El cuerpo humano renueva por completo su sistema óseo cada siete años, lo que resalta la importancia de hábitos saludables para mantener la fortaleza de los huesos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El sistema óseo es una de las estructuras más esenciales del organismo, ya que brinda soporte, protección y movilidad indispensables para la vida cotidiana. La Cleveland Clinic, junto con la cirujana ortopédica Kim Stearns, recopiló información clave sobre el funcionamiento de los huesos humanos y ofrece recomendaciones para mantenerlos fuertes y saludables a lo largo de la vida.

Curiosidades y funciones del sistema óseo

Uno de los datos más sorprendentes es la variación en el número de huesos desde el nacimiento hasta la adultez. Los recién nacidos cuentan con cerca de 300 huesos, pero a medida que crecen, muchos se fusionan para formar los 206 huesos que constituyen el esqueleto adulto.

El cráneo es ejemplo de este proceso: sus zonas blandas se convierten en una estructura sólida única. Además, la rótula al nacer está compuesta por cartílago y termina de desarrollarse hacia los diez o doce años.

Más de la mitad de los huesos del cuerpo se ubican en las manos y los pies. Cada mano tiene 27 huesos y cada pie, 26, sumando un total de 106 huesos en estas extremidades, lo que permite movimientos precisos como manipular objetos, caminar o saltar.

Desde el nacimiento, los huesos varían en número y estructura, pasando de cerca de 300 en los recién nacidos a 206 en la adultez debido a procesos de fusión (Imagen Ilustrativa Infobae)

El fémur, en la pierna, es el hueso más largo y robusto, encargado de soportar el peso corporal. Por otro lado, los huesos más pequeños, llamados estribos, se localizan en el oído medio y son cruciales para la audición.

El hueso hioides, situado debajo de la mandíbula, destaca porque no se conecta directamente con otros huesos; es indispensable para hablar y tragar. Aunque los dientes no contienen colágeno, su esmalte es la sustancia más dura del organismo y están considerados parte del esqueleto.

Regeneración y vitalidad ósea

Los huesos son tejidos vivos y dinámicos. Contienen colágeno, la proteína más abundante del cuerpo, que representa cerca del 30% del total proteico. Este tejido se renueva de manera continua a través de un proceso llamado remodelación ósea, en el que células especializadas eliminan hueso viejo y forman hueso nuevo a lo largo de toda la vida.

Según explica la Cleveland Clinic, este recambio suele resumirse de forma divulgativa como una “renovación del esqueleto cada siete años”. Sin embargo, de acuerdo con la literatura médica recopilada por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (NCBI), este proceso no ocurre de forma simultánea ni uniforme, y gran parte del esqueleto adulto se reemplaza de manera progresiva en un período más cercano a una década.

El hueso hioides bajo la mandíbula se caracteriza por no conectarse con otros huesos y es fundamental para el habla y la deglución (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, los huesos poseen una notable capacidad de reparación. Tras una fractura, los vasos sanguíneos proliferan en la zona afectada y, en unas tres semanas, el colágeno endurece y estabiliza la lesión, permitiendo la recuperación y, a veces, generando una mayor fortaleza que antes del daño.

El sistema óseo también protege órganos vitales como el cerebro, el corazón y los pulmones. La médula ósea, alojada en la parte esponjosa de numerosos huesos, produce células sanguíneas: los glóbulos blancos defienden frente a infecciones y los glóbulos rojos transportan oxígeno a los tejidos.

Las articulaciones, que conectan dos o más huesos, posibilitan la movilidad y flexibilidad, mientras que los músculos, ligamentos y cartílagos proporcionan soporte y amortiguación. El desgaste del cartílago puede favorecer el desarrollo de enfermedades como la artritis, resaltando la importancia de cuidar todas estas estructuras.

Existen diferencias anatómicas entre hombres y mujeres. Las mujeres suelen tener huesos de menor tamaño y enfrentan mayor riesgo de baja densidad y pérdida de masa ósea, lo que puede afectar la salud a largo plazo. La pelvis femenina, por lo general más ancha, se adapta a las necesidades del embarazo, modificándose durante la gestación para facilitar el crecimiento y nacimiento del feto.

Consejos para cuidar la salud ósea

El ejercicio regular y una dieta rica en calcio y vitaminas fortalecen los huesos, ayudando a prevenir enfermedades como la artritis y a preservar la salud ósea (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Cleveland Clinic y la doctora Stearns aconsejan adoptar medidas preventivas desde edades tempranas. Mantener una alimentación rica en calcio, vitaminas A, K y D es fundamental para el desarrollo y la fortaleza de los huesos, tanto en la infancia como en la adultez.

El ejercicio físico regular —especialmente actividades de resistencia y fuerza— es una herramienta eficaz para estimular la densidad ósea y prevenir el deterioro asociado al envejecimiento.

Comprender la capacidad de regeneración y el funcionamiento del esqueleto evidencia la importancia de una vida activa y una alimentación equilibrada. Estos hábitos son fundamentales para que los huesos sigan proporcionando soporte, movilidad y protección en cada etapa de la vida.