
El último relevamiento sobre basura costera en playas bonaerenses confirmó que la presencia de plásticos continúa dominando de manera abrumadora los residuos marinos, con impactos directos sobre los ecosistemas y la fauna local.
El estudio, impulsado por la Red Costera Bonaerense (RECOBO) que integran medio centenar de instituciones no gubernamentales y gubernamentales de 17 municipios, arrojó que un total de 78,36% de los desechos registrados correspondieron a distintos tipos de plásticos. Este porcentaje representa un nuevo máximo frente a los años previos y evidencia la magnitud de la problemática, pese a los esfuerzos de prevención y concientización.
Según el relevamiento difundido en enero de 2025 los plásticos habían representado el 74,05% del total de residuos.
En el informe de 2026, con datos relevados el año pasado, los autores detallaron que 39.826 residuos fueron contabilizados en 17 puntos del litoral bonaerense, con la colaboración de 457 voluntarios y 50 instituciones. La superficie analizada fue de 172.359 metros cuadrados de playas.

Dentro de la categoría de plásticos, los fragmentos constituyeron el ítem más frecuente, con un 27,32% respecto del total de residuos plásticos registrados. Estos fragmentos provienen de la degradación de objetos de mayor tamaño y, al no biodegradarse, se fragmentan en piezas cada vez más pequeñas, incluyendo microplásticos que pueden incorporarse a la cadena alimentaria.
Datos del informe subrayan la gravedad del cuadro a nivel mundial, al citar estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas: la producción global de plásticos ya supera los 430 millones de toneladas anuales, y constituye entre el 80 y 90% de los residuos marinos del planeta.
En el relevamiento bonaerense, las colillas de cigarrillo se ubicaron en segundo lugar, con el 21,34% de los desechos detectados. Aunque de menor tamaño, estas contienen acetato de celulosa, un plástico no biodegradable, y liberan compuestos tóxicos como nicotina y metales pesados. Este tipo de residuos representa una amenaza grave para la fauna, ya que aves y otros animales marinos pueden ingerirlas accidentalmente, y las sustancias desprendidas afectan tanto la calidad del agua como la salud de las especies costeras.

Entre los residuos adicionales encontrados figuran restos de redes, sogas, líneas de pesca y descartes asociados a la actividad pesquera, particularmente peligrosos para la fauna marina por los riesgos de enredos, lesiones y restricciones para la alimentación y el desplazamiento. Mamíferos marinos, aves y tortugas son víctimas habituales de estos materiales, que a menudo permanecen en el ambiente una vez que dejan de tener uso productivo.
La bióloga Karina Álvarez, responsable de proyectos de conservación en la Fundación Mundo Marino, explicó a Infobae la composición de los residuos plásticos totales recopilados: “De los 39.826 residuos, 31.209 fueron distintos tipos de plásticos. Dentro de los plásticos, los fragmentos representan el 27,32%, las colillas de cigarrillo el 21,43%, los envoltorios plásticos el 8,9%, las bolsas plásticas el 8,17% y el telgopor el 7,6%”. Subrayó que cada una de estas fracciones exige estrategias específicas de educación ambiental y campañas de reducción dirigida.

El relevamiento de RECOBO coincidió, en sus conclusiones, con el balance anual de asistencia a fauna marina de la Fundación Mundo Marino en 2025, que citó la desnutrición y la presión humana —principalmente vinculada a la ingestión o enredo con plásticos— como causas preponderantes de ingreso de animales al centro de rescate.
La contaminación impacta especialmente sobre tortugas marinas y aves. Según el informe, las tortugas suelen confundir plásticos, bolsas y envoltorios con alimento natural, lo que potencia el riesgo de obstrucción intestinal, desnutrición y cuadros clínicos complejos. Además, en aves marinas y costeras se registran casos de debilidad o parálisis ocasionados por intoxicaciones derivadas de la basura, incluidas enfermedades bacterianas como el botulismo aviar, cuyas toxinas proliferan en ambientes alterados y cargados de residuos urbanos.

El Censo Provincial de Basura Costera Marina, iniciado en 2016, funciona como herramienta de seguimiento sistemático. Desde 2025, las organizaciones aliadas utilizan el nombre de RECOBO para sus iniciativas. Las campañas comprenden, además, tareas de articulación con municipios y el fortalecimiento de políticas públicas sobre residuos.
Entre las localidades censadas figuran San Pedro, Punta Lara, Punta Indio, Reserva Natural El Destino, San Clemente del Tuyú, Santa Teresita, Mar de Ajó, Pinamar, Villa Gesell, Mar del Plata, Necochea, Quequén, Bahía Blanca y otras.
Qué indicó el informe anterior sobre basura costera

En la comparación con el relevamiento difundido en enero de 2025 —el 74,05% en dicho año—, con un total de 49.913 residuos identificados en 19 localidades y una superficie barrida de 297.636 metros cuadrados. Los resultados señalaron que, al igual que en 2026, la eliminación de residuos plásticos es un reto persistente y difícil de revertir. En ese censo, los materiales de un solo uso acapararon el 14,17% del total, seguidos por fragmentos plásticos, colillas de cigarrillo y bolsas.
Álvarez indicó que la presencia de plásticos afecta a la fauna costera de modo alarmante. “El 96% de las tortugas verdes marinas vivas que ingresan a nuestro centro de rescate presentan distintos tipos de residuos plásticos en su sistema digestivo”.
Además, especies emblemáticas como el delfín franciscana constituyen indicadores críticos. Según dijo Pablo Denuncio, investigador del CONICET, en una nota anterior para Infobae, “el porcentaje de Franciscanas afectadas por macroplásticos en su sistema digestivo sigue en un 20 a 25%. Si se lo analiza desde la perspectiva de los microplásticos, en un estudio de noviembre de 2024, ese porcentaje alcanzó el 100%”.

El material de apoyo técnico elaborado por Guadalupe M. Álvarez para RECOBO, detalló que los plásticos de un solo uso componen entre 60 y 95% de la contaminación plástica en los océanos, y advirtió que la masa total de plásticos producidos en la historia duplica actualmente la biomasa de todos los animales terrestres y marinos.
Los informes internacionales citados remarcan, además, que los microplásticos y nanoplásticos han ingresado a la cadena trófica, alcanzando además a los seres humanos: se calcula que cada persona ingiere el equivalente a una tarjeta de crédito por semana, es decir unos 5 gramos.
El plástico, fabricado a partir de combustibles fósiles, suma a los riesgos su persistencia y los compuestos químicos utilizados en su fabricación, muchos de ellos tóxicos y prohibidos, aunque solo para algunos usos. La exposición humana a sustancias como el Bisfenol A (BPA) se verifica a través de alimentos, agua y aire, con efectos potenciales para el metabolismo, la función hormonal y la salud en general.

A escala ambiental, los plásticos originan múltiples efectos: desde la pseudo saciedad y asfixia en especies marinas, bloqueos alimentarios, lesiones internas y enredos fatales, hasta la propagación de especies invasoras, alteración del sustrato marino, y afectaciones económicas debidas a la pérdida de valor paisajístico y daños a actividades como la pesca. El fenómeno conocido como “pesca fantasma” describe la problemática de redes abandonadas que continúan matando animales sin control ni utilidad.
La comparación entre los resultados de 2026 y 2025 revela que la contaminación por plásticos mantiene su liderazgo como amenaza en las costas bonaerenses. Los datos recabados por RECOBO refuerzan el llamado urgente a reducir el uso de plásticos, mejorar la gestión de residuos y fortalecer las acciones de prevención, en un escenario donde tanto la fauna como la salud humana permanecen en riesgo.