El gimnasio es un espacio clave para el bienestar físico y mental, con rutinas organizadas que fortalecen y mejoran la salud general (Imagen ilustrativa Infobae)

Acudir al gimnasio se ha consolidado como una de las formas más populares de cuidar la salud física y mental en la vida moderna. Mantenerse activo mediante rutinas organizadas no solo contribuye a fortalecer los músculos y mejorar la resistencia, sino que también favorece el bienestar general y la longevidad.

Las posibilidades dentro del establecimiento son amplias: desde el entrenamiento con pesas y máquinas especializadas hasta clases grupales, ejercicios cardiovasculares y actividades de bajo impacto como la natación o la calistenia. Esta diversidad permite que cada persona adapte su rutina a sus preferencias, necesidades y objetivos particulares.

Las opciones de entrenamiento en el gimnasio incluyen pesas, máquinas, clases grupales y actividades cardiovasculares como natación y calistenia (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pese a los múltiples beneficios, el entrenamiento excesivo puede generar efectos contrarios, como fatiga prolongada o lesiones. Expertos en ciencias del ejercicio han analizado a fondo cuál es la cantidad de tiempo adecuada para entrenar, estableciendo parámetros que permiten obtener ventajas significativas para la salud sin caer en el riesgo del sobreentrenamiento.

Cuál es el límite de entrenamiento diario

Diversas investigaciones y guías coinciden en que la duración óptima de las sesiones en el gimnasio depende de los objetivos y la experiencia de cada persona, pero existen parámetros generales que pueden servir de referencia. Para quienes inician una rutina, dedicar entre 45 y 90 minutos por sesión resulta un punto de partida efectivo y sostenible.

El diseño incluye varias fases esenciales: un calentamiento previo de al menos cinco a diez minutos, el bloque principal de ejercicios y un periodo de enfriamiento y estiramiento que ayuda a facilitar la recuperación. Algunas instituciones, como la Universidad de Warwick en Nueva Zelanda, sugieren sumar actividades complementarias, como el uso de sauna, para potenciar la circulación y el bienestar general.

Las rutinas iniciales en el gimnasio deben tener entre 45 y 90 minutos por sesión, adaptándose a objetivos y experiencias individuales (Imagen Ilustrativa Infobae)

En cuanto a la frecuencia semanal, expertos citados por Healthline y la evidencia recopilada por NPR de profesionales como David Behm y Brad Schoenfeld señalan que realizar entre una y tres sesiones de fuerza por semana es suficiente para observar progresos tanto en principiantes como en personas con experiencia intermedia. El entrenamiento puede estructurarse en uno o dos encuentros breves de 30 a 45 minutos cada uno, o en varias sesiones más cortas distribuidas a lo largo de la semana.

Las recomendaciones también enfatizan la importancia de adaptar la rutina al tiempo disponible, sin perder de vista la calidad del trabajo realizado. Técnicas como el entrenamiento de alta intensidad en intervalos (HIIT) permiten reducir el tiempo total sin sacrificar los resultados, siempre que se mantenga la intensidad adecuada y se respeten los tiempos de descanso entre series.

En el caso del ejercicio cardiovascular, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades sugiere acumular al menos 150 minutos semanales de actividad moderada o 75 minutos de actividad intensa, ya sea mediante sesiones de 30 minutos cinco veces por semana o alternativas equivalentes.

Incluir fases de calentamiento, bloque principal de ejercicios y estiramiento es esencial para la recuperación y la prevención de lesiones (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las recomendaciones de los especialistas

Por otro lado, los especialistas subrayan que la clave para obtener beneficios no reside solo en la duración o la cantidad de sesiones, sino en el esfuerzo y la intensidad con los que se ejecutan los ejercicios. El científico de ejercicio James Steele, al ser consultado por NPR, reveló que el esfuerzo es el factor determinante más importante, destacando que el entrenamiento debe implicar una sensación real de desafío al intentar mover el peso.

La intensidad óptima se vincula con la proximidad al fallo muscular: el punto en que los músculos no pueden continuar el movimiento y requieren descanso. Steele aclara que no resulta imprescindible llegar a esa situación absoluta en cada serie, pero sí es fundamental acercarse a ese límite con unas pocas repeticiones restantes. Así lo graficó: “Debería parecer que cuesta mucho intentar mover ese peso”.

El descanso entre sesiones cumple un rol esencial para evitar la fatiga excesiva y el riesgo de lesiones. Healthline advierte que repetir la misma rutina sin pausas adecuadas puede perjudicar el rendimiento y la recuperación. Por ello, se recomienda dejar uno o dos días libres entre sesiones de fuerza, permitiendo que los músculos se reparen y crezcan de manera efectiva.

El entrenamiento debe adaptarse a la edad, estado físico y señales del cuerpo, ajustando intensidad y frecuencia para evitar el sobreentrenamiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

En cuanto a los tiempos de relajación entre series, las recomendaciones varían según el objetivo: entre dos y cinco minutos para maximizar la fuerza, de 60 a 90 segundos para aumentar la masa muscular y de 20 a 120 segundos si la meta es mejorar la resistencia. Ajustar estos intervalos contribuye a optimizar los resultados en función de las metas personales.

El enfoque óptimo para entrenar en el gimnasio varía según las metas personales, la edad y el estado físico de cada individuo. Healthline destaca que la duración, la frecuencia y el tipo de ejercicios deben ajustarse no solo a los objetivos, sino también a las condiciones particulares y la experiencia previa. Los análisis citados recomiendan sesiones de hasta 60 minutos para personas jóvenes y rutinas de 45 a 60 minutos para quienes presentan necesidades especiales.

Avanzar gradualmente y prestar atención a las señales del cuerpo es fundamental. Los expertos aconsejan modificar la rutina y reducir la intensidad o frecuencia ante molestias persistentes o disminución del rendimiento, evitando así el sobreentrenamiento y favoreciendo la constancia a largo plazo.