
Estados Unidos registró 38 casos de tétanos en 2025, la cifra más alta en un solo año desde 2006, y los especialistas advirtieron que el descenso en la vacunación puede empujar el regreso de una enfermedad prevenible que mata a uno de cada diez pacientes y puede causar espasmos musculares tan intensos que llegan a fracturar huesos.
Según informó The Washington Post, en Estados Unidos suelen notificarse menos de 40 casos anuales, muy por debajo de los 500 o 600 que se registraban antes de que la vacuna antitetánica estuviera disponible en 1924.
El repunte reciente coincidió con una baja en la cobertura infantil, incluida la vacuna DTaP, que protege contra tétanos, difteria y tos ferina, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

La preocupación de los expertos no parte de una hipótesis abstracta. En abril, los CDC publicaron una investigación sobre cuatro niños no vacunados que contrajeron tétanos en 2024: todos fueron hospitalizados entre 8 y 45 días y sobrevivieron después de recibir inmunoglobulina antitetánica cuando los síntomas ya habían aparecido.
William Schaffner, profesor de enfermedades infecciosas del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt, explicó que el éxito histórico de la vacuna hizo que la mayoría de las personas hoy nunca hayan conocido a alguien con tétanos.
El tétanos no se contagia entre personas y está en el ambiente
A diferencia de muchas enfermedades prevenibles con vacunas, el tétanos no se transmite de persona a persona. La infección la causa la bacteria Clostridium tetani, presente en suelo, estiércol y polvo en todo el mundo, y aparece cuando sus esporas entran al cuerpo a través de una lesión en la piel.
La idea más extendida asocia el tétanos con pisar un clavo oxidado, pero el riesgo es mucho más amplio. Paul Offit, director del Centro de Educación sobre Vacunas y médico adjunto de la División de Enfermedades Infecciosas del Hospital Infantil de Filadelfia, señaló que cualquier herida contaminada con suciedad puede introducir la bacteria en el organismo.

Eso incluye heridas punzantes, lesiones con tejido muerto como quemaduras o congelamiento y, con menos frecuencia, llagas, picaduras de insectos o pequeñas lesiones cutáneas. En el informe reciente de los CDC, los niños afectados habían sufrido daños distintos, entre ellos una fractura de tobillo y una lesión causada por la pisada de un caballo sobre el pie.
La toxina afecta al sistema nervioso y puede impedir la respiración
El tétanos no suele comenzar con enrojecimiento, hinchazón o fiebre, los signos típicos de muchas infecciones de heridas. Lo que desencadena la enfermedad es la tetanospasmina, una toxina liberada por C. tetani que circula por el cuerpo y termina afectando al sistema nervioso.
Los síntomas pueden aparecer entre tres y 21 días después de la exposición. Uno de los primeros signos suele ser el trismo, una contracción dolorosa de la mandíbula, junto con dificultad para tragar, dolor de cabeza, rigidez muscular y espasmos repentinos en distintas partes del cuerpo.

Walter Orenstein, profesor emérito de la División de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Emory, describió dos manifestaciones características. El risus sardonicus contrae involuntariamente los músculos faciales y da la impresión de una sonrisa; el opistótonos arquea hacia atrás el cuello, la espalda y las piernas hasta formar una postura en C.
Esa es la razón por la que el tétanos puede volverse letal: los espasmos pueden quebrar huesos, dificultar la respiración y poner en riesgo la vida. Según el medio estadounidense, además de no existir inmunidad colectiva para esta enfermedad, haberla padecido tampoco protege contra una nueva infección.
Schaffner explicó que la cantidad de toxina que desencadena el cuadro es tan pequeña que el sistema inmunitario no aprende a reconocerla. “Incluso las personas que han padecido esta terrible enfermedad deben vacunarse para prevenir otra infección en el futuro”, afirmó.
La protección depende de una serie inicial y refuerzos cada 10 años
La respuesta directa a cómo prevenir el tétanos es la vacunación. La vacuna utiliza una forma modificada de la tetanospasmina para entrenar al sistema inmunitario sin causar la enfermedad, explicó Orenstein: “No puede causar la enfermedad, pero sí puede inducir una respuesta inmunitaria protectora”.

El esquema recomendado empieza en la infancia con la DTaP en tres dosis a los dos, cuatro y seis meses, seguida de dos refuerzos entre los 15 y 18 meses y entre los cuatro y seis años. Luego se indica la Tdap entre los 11 y 12 años, y en la adultez corresponde un refuerzo Td cada 10 años.
Schaffner resumió la lógica del calendario de inmunización: “Para mantener una protección óptima, se necesita una serie inicial de tres dosis y luego dosis de refuerzo cada 10 años aproximadamente a lo largo de la vida, ya que la protección puede disminuir”.
Algunas personas pueden necesitar una dosis adicional de Tdap más adelante, como las embarazadas, porque esa formulación también protege a los recién nacidos contra la tos ferina. También se recomienda a adultos que no la hayan recibido antes.
Si una persona tiene una herida que un médico considera de riesgo y no recuerda cuándo recibió su última vacuna antitetánica, o cree que pasaron más de cinco años, es probable que se le administre un refuerzo Td como parte del tratamiento de la lesión, comentó Schaffner.














