
Las altas temperaturas que atraviesan la provincia de Buenos Aires volvieron a poner en primer plano un problema sanitario que se repite cada verano, pero que este año mostró señales de mayor intensidad.
La presencia de cianobacterias en lagunas, ríos y espacios recreativos activó alertas oficiales y obligó a restringir el contacto con el agua en varios puntos del territorio bonaerense.
En las últimas horas, la Subsecretaría de Recursos Hídricos y la Autoridad del Agua de la provincia difundieron un mapa actualizado que ubicó a cuatro municipios en alerta roja.

Entre ellos se encuentran lagunas emblemáticas y muy concurridas durante la temporada estival, como la Laguna de Chascomús, la Laguna Gómez en Junín, la Laguna de Lobos y la Laguna de Monte, en San Miguel del Monte. A estos sitios se sumó la República de los Niños, en la ciudad de La Plata, donde también se detectó un nivel de riesgo alto.
La alerta roja implica una recomendación clara y contundente: evitar todo contacto con el agua. Las autoridades sanitarias bonaerenses solicitaron que las personas no ingresen al espejo de agua, no lo utilicen para consumo ni para higiene personal y mantengan alejados a niños y mascotas hasta que la floración desaparezca. La advertencia no responde a un criterio preventivo genérico, sino a la detección concreta de concentraciones elevadas de estos microorganismos.
Las cianobacterias, también conocidas como algas verdeazules, son bacterias microscópicas que viven en ambientes acuáticos y que, bajo determinadas condiciones ambientales, pueden multiplicarse de manera explosiva.
Las altas temperaturas, la sequía, la abundancia de nutrientes y la estabilidad del agua crean un escenario propicio para que estas bacterias formen colonias visibles, capaces de teñir el agua de verde intenso y generar toxinas peligrosas.

Un fenómeno biológico antiguo con riesgos actuales
Desde el punto de vista biológico, las cianobacterias no son un organismo nuevo. Aparecieron en la Tierra hace más de 2.500 millones de años y fueron responsables de uno de los cambios más profundos en la historia del planeta: la oxigenación de la atmósfera. Sin embargo, su presencia masiva en cuerpos de agua utilizados con fines recreativos o de consumo plantea hoy un problema de salud pública.
Según el Ministerio de Salud de la Nación, “las cianobacterias son algas verdeazules que liberan cianotoxinas en las aguas que se usan comúnmente en verano para refrescarse y pueden provocar una amplia variedad de infecciones como gastrointestinales, respiratorias, neurológicas, de la piel, de los oídos y de los ojos; siendo los síntomas más comunes la diarrea, erupciones cutáneas, dolor de oído, tos o irritación de congestión y dolor ocular”.
Estas toxinas pueden ingresar al organismo por distintas vías. La ingesta involuntaria de agua durante actividades recreativas figura entre las más frecuentes, aunque el contacto directo con la piel y la inhalación de aerosoles también representan un riesgo. Deportes acuáticos que generan salpicaduras o spray, como kayak, remo o motos acuáticas, aumentan la posibilidad de inhalar partículas contaminadas.

La exposición a cianotoxinas puede provocar dolor de cabeza, malestar digestivo, náuseas, mareos, vómitos, irritación en la piel y los ojos, inflamación de oídos, nariz y garganta, tos seca, neumonía y, en casos graves, lesiones hepáticas. La Comisión Administradora del Río Uruguay advirtió que “la proliferación de cianobacterias puede afectar a las playas durante horas o días, con posibles impactos en la salud”.
También recomendó que “la mejor medida de prevención es observar atentamente el agua y la arena. Si el agua presenta una coloración verdosa, aspecto turbio o acumulaciones de material similar a espuma, se recomienda evitar el contacto directo”.
No todos los grupos presentan el mismo nivel de vulnerabilidad. Niños, embarazadas, adultos mayores y personas inmunodeprimidas enfrentan un riesgo mayor ante la exposición a estas toxinas. Pescadores y guardavidas, debido a su contacto frecuente con el agua, también integran el grupo de personas más expuestas. Las mascotas, en especial los perros, resultan particularmente sensibles y pueden desarrollar síntomas graves en poco tiempo.

En la provincia de Buenos Aires, las autoridades sanitarias establecieron un sistema de alerta por colores para informar el nivel de riesgo. El verde indica ausencia de cianobacterias y permite el uso recreativo del agua.
El amarillo señala la presencia de pequeñas manchas verdes y recomienda higiene posterior al baño. El naranja describe una coloración verde brillante en superficie y arena, mientras que el rojo corresponde a masas densas, oscuras y espesas, con prohibición total de baño.
La República de los Niños se ubicó en este último nivel. El aviso oficial describió un “riesgo alto” y reforzó la necesidad de evitar el contacto con el agua. La medida se enmarca en un seguimiento diario que realizan la Subsecretaría de Recursos Hídricos y la Autoridad del Agua, con evaluaciones constantes sobre la presencia de estos microorganismos en lagunas, ríos y arroyos bonaerenses.

La Organización Mundial de la Salud también se pronunció sobre este fenómeno. El organismo internacional señaló que “las toxinas cianobacterianas se encuentran entre las sustancias más peligrosas y se encuentran ampliamente presentes en los cuerpos de agua. Se producen de forma natural, pero la actividad humana influye en el grado en que proliferan las cianobacterias tóxicas”.
Además, advirtió que “la gestión de lagos, embalses y ríos para prevenir las floraciones de cianobacterias es fundamental para proteger la salud humana”.
La OMS hizo la siguiente aclaración: “Las cianobacterias se encuentran en casi todos los ecosistemas acuáticos. Sin embargo, su presencia no supone automáticamente un riesgo para la salud pública”. El peligro surge cuando las toxinas alcanzan concentraciones elevadas, algo que depende de la cantidad y el tipo de bacterias presentes.

En los últimos años, las floraciones se volvieron más frecuentes y extensas. El calentamiento global, el vertido de fertilizantes ricos en nitrógeno y fósforo, las obras hidráulicas que favorecen el estancamiento del agua y la falta de lluvias crearon condiciones ideales para este tipo de proliferaciones. Lo que antes se limitaba a zonas puntuales ahora se expande a regiones donde no era habitual.
El impacto no se limita al contacto recreativo. La exposición también puede producirse al consumir pescados u otros alimentos provenientes de cuerpos de agua afectados, o al beber agua de lagunas, ríos o arroyos contaminados. El contacto con arena contaminada representa otro factor de riesgo, especialmente para niños que juegan en la orilla.
Frente a este escenario, la recomendación principal resulta clara: evitar el contacto con el agua cuando se detecta una floración visible o cuando las autoridades emiten alertas oficiales. La observación atenta del color, el aspecto y el olor del agua se convierte en una herramienta clave para la prevención.

Las cianobacterias vuelven así a ocupar un lugar central en la agenda ambiental y sanitaria de la provincia de Buenos Aires. La combinación de temperaturas extremas, sequía y presión humana sobre los ecosistemas acuáticos anticipa que este fenómeno seguirá presente durante el verano.
Comprender qué son, cómo se desarrollan y cuáles son sus riesgos permite tomar decisiones informadas y reducir la exposición a un peligro que, aunque microscópico, puede tener consecuencias significativas para la salud humana y animal.