
El sarampión resurge con fuerza en todo el mundo sin un antiviral aprobado para combatirlo, y la parainfluenza humana suma además la ausencia de vacuna. La investigación científica acaba de dar un paso que podría cambiar ese panorama.
Investigadores del Centro para la Investigación Antiviral Traslacional de la Universidad Estatal de Georgia (GSU) en los Estados Unidos identificaron al GHP-88310 como candidato clínico para el tratamiento de enfermedades causadas por ortopramixovirus. Los resultados del estudio se publicaron en la revista Science Advances.
El grupo viral incluye los virus de la parainfluenza humana, el sarampión y los emergentes henipavirus. Su impacto en niños, adultos mayores y personas con el sistema inmune debilitado es especialmente grave.

El estudio es preclínico: los resultados provienen de modelos animales y cultivos de organoides de vías respiratorias humanas, no de ensayos en personas. Aun así, los investigadores lo describen como el avance más prometedor en años para esta familia viral.
“GHP-88310 es el inhibidor más prometedor de esta familia viral que hemos encontrado en años de investigación”, afirmó Carolin Lieber, investigadora posdoctoral de la GSU y autora principal del estudio.
Lieber destacó que el compuesto fue desarrollado para responder a una necesidad médica urgente y sin respuesta hasta ahora.
El compuesto se toma por vía oral una vez al día, mostró eficacia contra un amplio espectro de ortopramixovirus y fue bien tolerado a concentraciones muy altas tanto en roedores como en mamíferos superiores.

Los investigadores también resaltaron su alta barrera contra la resistencia viral en animales, lo que reduce el riesgo de que el virus mute y escape al fármaco.
La indicación primaria del fármaco es la infección por parainfluenzavirus humano tipo 3, que provoca neumonía potencialmente mortal en adultos mayores, personas inmunocomprometidas y receptores de trasplantes de células madre hematopoyéticas.
Se estiman 3 millones de casos anuales en Estados Unidos que requieren tratamiento, sin que exista hasta hoy ninguna vacuna ni terapia aprobada.
Un medicamento contra el sarampión

La segunda indicación del candidato es el sarampión, enfermedad que atraviesa uno de sus peores momentos en décadas a escala planetaria. Entre enero de 2025 y enero de 2026, la Organización Mundial de la Salud registró 552.699 casos sospechosos en 179 países, de los cuales 247.623 fueron confirmados.
Los brotes están activos en todas las regiones del mundo. Los diez países con más casos entre septiembre de 2025 y febrero de 2026 incluyen India, Yemen, Pakistán, México, Angola, Indonesia, Kazajistán, Camerún, Sudán y Laos, según datos de los CDC basados en cifras de la OMS.
En las Américas, la Organización Panamericana de la Salud reportó 14.891 casos confirmados durante 2025, con 29 muertes, un aumento de 32 veces respecto a 2024. México encabeza la región con 6.428 casos y 24 muertes, seguido de Canadá con 5.436 casos.
En América del Sur el virus también avanza. Bolivia registró 597 casos en 2025, Paraguay 49, Brasil 38, Argentina 36 y Perú 5, según la PAHO/OMS.
Al 30 de abril de 2026, los CDC de Estados Unidos registraban 1.814 casos confirmados en 37 jurisdicciones. El año 2025 cerró en ese país con 2.288 casos, el nivel más alto desde 1992.
Donde la química se convierte en esperanza

Para llegar al GHP-88310, el equipo puso en marcha una campaña de cribado de alto rendimiento que evaluó decenas de miles de compuestos. A partir de un candidato de generación temprana, los investigadores optimizaron la molécula hasta obtener el perfil farmacológico actual.
Richard Plemper, director del Centro para la Investigación Antiviral Traslacional y autor sénior del estudio, subrayó que el programa se diseñó para atender las necesidades médicas de niños y grupos vulnerables.
“La alta potencia y la excelente tolerabilidad garantizan un margen de seguridad muy amplio, esencial para tratar a pacientes altamente vulnerables y niños”, señaló.
El estudio contó con la participación del Instituto Emory para el Desarrollo de Fármacos y del Centro Médico de la Universidad de Washington. Recibió financiación del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) de los Institutos Nacionales de Salud (NIH).














