El consumo frecuente de estos productos se vincula con una mejor función mental (Imagen ilustrativa Infobae)

El consumo frecuente de tres grupos alimentarios concretos podría favorecer la protección de la función cognitiva en adultos mayores con multimorbilidad, según un estudio publicado en la revista Nutrients.

La investigación, que analizó a más de 3.400 personas de 65 años o más con dos o más enfermedades crónicas, aporta nuevas evidencias sobre la relación entre ciertos alimentos y la salud cerebral en una población especialmente vulnerable al deterioro cognitivo.

El envejecimiento global ha incrementado la preocupación por el deterioro cognitivo y la demencia, condiciones que afectan la memoria, la atención y la independencia de millones de personas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2021, 57 millones de personas en todo el mundo vivían con demencia, de las cuales más del 60% se encontraban en países de ingreso mediano y bajo. Cada año, hay casi diez millones de casos nuevos.

La investigación analiza cómo la dieta puede influir en la memoria y la atención de adultos con multimorbilidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

El riesgo se agrava en adultos mayores que presentan multimorbilidad, la coexistencia de dos o más enfermedades crónicas, lo que acelera el declive cognitivo y complica la gestión de la salud física y mental.

El equipo de investigadores de la Southern Medical University y la Universidad de Pekín empleó datos de la Encuesta Longitudinal de Longevidad y Salud de China (CLHLS) correspondientes a 2017 y 2018.

El estudio incluyó a 3.443 adultos mayores con multimorbilidad, quienes contestaron un cuestionario sobre la frecuencia de consumo de 13 grupos de alimentos, entre ellos frutas, verduras, carne, lácteos, hongos y frutos secos. La función cognitiva se evaluó a través del Mini-Mental State Examination (MMSE), ajustando los resultados según el nivel educativo de los participantes.

Para analizar la relación entre dieta y cognición, se empleó análisis de redes, una técnica estadística que permite visualizar cómo se conectan los distintos alimentos y síntomas cognitivos.

El estudio destaca el papel central de los tres grupos de alimentos analizados en la salud cerebral de personas mayores (Freepik)

En este modelo, cada alimento y capacidad cognitiva se representa como un nodo, y las conexiones entre ellos aparecen como bordes de diferente grosor e intensidad. El análisis identificó los alimentos más influyentes y aquellos que funcionan como “puentes” entre la dieta y las funciones cerebrales.

Alimentos clave y capacidades cognitivas

Al analizar la red de relaciones, los resultados publicados en Nutrients muestran que tres alimentos destacan especialmente en su papel dentro del entramado alimenticio: hongos, productos lácteos y frutos secos.

Los investigadores señalaron que hongos y algas ocuparon el lugar central, seguidos por productos lácteos y frutos secos, lo que evidencia su relevancia en el apoyo a la salud cognitiva.

Además, se observó que el consumo de frutas frescas guarda una relación particularmente estrecha con la capacidad de orientación, mientras que las verduras frescas, si bien beneficiosas, influyen menos en la red general.

El estudio también detectó que ciertas capacidades cognitivas, como el lenguaje y la orientación, junto con el consumo de frutos secos, cumplen el rol de síntomas puente.

El análisis de redes visualiza las conexiones entre alimentos y funciones cognitivas clave en personas mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estos elementos pueden conectar distintos grupos de alimentos y funciones cerebrales, y su alteración impacta en el resto de la red cognitiva. Según los investigadores, incorporar más hongos, frutos secos y productos lácteos en la dieta podría influir positivamente en capacidades como la memoria y la atención.

Metodología y limitaciones del estudio

Los investigadores de la Southern Medical University y la Universidad de Pekín aseguraron que emplearon herramientas estadísticas robustas para asegurar la fiabilidad de los resultados. El análisis de estabilidad confirmó que los hallazgos se mantienen cuando se reduce la muestra, reforzando la validez de las conclusiones. Sin embargo, los autores aclaran que, al tratarse de un estudio transversal, no se puede establecer una relación causal directa entre el consumo de estos alimentos y la mejora de la función cognitiva.

Los autores destacan que, si bien se requieren más investigaciones para confirmar estos vínculos y explorar su evolución a largo plazo, los hallazgos sugieren que pequeños cambios alimentarios, como añadir nueces al yogur o incluir hongos en las comidas, pueden ayudar a preservar la función cognitiva.

Las elecciones alimentarias diarias inciden en la salud física y mental, adoptar hábitos dietéticos más saludables emerge como una estrategia accesible para favorecer un envejecimiento cerebral más saludable.