La temperatura del agua no influye de forma significativa en la salud; la hidratación adecuada el factor clave según especialistas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La controversia sobre los supuestos beneficios del agua fría y caliente para la hidratación adecuada ha adquirido relevancia entre quienes buscan adoptar hábitos saludables.

Sin embargo, lo más importante no es la temperatura, sino mantener una hidratación adecuada según las preferencias y necesidades personales, según reportan la cadena estadounidense Fox News y los especialistas del Bangalore Gastro Centre, el principal centro de referencia en gastroenterología en India.

Por caso, entre los mitos extendidos sobre el consumo de agua, persiste la creencia de que el agua caliente “quema” grasa de manera directa. No obstante, el centro de gastroenterología aclara que no existe evidencia científica que respalde este mito, pues el control del peso depende de la dieta y la actividad física.

Otros especialistas descartan también que el consumo de agua fría o helada cause infecciones de garganta; estas se deben a virus o bacterias, no a la temperatura del agua. Al mismo tiempo, no es cierto que solo el agua caliente pueda aliviar el estreñimiento; la hidratación adecuada, el consumo de fibra y la movilidad intestinal son determinantes.

No existe evidencia científica que respalde el mito de que el agua caliente quema grasa o ayuda de manera directa a perder peso (Imagen Ilustrativa Infobae)

Agua fría, rendimiento y control de peso

El agua fría se presenta como una opción útil en contextos de actividad física o exposición al calor, dado que facilita la rehidratación y la regulación térmica. La dietista Tanya Freirich explicó a la cadena estadounidense que, al consumir agua fría o templada, el gasto energético del organismo aumenta levemente: 2,9% (agua fría) y 2,3% (agua a temperatura ambiente) en la hora y media posterior. Sin embargo, este efecto es mínimo y no produce un impacto significativo en la pérdida de peso.

La especialista añadió que para quienes practican deporte o se exponen al calor, el agua fresca rehidrata eficazmente sin causar molestias digestivas. La temperatura óptima para promover la hidratación tras el ejercicio ronda los 16 °C (60,8 °F), dado que minimiza la sudoración y facilita la recuperación.

Agua caliente, digestión y efectos relajantes

Las tradiciones de beber agua caliente son comunes en países como India, donde se asocian a beneficios digestivos y efectos relajantes. El Bangalore Gastro Centre resalta que el agua templada o caliente estimula la motilidad intestinal y es una práctica recomendada para mejorar el tránsito y aliviar el estreñimiento.

El agua fría favorece una rápida rehidratación tras el ejercicio y ayuda al cuerpo a regular su temperatura en ambientes calurosos (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la práctica clínica, los gastroenterólogos del centro señalan que consumir agua caliente por la mañana ayuda a activar el intestino. Añadir ingredientes como jengibre, menta o miel es habitual para potenciar el efecto descongestionante, sobre todo en casos de resfriado.

Por su parte, Freirich menciona estudios que vinculan el consumo de líquidos calientes —como el agua o el té negro— con una reducción de los niveles de cortisol, la principal hormona del estrés. El resultado es una sensación de relajación, especialmente en momentos de tensión o cansancio. Los gastroenterólogos del Bangalore Gastro Centre también señalan que las bebidas calientes pueden aliviar dolores de cabeza leves, ayudar a relajar el cuerpo y reducir el estrés, sobre todo cuando se experimenta fatiga.

Desde el enfoque metabólico, el incremento leve de la temperatura corporal con agua caliente puede favorecer la circulación y estimular el metabolismo de forma marginal. Los especialistas del centro añaden que esta práctica podría mejorar la tonicidad y la apariencia de la piel, dado que fomentaría la eliminación de impurezas.

Beber líquidos calientes puede reducir el estrés y los niveles de cortisol, según estudios citados por especialistas en nutrición (Imagen Ilustrativa Infobae)

Más allá de la temperatura: la importancia de la hidratación

A pesar de estas particularidades asociadas a cada temperatura, la evidencia científica señala que estos efectos son secundarios frente al impacto que una hidratación suficiente tiene sobre la salud.

La hidratación es fundamental, independientemente de la temperatura elegida. Beber suficiente agua favorece procesos esenciales como la digestión, el transporte de nutrientes y la regulación térmica. Los gastroenterólogos subrayan que una adecuada ingesta también contribuye a mantener la energía y la elasticidad de la piel.

Por otro lado, la especialista citó estudios en personas con sobrepeso que muestran que incorporar 1,5 litros extra de agua al día puede ayudar a reducir el apetito y, a largo plazo, favorecer el descenso de peso, independientemente de la temperatura del agua consumida.

Según las recomendaciones de la cadena estadounidense, el consumo diario ideal para adultos se sitúa entre siete y ocho vasos, mientras que el Bangalore Gastro Centre sugiere un rango de 2,5 a 3 litros diarios. Ambos coinciden en que factores como el nivel de actividad física, el clima y el estado de salud pueden modificar estas cifras.

La ingesta de al menos 2,5 a 3 litros de agua al día contribuye a la digestión, el transporte de nutrientes y el cuidado de la piel
Foto: (Jesús Tovar Sosa/Infobae)

La elección de la temperatura del agua puede responder a situaciones y contextos particulares: el Bangalore Gastro Centre sugiere agua templada o caliente al despertar, fría tras el ejercicio o en ambientes cálidos, y templada en momentos de cansancio o estrés.

Precauciones al elegir la temperatura

Respecto a las precauciones, los expertos advierten que las personas con sensibilidad en el esófago, nervios o problemas de deglución deben evitar el agua demasiado fría, que puede provocar molestias o episodios de “dolor de cabeza por helado”.

Por otro lado, el consumo habitual de agua excesivamente caliente —por encima de los 50 °C— puede dañar el revestimiento esofágico si se repite con frecuencia, por lo que se sugiere elegir temperaturas que resulten cómodas para la boca.

La hidratación óptima depende de la adaptación personalizada y de prestar atención a las señales del propio cuerpo. Elegir entre agua fría o caliente es una decisión individual que debe priorizar la comodidad en cada circunstancia.