Restos de la Piscina de Siloé, descubiertos en el 2004. La presa datada en el estudio era la más antigua y grande jamás descubierta en Israel, midiendo al menos 14,9 por 14,4 por 6,3 metros (Wikipedia)

* Este contenido fue producido por expertos del Instituto Weizmann de Ciencias, uno de los centros más importantes del mundo de investigación básica multidisciplinaria en el campo de las ciencias naturales y exactas, situado en la ciudad de Rejovot, Israel.

Hace más de 2800 años, los habitantes de la Jerusalén de la Edad de Hierro se enfrentaron a un cambio climático, marcado por años de sequía e inundaciones repentinas.

El poder de Judá, probablemente liderado por el rey Joás o su sucesor, Amasías, ideó una solución de ingeniería a gran escala para las condiciones climáticas impredecibles y la escasez de agua: fortificar la principal fuente de agua de la ciudad, el manantial de Gihón, y redirigir sus aguas hacia un depósito artificial, el estanque de Siloé, que también servía para captar agua de lluvia. El depósito se creó mediante la construcción de la monumental presa de Siloé.

Esta historia surge de un nuevo estudio realizado por la Unidad de Arqueología Científica del Instituto Weizmann de Ciencias en colaboración con la Autoridad de Antigüedades de Israel, publicado hoy en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS).

Miembros del equipo de la Unidad de Arqueología Científica del Instituto Weizmann de Ciencias (izq.): Eugenia Mintz, Dra. Johanna Regev, Prof. Elisabetta Boaretto y Dr. Lior Regev

Utilizando métodos microarqueológicos avanzados y datación por radiocarbono precisa de muestras que incluían paja microscópica sin carbonizar y ramitas carbonizadas incrustadas en el mortero de la presa de Siloé durante la construcción, el equipo, dirigido por la doctora Johanna Regev y la profesora Elisabetta Boaretto de Weizmann, que trabajaron junto con los arqueólogos doctores Nahshon Szanton, Filip Vukosavović e Itamar Berko de la Autoridad de Antigüedades de Israel, reveló que la presa se construyó entre los años 805 y 795 a. C.: un rango inusualmente preciso, que constituye un logro excepcional en la datación de hallazgos antiguos.

Para completar el panorama climático del período, los investigadores del Instituto Weizmann combinaron la datación precisa con datos climáticos existentes provenientes de núcleos de perforación del Mar Muerto, de estalagmitas de la cueva de Soreq y de registros de actividad solar, rastreados a través de su influencia en la formación de isótopos cosmogénicos radiactivos.

La gota que colmó el vaso: muestras microscópicas de paja incrustadas en el mortero de la presa durante la construcción dieron lugar a un logro de datación excepcional. Crédito: Dra. Johanna Regev / Unidad de Arqueología Científica, Instituto de Ciencias Weizmann

Esta integración de datos condujo a la conclusión de que la imponente presa de Siloé se construyó como parte de un sistema hídrico integral diseñado para afrontar los desafíos climáticos de la época.

“Nuestros hallazgos apuntan a una planificación urbana integral para la gestión del sistema hídrico de Jerusalén ya en el siglo IX a. C., lo que evidencia el poder y la fortaleza de la ciudad”, afirman los investigadores.

La profesora Elisabetta Boaretto es titular de la Cátedra Dangoor de Ciencias Arqueológicas y directora del Centro Helen y Martin Kimmel de Ciencias Arqueológicas. Su investigación cuenta con el apoyo del Laboratorio de Espectrometría de Masas del Acelerador de Investigación Dangoor.