
Las poblaciones de peces migratorios de agua dulce en el mundo se redujeron cerca del 90% desde la década de 1970.
Así lo advirtió un nuevo informe que fue presentado en la COP15 de la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS).
Esa reunión con delegaciones de los países y técnicos se lleva a cabo desde el 23 al 29 de marzo en Campo Grande, Brasil.

Los científicos que participaron en la elaboración del informe subrayaron que el impacto es especialmente grave en América Latina, donde las cuencas del Amazonas y La Plata-Paraná concentran una crisis sin precedentes.
Insisten en que este fenómeno afecta no solo a los peces, sino también a la seguridad alimentaria, la economía y la cultura de millones de personas.
Cuántos peces de agua dulce migratorios hay

La CMS identificó 349 especies de peces migratorios de agua dulce en situación de amenaza y con movimientos entre países.
De ese total, solo 24 están bajo protección internacional y 325 siguen sin resguardo y requieren acciones urgentes.
Sudamérica concentra 55 especies candidatas a protección prioritaria, lo que la convierte en una región clave para la conservación mundial de estos peces.
La caída de sus poblaciones involucra tanto a especies emblemáticas como a recursos centrales para las pesquerías locales.

La principal causa del declive es la pérdida de conectividad en los ríos. Represas, canales y otras infraestructuras interrumpen las rutas migratorias y alteran los caudales naturales.
Los peces no logran alcanzar sus áreas de desove o cría, lo que reduce el éxito reproductivo y amenaza la supervivencia de especies como el dorado, la piraíba, el sábalo y el surubí.
La sobreexplotación pesquera profundiza la crisis. La presión de la pesca comercial y artesanal impide la recuperación de las poblaciones.
A esto se suma la contaminación por residuos industriales, plásticos y sustancias químicas, que se acumulan en los grandes ríos y afectan a los peces en todo su ciclo de vida.
Los especialistas remarcan que estas amenazas se combinan y potencian a lo largo de las rutas migratorias.
En diálogo con Infobae, Norberto Oldani, ex investigador en peces de agua dulce del Conicet y la Universidad Nacional del Litoral en la Argentina, consideró que “habría que diferenciar los impactos, aunque las consecuencias sean las mismas”.
En Brasil, “los impactos ambientales se desencadenan a partir de la fragmentación de los hábitats a partir de las represas en los ríos.
En Argentina, “si bien tenemos la fragmentación de hábitats pero consecuencias menores. En cambio, la sobreexplotación pesquera es la responsable directa del declive de las poblaciones. Afecta directamente a la abundancia de los mejores reproductores e induce fallas en la reproducción”, afirmó Oldani.

En la cuenca del Amazonas, más del 90% de las capturas pesqueras corresponde a especies migratorias. Estos peces sostienen economías regionales y forman parte de la identidad de numerosos pueblos indígenas y comunidades ribereñas.
El valor económico anual de la pesca migratoria en la cuenca amazónica supera los 436 millones de dólares. El informe advierte que el colapso de estas especies puede alterar la seguridad alimentaria y la vida cotidiana de miles de comunidades.
Ríos que pierden su latido

La cuenca La Plata-Paraná enfrenta un panorama similar. Especies como el sábalo y el surubí han sufrido descensos marcados en sus poblaciones debido a la fragmentación de rutas migratorias, la pesca intensiva y la degradación de hábitats.
Los científicos remarcan que la desaparición de estos peces tendría consecuencias profundas para la economía y la cultura regional.
El informe de la CMS sostiene que los peces migratorios de agua dulce están entre los vertebrados más amenazados del planeta.
Entre las principales amenazas figuran la alteración de caudales, la destrucción de hábitats, la contaminación y la introducción de especies exóticas.
La fragmentación de los ríos y la pérdida de conectividad aparecen como los factores más urgentes a revertir.

Restaurar la conectividad fluvial es una de las estrategias más eficaces para la recuperación de las poblaciones.
El informe documenta casos en los que la remoción de barreras obsoletas permitió el retorno de peces migratorios a áreas de desove que habían quedado aisladas.
La cooperación internacional es clave para sostener acciones de monitoreo, manejo pesquero y protección de hábitats. Crear reservas en tramos clave y compartir información científica aparecen entre las herramientas recomendadas.

La CMS propone armonizar las vedas, coordinar regulaciones pesqueras, proteger las áreas de desove y restaurar los corredores migratorios.
El trabajo conjunto entre países es indispensable para frenar el deterioro y sentar bases sólidas para la recuperación de estas especies.
Peces que cruzan fronteras

Entre las especies prioritarias para América Latina figuran el dorado, la piraíba, el sábalo, el surubí, el tambaqui y el jau. Todas dependen de trayectos migratorios extensos para completar su ciclo de vida.
Su protección requiere acuerdos multilaterales, monitoreo coordinado y políticas estrictas frente a la pesca y la contaminación.
El informe recomienda integrar a estos peces en las políticas de conservación y fortalecer la colaboración regional, especialmente en cuencas compartidas como el Amazonas y La Plata-Paraná.
Los investigadores concluyen que una acción conjunta y sostenida es el único camino para conservar las especies migratorias, restaurar los servicios ecológicos de los ríos y asegurar la seguridad alimentaria de quienes dependen de estos recursos.
El desafío consiste en restaurar la vitalidad de los grandes ríos y mantener activas las migraciones que unen ecosistemas, economías y culturas en América Latina.