
Asustarse ante un síntoma corporal y pensar lo peor; buscar constantemente información en internet sobre salud; desconfiar del resultado de chequeos que dieron bien. Tener estas conductas de modo recurrente puede manifestar un trastorno de ansiedad por enfermedad.
“Es una preocupación de que los síntomas físicos son signos de una enfermedad grave, incluso cuando no exista ninguna evidencia médica para respaldar la presencia de un padecimiento de salud”, indican en MedlinePlus, el sitio de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.
Se trata de una afección relativamente común, que sufre entre el 4% y el 5% de la población. Sin embargo, los expertos creen que podría estar infradiagnosticada y que el porcentaje podría ser cercano al 12%, o incluso el doble, según Harvard Health.
A diferencia de otros trastornos de ansiedad, más frecuentes en mujeres, la ansiedad por la salud parece afectar por igual a hombres y mujeres. También está en aumento. Se incrementó de forma exponencial en los últimos 30 años, particularmente entre los estudiantes universitarios, según un estudio de 2020 publicado en The Journal of Anxiety Disorders. Se cree que el aumento se puede deber a la pandemia de COVID-19 y el uso de internet sin verificar las fuentes consultadas.
El doctor Sergio Azzara (MN 25.806), psicólogo, director de proyecto de investigación en el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, explicó a Infobae que el trastorno en el cual la persona presenta una preocupación persistente e intensa por tener o desarrollar una enfermedad grave, incluso en ausencia de evidencia médica significativa. “El punto central no es el síntoma físico en sí, sino la interpretación catastrófica de sensaciones corporales normales o leves, por ejemplo, pensar que una molestia muscular pueda ser un cáncer”, describió.

¿Cuál es su diferencia con la hipocondría?
El especialista señaló que en términos actuales, “hipocondría” ya no es un diagnóstico formal. “Lo que antes se llamaba hipocondría hoy se divide principalmente en trastorno de ansiedad por enfermedad (preocupación sin síntomas relevantes) y trastorno de síntomas somáticos (síntomas físicos reales con preocupación excesiva). Conceptualmente, la hipocondría significaba una creencia firme de estar enfermo y la ansiedad por la salud (visión actual) es una preocupación intensa por la posibilidad de estar o enfermarse, con dudas, chequeo constante y búsqueda de seguridad”, señaló el médico.
Lo curioso es que la ansiedad por la salud puede provocar tanto concurrir con frecuencia al médico como también evitar ir por completo.
El doctor Azzara indicó que la ansiedad por la salud suele expresarse a través de dos patrones opuestos: “Búsqueda excesiva de atención médica, mediante consultas reiteradas, estudios innecesarios y una necesidad constante de tranquilización, y evitación del sistema de salud, hospitales, análisis o médicos y tener miedo a recibir un diagnóstico grave. Ambos comportamientos forman parte del mismo problema: la intolerancia a la incertidumbre y la necesidad de controlar el miedo”, detalló el experto.
Según Harvard Health, las personas con ansiedad por la salud suelen malinterpretar síntomas físicos normales o benignos y atribuirlos a algo más grave. “Por ejemplo, si se comprimen un brazo mientras duermen, en lugar de darse la vuelta y sacudirse el entumecimiento, podrían preocuparse por estar sufriendo un derrame cerebral. Los síntomas producidos por la ansiedad —que pueden incluir dolor muscular, dolor de pecho, cambios en el ritmo cardíaco, dolores de cabeza y mareos, entre otros— pueden intensificar la ansiedad preexistente sobre la propia salud”, detalló la entidad.
El cuerpo como escenario de la angustia

Por su parte, el doctor Diego López de Gomara, psiquiatra de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), explicó a Infobae que la ansiedad por la salud es una forma de angustia en la que el peligro se localiza en el cuerpo.
“La persona vive con la sensación de que algo grave puede estar ocurriendo en su organismo, aun cuando los estudios médicos no lo confirman. No se trata solo de miedo a enfermarse, sino de una inquietud que no se deja tranquilizar por la evidencia. Hay una desconfianza respecto de la realidad: el diagnóstico dice que no hay nada, pero el sujeto sigue sintiendo que algo anda mal”, describió el experto.
Y continuó: “Desde el psicoanálisis entendemos que el cuerpo no es solo un conjunto de órganos, sino también el lugar donde se manifiestan conflictos que no encuentran otra forma de expresión. Es un lugar de inscripción de otras cosas no biológicas. Cuando algo no puede decirse, puede aparecer como sensación corporal, como temor a una enfermedad o como una vigilancia excesiva sobre el estado físico. El cuerpo se vuelve el escenario de la angustia”, manifestó el psiquiatra.
Cuáles son sus síntomas

“Entre los signos más frecuentes de la ansiedad por la salud se observa una dificultad para dar por cerrada la cuestión”, observó López de Gomara. “La persona consulta, se hace estudios, recibe explicaciones tranquilizadoras, pero la duda reaparece y reaparece. Cualquier sensación corporal es interpretada como indicio de algo grave. Se instala una vigilancia permanente sobre el cuerpo y se vive en una catástrofe que nunca termina de confirmarse. Las consultas reiteradas y la necesidad de nuevas pruebas no logran calmar, porque lo que está en juego no es solo algo médico, sino una dificultad para tolerar la incertidumbre de la vida”.
Ante esta ansiedad constante por la salud, las consecuencias suelen ser complicadas, explicó el doctor.
“La vida se organiza alrededor de esa preocupación y el cuerpo deja de ser nuestro soporte y se convierte en un objeto de sospecha constante. Esto afecta el trabajo, los vínculos y la vida cotidiana. La antigua medicina llamaba a esta afección hipocondría. El cambio de nombre tiene que ver con que esa palabra quedó asociada a algo que se inventa; y lo cierto es que hay un desequilibrio, nada se inventa, pero no es precisamente corporal”, afirmó el experto.

Según Harvard Health, las señales reveladoras de la ansiedad por la salud son las siguientes:
- No tiene síntomas, pero aún así la persona teme estar enferma.
- Cuando un médico asegura que no se tiene ninguna enfermedad o una prueba demuestra que la persona está sana, eso no alivia su nerviosismo.
- Constantemente la persona se encuentra buscando información sobre salud en internet.
- Si lee una noticia sobre una enfermedad, se empieza a preocupar por tenerla.
- Las preocupaciones sobre su salud están interfiriendo con su vida, su familia, su trabajo o sus aficiones y actividades.
Cuáles son las causas

No hay una causa única, afirman los expertos. Según el doctor Azzara, el modelo más aceptado es biopsicosocial.
“La persona presenta factores psicológicos como pensamiento catastrófico (“esto seguro es algo grave”), hipervigilancia corporal y baja tolerancia a la incertidumbre; factores biológicos, como vulnerabilidad a la ansiedad y posibles desequilibrios neuroquímicos; factores experienciales, como haber sufrido una enfermedad propia o de un familiar y tener una historia de ansiedad en la familia; y factores contextuales actuales como el exceso de información médica (internet, “cibercondría”) y los contextos de alta amenaza sanitaria (por ejemplo, pandemia). En términos clínicos, es un problema de interpretación del cuerpo y regulación de la ansiedad”, señaló Azzara.
Por su parte, el doctor López de Gomara expresó que en la clínica se observa que este tipo de ansiedad suele aparecer en momentos en los que la persona atraviesa pérdidas, cambios importantes o situaciones que la confrontan con su fragilidad.
“Son situaciones en las que algo de la seguridad habitual tambalea y la angustia busca un modo de expresarse. En muchos casos, la preocupación por el cuerpo funciona como una manera de darle una forma concreta a una angustia que, en realidad, no tiene una causa clara. El temor a una enfermedad permite localizar el malestar en algo preciso, cuando en el fondo lo que está en juego es más difícil de nombrar: el miedo a perder, a envejecer, a no poder sostener ciertas exigencias y a confrontarse con la propia finitud”, indicó el psiquiatra.

También influyen factores culturales, destacó. “Vivimos en una época en la que el cuerpo está sometido a una observación permanente, con abundancia de información médica. Esto tiene aspectos positivos, pero también favorece que cualquier sensación sea interpretada como signo de algo grave. A esto se suma que, en una sociedad donde resulta difícil construir una identidad estable y que perdure, la enfermedad puede convertirse en una forma de nombrarse, en algo que da consistencia cuando otras referencias faltan”, señaló el especialista.
Por último, dijo el doctor, en algunas personas hay antecedentes de experiencias tempranas ligadas a la muerte o la preocupación excesiva por la salud dentro de la familia. “Esas vivencias pueden dejar una marca duradera en la manera de vivir el propio cuerpo. En esos casos, la enfermedad no aparece solo como algo que le ocurre a uno, sino como algo que viene del otro, como si el cuerpo quedara tomado por una historia que no empezó del todo en uno mismo”, completó.
Cómo es el tratamiento de la ansiedad por la salud

El abordaje es principalmente psicológico y, en algunos casos, puede complementarse con medicación, señalaron los expertos.
De acuerdo a López de Gomara, lo primero es descartar que exista una enfermedad orgánica. “Las sensaciones son siempre reales. Cuando los estudios son normales y la preocupación persiste, el abordaje psicológico resulta fundamental. Desde el psicoanálisis no se trata de convencer al paciente de que ‘no tiene nada’, porque esa vía suele fracasar. Lo importante es poder escuchar qué se juega para esa persona en ese temor, qué lugar ocupa el cuerpo en su historia y qué angustia se está expresando a través de él. El tratamiento apunta a que el sujeto pueda poner en palabras lo que hoy aparece solo como sensación corporal. No dejar que el cuerpo hable en soledad”, explicó el psiquiatra.

Por otro lado, el doctor Azzara consideró que la psicoeducación resulta fundamental: “Implica ayudar a la persona a comprender que el problema no reside en el cuerpo en sí, sino en la interpretación que se hace de los síntomas, y a diferenciar entre una sensación corporal y la presencia de una enfermedad”.
Además, agregó que la terapia cognitivo-conductual (TCC) es el tratamiento con mayor evidencia de efectividad. “Este enfoque trabaja en la reestructuración de pensamientos catastróficos, la reducción de los chequeos corporales constantes y la exposición progresiva a la incertidumbre”.
Otro aspecto clave es la regulación de la ansiedad, a través de técnicas de respiración, ejercicios de relajación y estrategias para el manejo del estrés, añadió el experto. “En paralelo, se busca modificar las conductas de seguridad que sostienen el problema, como el exceso de búsqueda de información médica en internet, las consultas reiteradas o la evitación de situaciones por miedo a los síntomas. Y, en los casos en que es necesario, puede indicarse farmacoterapia, con antidepresivos del tipo ISRS, en cuadros de moderados a severos”, concluyó Azzara.