades de desarrollo en la infancia y adolescencia, sino que también eleva el riesgo de complicaciones graves y reduce la esperanza de vida en las poblaciones más desfavorecidas.

Las características clínicas de la diabetes tipo 5 incluyen delgadez marcada desde la infancia y ausencia de obesidad, además de una notable deficiencia en la producción de insulina (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un trabajo publicado en 2025 en la revista Journal of Diabetes and Metabolic Disorders confirma que la diabetes tipo 5 afecta sobre todo a comunidades con altos niveles de desnutrición infantil y acceso limitado a servicios de salud. El estudio advierte sobre el subdiagnóstico y la falta de tratamientos adecuados, lo que agrava las desigualdades en salud y eleva el riesgo de complicaciones graves entre los paciente

Nuevas investigaciones publicadas entre fines de 2025 y 2026 estiman que la diabetes tipo 5 afecta a entre 20 y 25 millones de personas en el mundo, principalmente varones jóvenes con bajo índice de masa corporal en países de ingresos bajos y medios. Los estudios confirman que esta variante se caracteriza por una marcada deficiencia en la secreción de insulina, ausencia de marcadores autoinmunes y resistencia a la cetoacidosis, incluso cuando hay hiperglucemia.

La evidencia más reciente refuerza el vínculo con la malnutrición crónica infantil, que provoca alteraciones permanentes en el desarrollo pancreático y metabólico. Investigadores internacionales proponen criterios diagnósticos simplificados para su identificación en contextos con recursos limitados y recomiendan priorizar el uso de sulfonilureas y metformina como tratamiento inicial, reservando la insulina para casos específicos. Además, expertos subrayan la importancia de crear registros globales de casos y desarrollar algoritmos diagnósticos accesibles para mejorar la detección y el abordaje de esta forma de diabetes en entornos vulnerables.

Características clínicas y epidemiológicas

Los pacientes presentan delgadez marcada y antecedentes de malnutrición desde la infancia, situación observada principalmente en países de bajos ingresos. No existe asociación con obesidad ni sobrepeso, y la diabetes tipo 5 puede pasar inadvertida en sistemas de salud con escasos recursos y limitada capacitación sobre esta variante.

Las cifras de la FID indican que la incidencia es mayor en África y Asia, pero también preocupa el avance en América Latina, donde persisten condiciones nutricionales deficitarias. Los síntomas característicos incluyen glucosa elevada en sangre y una significativa deficiencia en la producción de insulina.

La orientación genética de la enfermedad sigue bajo estudio y, aunque algunas fuentes aluden a una posible herencia, aún no existe consenso académico sobre la relevancia de este factor.

La diabetes tipo 5 suele diagnosticarse erróneamente como tipo 1, lo que puede llevar a tratamientos peligrosos con dosis elevadas de insulina en pacientes con bajo peso (Imagen Ilustrativa Infobae)

El diagnóstico de la diabetes tipo 5 representa un desafío considerable. Muchos pacientes, por su bajo peso y la edad de aparición, pueden ser erróneamente catalogados como casos de tipo 1, señala Infobae. Sin embargo, administrar dosis elevadas de insulina en estos pacientes puede resultar peligroso.

La realización de análisis inmunogenéticos resulta clave para descartar otras formas de diabetes, como explican especialistas. Una pista clínica relevante es la ausencia de cetoacidosis pese a la hiperglucemia, diferencia sustancial respecto a la diabetes tipo 1.

El diagnóstico se complica por la falta de protocolos estandarizados y la limitada experiencia de los profesionales de la salud, especialmente en países con recursos insuficientes.

Tratamiento, retos terapéuticos y brechas en el acceso

En regiones desarrolladas, el tratamiento recomendado combina apoyo nutricional, antidiabéticos orales e insulina en dosis bajas, siguiendo criterios individualizados, según el portal The Conversation. No existe un protocolo global único; la atención se centra en mejorar la nutrición y suplementar micronutrientes.

Las dificultades para obtener y conservar insulina y otros medicamentos, que requieren refrigeración, agravan el manejo de la enfermedad en países pobres. Frechtel sostiene que el tratamiento debe adaptarse a los niveles de glucosa y que lo más apropiado es iniciar con insulina debido a la delgadez de los pacientes.

El tratamiento recomendado para la diabetes tipo 5 enfatiza la mejora nutricional, el aumento de proteínas y la reducción de carbohidratos, adaptando la terapia médica a cada paciente (Imagen ilustrativa IA Infobae México )

The Conversation destaca que el acceso a alimentos frescos y saludables mediante políticas públicas, junto con ayudas sociales directas, resulta esencial para controlar la enfermedad en contextos vulnerables.

A pesar del reconocimiento oficial de la diabetes tipo 5 y de los esfuerzos internacionales por definir criterios diagnósticos y estrategias terapéuticas, la mayoría de los pacientes sigue enfrentando barreras significativas para acceder a un tratamiento adecuado.

La persistencia de desigualdades estructurales, la falta de recursos y la escasa capacitación de los equipos de salud dificultan una atención integral, lo que impacta negativamente en la supervivencia y calidad de vida de las personas afectadas.