
El asma alérgica no es una barrera para hacer ejercicio. Al contrario, la actividad física regular puede mejorar la función pulmonar, reducir la frecuencia de las crisis y disminuir la inflamación en las vías respiratorias, siempre que se practique con las precauciones adecuadas.
Así lo explicó la Dra. Jurairat Molina, especialista en medicina interna y afiliada al Baptist Health Doctors Hospital (Miami, Estados Unidos), en el portal de salud Verywell Health, donde detalló ocho consejos prácticos para que las personas con asma alérgica puedan ejercitarse de forma segura y sostenida.
De acuerdo con la especialista en alergología e inmunología, la evidencia científica demuestra que el ejercicio regular mejora los síntomas generales del asma en lugar de agravarlos.

Entre los beneficios documentados figuran la mejora de la función pulmonar, el aumento de la capacidad de ejercicio, la disminución de los síntomas y las crisis asmáticas, y una reducción de la broncoconstricción inducida por el esfuerzo, que es el estrechamiento de las vías respiratorias durante la actividad física.
Según detalló, el ejercicio también contribuye a reducir la inflamación en las vías respiratorias, disminuye la sensibilidad a los alérgenos y mejora los síntomas de depresión y ansiedad, condiciones que suelen coexistir con el asma crónica.
“Para evitar el asma inducida por el ejercicio, dosifique su actividad, escuche a su cuerpo para encontrar lo que le funciona mejor, manténgase hidratado y hable con su médico para desarrollar un plan de acción personalizado”, recomendó la especialista.
Ocho consejos para ejercitarse con asma alérgica

- Ejercicio en intervalos cortos: de acuerdo con la Dra. Molina, las actividades prolongadas que requieren resistencia sostenida pueden aumentar los síntomas en algunas personas. Caminar, correr, andar en bicicleta o nadar durante 20 a 30 minutos, dos o tres veces por semana, beneficia la salud general sin incrementar el riesgo de crisis. Los intervalos cortos permiten mantener la actividad cardiovascular sin sobrecargar las vías respiratorias.
- Calentar previamente: según detalló, dedicar entre cinco y diez minutos al calentamiento antes de comenzar el ejercicio puede prevenir los síntomas del asma inducida por el esfuerzo. La recomendación es comenzar a un ritmo lento y alcanzar el 50% del ritmo máximo de forma gradual, con el objetivo de aumentar la respiración y la frecuencia cardíaca sin provocar síntomas.
- Tratamiento preventivo antes del ejercicio: señaló que los inhaladores de alivio rápido deben tomarse entre 10 y 15 minutos antes de comenzar la actividad física, con una efectividad de hasta cuatro horas. Los inhaladores de acción prolongada, en cambio, deben usarse 30 minutos antes y son efectivos hasta 12 horas, aunque pueden perder eficacia si se utilizan todos los días antes del ejercicio. La especialista subrayó la importancia de consultar con el médico antes de modificar cualquier pauta de medicación.
- Llevar el inhalador siempre: los síntomas del asma no siempre son predecibles, por lo que la médica recomienda tener el inhalador a mano en todo momento durante la actividad física, ya sea en una caminata al aire libre, una clase de spinning o una sesión de ciclismo.
- Controlar los niveles de polen y la calidad del aire: de acuerdo con Verywell Health, un índice de calidad del aire (ICA) superior a 101 resulta perjudicial para las personas con asma y desaconseja las actividades extenuantes al aire libre. La especialista también recomienda evitar el ejercicio exterior cuando los niveles de polen son altos, especialmente para quienes tienen identificado el polen como desencadenante de sus síntomas.
- Entrenamiento de fuerza como alternativa segura: levantar pesas tiene menos probabilidades de provocar síntomas de asma inducida por el ejercicio en comparación con las actividades de resistencia prolongada. El entrenamiento de fuerza fortalece la musculatura y mejora la condición física general sin generar la hiperventilación sostenida que caracteriza a los ejercicios aeróbicos de alta intensidad.
- Evitar el aire frío y seco: para algunas personas, el ejercicio en ambientes fríos y secos puede desencadenar síntomas. La especialista recomienda respirar por la nariz o usar una bufanda o mascarilla sobre la boca para filtrar y calentar el aire antes de que llegue a las vías respiratorias.
- Encontrar lo que funciona para cada persona: de acuerdo con la médica, el mejor ejercicio para una persona con asma es aquel que puede practicarse con regularidad sin desencadenar síntomas. Encontrar esa rutina puede requerir prueba y error, pero la especialista advierte que no debe abandonarse el intento, ya que los beneficios del ejercicio sobre el asma están respaldados por evidencia científica sólida.
Cuándo consultar al médico
En este marco, un metaanálisis de 34 ensayos clínicos publicado en la revista científica Journal of Allergy and Clinical Immunology confirmó que el ejercicio aeróbico regular de intensidad moderada mejora el control clínico del asma, reduce la broncoconstricción inducida por el esfuerzo y disminuye la frecuencia de las crisis en adultos y adolescentes.
Es así que existen señales concretas que indican la necesidad de consultar a un profesional de la salud: cuando los síntomas no están bien controlados o empeoran, cuando se utiliza más de un envase de medicamento inhalado al mes, cuando el medicamento deja de aliviar los síntomas de forma eficaz o cuando los valores del medidor de flujo máximo son bajos de forma persistente.














