
Un grupo de investigadores de la Universidad de California en Davis y del Instituto Arc en Palo Alto, Estados Unidos, identificó un conjunto de moléculas en la sangre capaces de funcionar como “códigos de barras” para el cáncer.
El hallazgo, que fue publicado en la revista Cells Reports Medicine, permite distinguir tipos y subtipos de tumores con una muestra sanguínea. Abrió un camino hacia diagnósticos y seguimientos menos invasivos.
Las moléculas clave son llamadas ARNs no codificantes huérfanos, que están presentes solo en células tumorales y ausentes en las sanas.

Los ARNs no codificantes huérfanos no producen proteínas y surgen en regiones del genoma que antes no se asociaban al cáncer.
Estas moléculas muestran patrones únicos en cada tipo de tumor, lo que las convierte en marcadores precisos de la enfermedad y facilita el monitoreo clínico.
El trabajo fue liderado por Jeffrey Wang, Jung Min Suh, Brian Woo, Albertas Navickas y Laura J. van ‘t Veer.
Detecciones del cáncer en la sangre

El cáncer incluye a enfermedades diversas y difíciles de detectar en etapas tempranas. Los investigadores querían saber si existían señales exclusivas de las células malignas, invisibles en tejidos normales.
El objetivo fue localizar, clasificar y validar los ARNs no codificantes huérfanos como biomarcadores, es decir, señales biológicas que permitan identificar los tumores y sus variantes.
Intentaron comprobar si los ARNs no codificantes huérfanos podían diferenciar todos los tipos y subtipos de cáncer. También analizaron si estos patrones moleculares revelaban el órgano de origen del tumor.
Un desafío central era determinar si los ARNs no codificantes huérfanos circulan en la sangre y reflejan la evolución de la enfermedad y la respuesta a los tratamientos.
Mapas invisibles para la medicina de precisión

Los investigadores reunieron miles de muestras de tumores y tejidos sanos. Aplicaron técnicas de secuenciación genética para identificar y medir la cantidad de ARNs no codificantes huérfanos en cada caso.
El análisis cubrió más de treinta tipos de cáncer y permitió catalogar más de 260.000 ARNs no codificantes huérfanos relacionados con tumores.
Cada tipo de cáncer mostró un patrón propio de ARNs no codificantes huérfanos. Esto permitió clasificar el origen del tumor con alta precisión. Los ARNs no codificantes huérfanos también ayudaron a distinguir subtipos dentro de un mismo cáncer y se mejoró el diagnóstico.
El estudio no se limitó a tejidos. Los investigadores detectaron ARNs no codificantes huérfanos en la sangre de personas con cáncer. Se demostró que estas moléculas circulan libremente en el plasma.
Un análisis en pacientes con cáncer de mama reveló que el nivel de ARNs no codificantes huérfanos en sangre se relaciona con el pronóstico tras la quimioterapia.

En modelos animales, los científicos comprobaron que algunos ARNs no codificantes huérfanos pueden acelerar el crecimiento tumoral y favorecer la metástasis.
El análisis funcional confirmó que estas moléculas regulan genes y rutas celulares críticas en la progresión del cáncer.
El equipo empleó inteligencia artificial para analizar los datos y entrenar modelos capaces de predecir el origen del cáncer únicamente con el perfil de ARNs no codificantes huérfanos.
Estos modelos lograron una alta capacidad de clasificación en pruebas independientes, lo que confirma su utilidad clínica.
Horizontes y preguntas abiertas

A pesar de los buenos resultados, los investigadores reconocieron que falta comprender el funcionamiento exacto de muchos ARNs no codificantes huérfanos y su interacción con otras moléculas. Se necesita validar estos hallazgos en grupos de pacientes más amplios y en más tipos de tumores.
Los investigadores proponen ampliar los ensayos en modelos animales y clínicos para confirmar el potencial diagnóstico y terapéutico de los ARNs no codificantes huérfanos.

Entre las conclusiones, el equipo destaca que los ARNs no codificantes huérfanos abren una vía para el diagnóstico temprano, el monitoreo y la personalización del tratamiento oncológico.
El análisis de estas moléculas en sangre podría convertirse en una herramienta habitual en oncología y acercaría la medicina de precisión a la vida cotidiana.