
En la orilla, donde el rumor del mar es constante y la arena reemplaza al asfalto, surge el escenario perfecto para quienes desean mantener su bienestar físico sin renunciar al descanso. Cada verano, miles de personas llegan a la playa con la idea de desconectar, pero muchos buscan también formas simples de seguir activos fuera del gimnasio. La playa ofrece un entorno ideal para sostener el hábito del ejercicio, aprovechando la resistencia de la arena y la suavidad del agua.
Beneficios de ejercitarse en la playa
El entrenamiento sobre la arena permite trabajar el cuerpo de forma integral. La superficie inestable obliga a los músculos a esforzarse más para mantener el equilibrio, aumentando el gasto calórico y la activación muscular. No hace falta equipamiento sofisticado ni rutinas complejas: basta con el propio peso corporal y algo de creatividad para obtener resultados positivos.

Según explicó anteriormente a Infobae el cardiólogo y deportólogo Norberto Debbag, correr sobre la arena implica una combinación de actividad aeróbica y fortalecimiento muscular. El especialista destacó que, si bien se trata de un ejercicio cardiovascular, también exige fuerza porque contribuye al desarrollo de la masa muscular y al equilibrio. Otro aspecto importante es que la superficie blanda reduce el impacto en las articulaciones, lo que favorece su protección. Esta menor exigencia sobre las articulaciones ayuda a fortalecer los tendones, especialmente en pies y tobillos, y mejora la condición vascular a nivel cardiovascular.
La American Heart Association recomienda actividades complementarias como la natación, el senderismo cerca de la costa y el yoga al aire libre. Incluso tareas como la jardinería, caminar por mercados locales o pasear con mascotas contribuyen a mantener un estilo de vida activo durante la temporada estival.
Los ejercicios más recomendados para el verano
Sentadillas y saltos cortos sobre la arena ayudan a fortalecer piernas y glúteos. Este tipo de ejercicios, realizados sin peso adicional, mejoran la fuerza del tren inferior y la coordinación. Para quienes buscan sumar intensidad, incorporar pequeños saltos al final de cada sentadilla incrementa el trabajo muscular.
Los ejercicios de movilidad, como talón al glúteo y rodilla al pecho, son ideales para entrar en calor. Pueden alternarse en intervalos de 30 a 40 segundos, lo que permite activar diferentes grupos musculares y preparar el cuerpo para esfuerzos mayores.

Para el trabajo del core, la plancha con rodillas al pecho es una opción eficaz y sencilla. Desde la posición de plancha, se llevan las piernas hacia el pecho de forma alternada, manteniendo la estabilidad corporal. También se sugiere complementar con abdominales hipopresivos, que se pueden realizar sobre la toalla, siempre cuidando la postura y la respiración.
Actividades globales y cardio sin material
Los burpees y los jumping jacks se destacan como ejercicios globales que activan todo el cuerpo. Estas rutinas no solo tonifican, sino que también aportan un estímulo cardiovascular importante. En la playa, los jumping jacks resultan especialmente efectivos porque el terreno blando reduce el impacto en las articulaciones, permitiendo sesiones más largas y seguras.
El fortalecimiento de glúteos se puede lograr con ejercicios a cuatro apoyos, alternando la elevación de cada pierna en ángulo recto. Las flexiones tradicionales siguen siendo una opción válida para trabajar pecho y brazos, siempre priorizando la correcta alineación de la espalda.

Alternativas creativas y consejos para la constancia
El verano invita a explorar nuevas formas de movimiento. También se podría incorporar estiramientos inspirados en rutinas clásicas, como el “glass stretch”, que consiste en sentarse con las piernas extendidas y alcanzar el máximo estiramiento posible. Otra opción es aprovechar acciones cotidianas, como aplicar protector solar o sacar objetos de una bolsa, para tensar y relajar diferentes grupos musculares.
Para garantizar la seguridad, es importante adaptar la rutina a las capacidades individuales y protegerse del sol. La hidratación constante y el uso de protector solar son medidas esenciales para evitar problemas de salud.

Lo ideal es planificar sesiones de 20 a 30 minutos, alternando entre fuerza y cardio al menos tres veces por semana. La clave está en mantener el movimiento de forma regular, sin presionarse por la perfección y disfrutando del entorno.
Las vacaciones suelen asociarse con el descanso, pero no requieren abandonar la actividad física. La playa brinda una oportunidad única para adaptar los ejercicios clásicos y descubrir nuevas maneras de mantenerse en forma. La constancia, la creatividad y la disposición a moverse son los pilares para sostener el hábito del ejercicio en verano, incluso lejos de la rutina habitual del gimnasio.
Jorge Franchella, médico cardiólogo y especialista en medicina del deporte, señaló a Infobae que la arena —al ser una superficie blanda y a veces húmeda— produce un impacto menor que el asfalto. “La pisada se va adaptando y los músculos no solo coordinan el movimiento de correr, sino también el equilibrio, ya que el terreno puede presentar desniveles y distintas alturas”, explicó. Esta exigencia extra transforma la carrera en la playa en un ejercicio más integral, ya que requiere la participación simultánea de varios grupos musculares.