
Cuba sufrió el lunes su tercer apagón nacional desde el inicio del año, después de que el sistema eléctrico nacional quedara completamente desconectado al mediodía y dejara sin suministro a los 9,6 millones de habitantes de la isla. El régimen atribuyó la crisis al bloqueo estadounidense sobre el suministro de combustible, mientras las autoridades advirtieron que la falta de petróleo dificulta el restablecimiento del servicio.
La empresa estatal Unión Eléctrica (UNE) informó una “desconexión total” del sistema eléctrico nacional, aunque no precisó la causa del colapso. Se trata del octavo apagón de alcance nacional desde finales de 2024, en medio de un deterioro cada vez mayor de la infraestructura energética del país.
El director de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, Lázaro Guerra, explicó en la televisión estatal que la escasez de combustible afecta las tareas de recuperación. “La falta de combustible sin duda complica el proceso de restauración“, afirmó, aunque evitó fijar un plazo para el restablecimiento del servicio.
El dictador Miguel Díaz-Canel responsabilizó directamente a la política de sanciones de Estados Unidos por la nueva interrupción del suministro eléctrico. “Mientras Estados Unidos intenta provocar un estallido social mediante el estrangulamiento que supone bloquear el acceso de Cuba al combustible, la UNE moviliza todos sus recursos para revertir el colapso del Sistema Eléctrico Nacional“, expresó el mandatario.
El nuevo apagón ocurrió en un contexto de extensos cortes programados de electricidad que ya afectaban a todo el país. En algunos sectores de La Habana, los vecinos soportaban interrupciones superiores a las 30 horas consecutivas, mientras que en zonas rurales los cortes superaban las 70 horas. Las autoridades aplicaron esas restricciones para ahorrar el escaso combustible disponible para las centrales eléctricas.

La crisis energética se agravó después de que el presidente estadounidense Donald Trump endureciera en enero las restricciones sobre el suministro de petróleo hacia Cuba. Según las autoridades de la dictadura cubana, esa medida redujo aún más el combustible disponible para alimentar las plantas generadoras.
Desde entonces, Washington solo autorizó el ingreso de un buque petrolero procedente de Rusia, como parte de la estrategia de presión destinada a poner fin a más de seis décadas de gobierno comunista en la isla.
La población volvió a expresar su frustración por la falta de electricidad y las dificultades que provoca en la vida cotidiana. «Vivir así es una agonía“, afirmó Meyboll Font, trabajadora independiente de 51 años.
La mujer explicó que su barrio de La Habana recibía apenas “tres o cuatro horas de electricidad al día”, aunque señaló que el apagón nacional incrementó la incertidumbre porque «nunca sabes cuándo volverá la electricidad“.
En otro sector de la capital, un joven programador de software que trabaja para una empresa emergente vinculada al turismo describió las consecuencias del corte. «No tenemos WiFi, no tenemos electricidad, no podemos trabajar“, aseguró.

Los apagones forman parte de la vida cotidiana en Cuba desde hace varios años debido al deterioro del sistema de generación eléctrica, compuesto principalmente por antiguas centrales construidas con tecnología soviética. Las autoridades de la dictadura sostienen que la escasez de combustible limita además el funcionamiento de los generadores que respaldan la red nacional.
La crisis energética se suma a una situación económica cada vez más delicada. La escasez de alimentos, agua potable y medicamentos se profundizó en los últimos meses y obligó incluso a postergar algunas cirugías. Esa situación llevó a Naciones Unidas a advertir sobre una emergencia humanitaria en la isla. El transporte también sufrió fuertes restricciones por la falta de combustible.
El mes pasado, el régimen cubano presentó un amplio paquete de reformas de mercado que, de aplicarse, reduciría de forma significativa el control estatal sobre la economía.
Sin embargo, el Departamento de Estado de Estados Unidos calificó esas iniciativas como «señales superficiales de humo» y sostuvo que la administración de Trump espera «reformas económicas y políticas mucho más sustanciales que conviertan a Cuba en un país apto para la inversión» y otorguen libertad política a los cubanos.
Ambos gobiernos mantuvieron varias rondas de conversaciones para intentar reducir las tensiones, aunque el canciller cubano, Bruno Rodríguez, aseguró la semana pasada que «no hubo avances» para superar el conflicto.
(Con información de AFP)













