
El hallazgo de un compuesto bacteriano asociado a una ascidia antártica podría aportar información clave para el desarrollo de un futuro tratamiento contra el melanoma, la forma más agresiva y letal de cáncer de piel, según investigadores de la Universidad del Sur de Florida (USF).
El equipo volvió recientemente de una expedición científica de seis semanas a la Península Antártica, donde recolectó muestras y profundizó el estudio de la relación entre estos organismos y las sustancias que producen como mecanismo de defensa.
El trabajo se enfoca en toxinas o metabolitos que estas ascidias —invertebrados conocidos como “chorlitos marinos”— producen para protegerse de depredadores. Bill Baker, profesor de química en la USF, afirmó que esas toxinas pueden ser “reutilizadas” y que investigaciones previas de su equipo mostraron que lograron eliminar células de melanoma en ratones.
La investigación se enmarca en un problema sanitario de alta incidencia: el cáncer de piel es el tumor más frecuente del planeta y su número de casos crece año tras año en todos los continentes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se detectan más de 1,5 millones de casos nuevos, de los cuales una parte corresponde al melanoma.
Qué hallaron en la Antártida y por qué podría aportar a un futuro tratamiento

Los investigadores de la USF señalaron que identificaron una bacteria asociada a una ascidia antártica capaz de producir un compuesto con una característica de alto interés para el desarrollo farmacológico: destruir células de melanoma sin afectar células humanas sanas, de acuerdo con la información difundida por la universidad.
Según recogió el medio británico The Guardian, Baker sostuvo que las toxinas producidas por las ascidias como defensa pueden convertirse en la base de un tratamiento. “La buena noticia es que no mató a los ratones”, dijo.
“Sí eliminó su cáncer, así que sabemos que tiene las propiedades fisiológicas para actuar como un fármaco. Necesitamos gramos de material para realizar un estudio más amplio en ratones, tal vez en otros modelos animales, y si podemos demostrar su seguridad, podremos comenzar los ensayos en humanos”.
El investigador reconoció que el camino para obtener un fármaco antimelanoma seguro y eficaz, aprobado para su uso en humanos, es largo y requiere una sucesión de ensayos estrictamente regulados y cada vez más exhaustivos, incluso después de que el fármaco esté formulado. Sin embargo, afirmó que el conocimiento adquirido en la expedición podría acelerar el cronograma.
Qué son las ascidias o “chorlitos marinos”

Las ascidias, también llamadas “chorlitos marinos”, son invertebrados con forma de saco que viven adheridos a superficies del fondo oceánico. En la Antártida, suelen encontrarse sobre paredes submarinas inclinadas o verticales, donde las corrientes transportan los nutrientes necesarios para su supervivencia.
El interés científico por estos organismos se explica, según los investigadores, por su evolución en un ambiente aislado y extremadamente hostil. Durante millones de años, desarrollaron mecanismos de defensa química para protegerse de depredadores y enfermedades. Esa capacidad es la que despertó la atención por su posible aplicación médica.
Baker explicó que el continente ofrece condiciones únicas para estudiar especies altamente especializadas. “El continente es único porque permaneció aislado geográfica y ambientalmente durante millones de años. Como resultado, las especies de la Antártida tuvieron tiempo de evolucionar de forma independiente, dando lugar a organismos altamente especializados”, afirmó en una entrevista citada en el texto base.
Cómo fue la expedición de seis semanas: recolección de muestras y trabajo bajo el hielo

El equipo de la USF regresó de una expedición de seis semanas a una de las regiones más remotas del mundo. Allí recolectó muestras de ascidias y buscó responder preguntas sobre el origen del compuesto y la forma en que interactúa con el organismo que lo alberga.
La campaña científica, financiada por la Fundación Nacional de Ciencias, implicó inmersiones en condiciones extremas. El texto base describe que las tareas de buceo se realizaron bajo hielo, con cambios constantes en el estado del mar y con visibilidad, en ocasiones, muy limitada. También menciona la presencia ocasional de focas leopardo como uno de los factores de riesgo.
Ben Meister, profesor de la USF y responsable de la seguridad en las inmersiones, resumió las dificultades operativas: “En promedio, nuestras inmersiones duraban entre 25 y 35 minutos, con una profundidad máxima de 40 metros”, explicó. También detalló: “En la Antártida, hay que lidiar con hielo, focas leopardo, mares cambiantes y, a veces, visibilidad muy limitada. Cada inmersión debe planificarse cuidadosamente para lograr el equilibrio entre realizar el trabajo y garantizar la seguridad de todos”.
Además del buceo, los científicos utilizaron vehículos operados a distancia para explorar zonas más profundas.
Qué falta para pasar del hallazgo al fármaco: laboratorio, ensayos y producción del compuesto

Tras el regreso de la expedición, las muestras comenzaron a distribuirse entre distintos equipos científicos para realizar análisis de ADN, estudios químicos y evaluaciones biológicas. Los investigadores estimaron que este proceso podría extenderse durante meses o incluso años antes de determinar si el compuesto reúne las condiciones necesarias para convertirse en la base de un futuro tratamiento.
Baker subrayó que uno de los principales desafíos es la cantidad de material necesaria para avanzar con estudios más amplios, sin dañar el ecosistema antártico. “Se necesitan cientos de miligramos o incluso gramos de este metabolito, y de una colección de ascidias del tamaño de una pelota de baloncesto podríamos obtener apenas una milésima parte de eso”, afirmó. “Obviamente, no podemos recolectar 1.000 balones de baloncesto de la Antártida, eso destruiría el ecosistema, así que una de las cosas que tenemos que hacer es averiguar cómo fabricar este material en el laboratorio”.
El investigador añadió que el equipo buscará reproducir sintéticamente la toxina. En paralelo, advirtió que, aun con un compuesto prometedor, el proceso para llegar a ensayos en humanos exige una serie de pasos de verificación de seguridad y eficacia.
Por qué el melanoma concentra la preocupación sanitaria

El melanoma representa la forma más grave de cáncer de piel y su impacto se expresa en su peso desproporcionado sobre la mortalidad. Aunque equivale a solo el 5% de los casos, es responsable del 75% de las muertes por cáncer de piel, según especialistas citados en una nota previa de Infobae. “El melanoma es el tipo más grave de cáncer de piel”, advierten los expertos citados en ese mismo texto.
A escala global, se diagnostican unos 330.000 nuevos casos de melanoma cada año. En Argentina, se reportan 130.000 nuevos casos de cáncer al año y 60.000 muertes, con el melanoma como una de las causas más relevantes entre adultos jóvenes y de mediana edad.
El cáncer de piel comienza como una proliferación anormal de células cutáneas, que pueden invadir tejidos sanos y, en el caso del melanoma, diseminarse a distancia (metástasis). Los tipos más comunes —el carcinoma basocelular y el carcinoma de células escamosas— suelen tener cura si se detectan de manera temprana. El melanoma, en cambio, es más propenso a propagarse y su pronóstico depende del estadio en el que se diagnostique.
En ese contexto, los investigadores de la USF señalaron que el hallazgo antártico abre una línea de estudio orientada a comprender el origen del compuesto y evaluar su potencial como base de un futuro tratamiento, con el foco puesto en avanzar en modelos animales y, si se demuestra su seguridad, iniciar ensayos en humanos.














