
Beber agua en exceso puede ser tan riesgoso como no hidratarse lo suficiente. La sobrehidratación ocurre cuando el cuerpo recibe más líquido del que puede eliminar, alterando su equilibrio interno y afectando la concentración de minerales en la sangre.
Esta condición, poco conocida, puede provocar síntomas graves y representa un peligro particular para quienes presentan enfermedades previas o consumen ciertos medicamentos, según advierten especialistas consultados por Health.
Qué es la sobrehidratación y cómo se manifiesta
Los especialistas señalan que los síntomas más frecuentes de la sobrehidratación incluyen inestabilidad al caminar, caídas, confusión, letargo, mareos y vómitos. Estos signos pueden confundirse con otras afecciones y, si no se detectan a tiempo, derivar en complicaciones severas.
La Dra. Natasha Trentacosta, especialista en medicina deportiva, explica: “La sobrehidratación se produce cuando hay un exceso de ingesta de agua en comparación con la pérdida de agua”. El Dr. Michael Klein, nefrólogo, indica que una sobrecarga leve de agua suele no presentar síntomas, pero si la cantidad ingerida sobrepasa la capacidad de regulación del organismo, la salud puede verse comprometida. “La sobrecarga leve de agua suele ser asintomática”, precisa Klein.

El equilibrio de líquidos en el cuerpo depende de la integración de funciones de la hipófisis, los riñones, el hígado y el corazón. “Normalmente, beber grandes cantidades de agua, incluso hasta veintidós litros, se puede controlar gracias a la capacidad natural de nuestro cuerpo para regular la excreción de agua”, afirma Trentacosta. Sin embargo, este límite se reduce cuando alguno de estos órganos presenta alteraciones.
Según la Mayo Clinic, la sobrehidratación puede provocar que los niveles de sodio en sangre desciendan peligrosamente, lo que se conoce como hiponatremia. Los síntomas pueden incluir náuseas, dolor de cabeza, confusión, debilidad muscular y, en casos graves, convulsiones o coma.
Grupos de riesgo y complicaciones asociadas
El exceso de agua implica un riesgo mayor para determinados grupos. Deben extremar precauciones quienes padecen insuficiencia renal, enfermedad hepática o insuficiencia cardíaca congestiva. El síndrome de secreción inadecuada de hormona antidiurética puede convertir la ingesta de agua en potencialmente mortal. “Las personas con exceso de ADH tienen restricciones de agua estrictas, y el agua puede ser mortal. Deben ser muy cuidadosas”, advierte Klein.
También deben prestar atención los atletas que realizan esfuerzos prolongados, personas que toman diuréticos o antidepresivos, quienes presentan insuficiencia suprarrenal o hipotiroidismo, y aquellos que sufren vómitos o diarreas intensas. En estos escenarios, la sobrehidratación puede provocar hiponatremia, una disminución peligrosa de los niveles de sodio en sangre. “Esto diluye el sodio en sus cuerpos y provoca hiponatremia”, resume Trentacosta.

La hiponatremia puede manifestarse con dolor de cabeza, debilidad muscular, desorientación y, en casos graves, convulsiones o coma. El diagnóstico oportuno resulta fundamental para evitar consecuencias graves. La Harvard T.H. Chan School of Public Health advierte que, aunque la hidratación es fundamental, el exceso puede alterar el balance de electrolitos y ser peligroso, sobre todo en personas con enfermedades crónicas o durante el ejercicio intenso.
Además, el National Institutes of Health (NIH) enfatiza que la hiponatremia asociada a la sobrehidratación es un riesgo real para adultos mayores y pacientes hospitalizados, y que la prevención requiere detectar a tiempo los síntomas y ajustar la ingesta según las necesidades individuales.
¿Existe una cantidad segura de agua?
Para la mayoría de las personas sanas, el riesgo de sobrehidratación es bajo porque el cuerpo regula con eficacia el exceso de líquidos. “El cuerpo se adapta con mucha eficacia”, señala Klein. Sin embargo, fuentes como la Mayo Clinic y Harvard aclaran que no existe una cantidad universal de agua recomendada por día. Las necesidades varían según la edad, el estado de salud, el nivel de actividad física y las condiciones ambientales. El exceso puede ser especialmente peligroso para quienes forman parte de los grupos de riesgo.

Si aparecen síntomas persistentes que puedan relacionarse con la sobrehidratación, los expertos sugieren suspender la ingesta excesiva y buscar una evaluación médica. Una intervención oportuna puede marcar una diferencia significativa en el pronóstico de quienes se encuentran dentro de los grupos vulnerables. La clave está en escuchar al cuerpo y consultar ante cualquier duda, para evitar complicaciones asociadas a este desequilibrio hídrico.