
Durante los meses fríos, muchas personas creen que el riesgo de deshidratarse disminuye, pero la evidencia científica demuestra que la deshidratación en invierno es más frecuente de lo que se piensa. Las bajas temperaturas reducen la sensación de sed, lo que lleva a una menor ingesta de líquidos, mientras que factores ambientales y fisiológicos propios del invierno incrementan la pérdida de agua corporal, en muchos casos sin que la persona lo perciba.
Expertos del European Hydration Institute destacan que el aire seco, la calefacción y la mayor incidencia de infecciones respiratorias favorecen la evaporación de agua a través de la piel y las vías respiratorias. Durante el invierno, la exhalación de aire caliente en ambientes fríos genera una pérdida significativa de humedad, incluso cuando el sudor es menos evidente que en los meses cálidos. Según la Mayo Clinic, el organismo continúa perdiendo líquidos por la orina, la transpiración y la respiración, procesos que pueden pasar inadvertidos con temperaturas bajas.
Un informe de la European Hydration Institute indica que el uso intensivo de calefacción en interiores reduce la humedad ambiental, lo que provoca sequedad en la piel y en las mucosas, además de acelerar la deshidratación. Actividades físicas al aire libre en invierno, como correr o practicar deportes de nieve, incrementan la pérdida de agua debido a la respiración acelerada y el esfuerzo físico, aunque la sudoración no sea visible.
Factores que favorecen la deshidratación durante el invierno

Especialistas internacionales advierten que la deshidratación durante el frío puede pasar desapercibida y afectar la salud de manera significativa. Según Yadira Santiago Banuelos, de la Purdue University, la sensación de sed disminuye cerca de un 40% en los meses fríos, lo que incrementa el riesgo de consumir menos líquidos de los necesarios. El aire seco y el aumento de la frecuencia urinaria en invierno contribuyen a la pérdida de agua corporal aunque el sudor no se perciba.
La deshidratación en esta época puede provocar fatiga, dificultad para concentrarse, piel seca y, en casos severos, complicaciones renales. Los expertos recomiendan prestar especial atención a la hidratación en adultos mayores y niños, ya que el riesgo de deshidratación vascular aumenta con la edad, especialmente si no se ajusta la ingesta de agua a las condiciones de la temporada fría. Diversos estudios subrayan la necesidad de implementar estrategias de concientización y prevención para proteger a los grupos más vulnerables durante el invierno
La Mayo Clinic advierte que, en condiciones invernales, el cuerpo puede requerir incluso más agua que en verano por la combinación de aire seco, aumento de la diuresis inducida por el frío y una sensación de sed disminuida. La deshidratación leve se refleja en síntomas como fatiga, dolor de cabeza, dificultad para concentrarse y alteraciones en el ritmo cardíaco. Niños, adultos mayores y deportistas son los grupos más vulnerables, ya que tienden a subestimar la necesidad de hidratarse y pueden llegar a tener síntomas graves antes de identificar el problema.
El portal Euronews Salud señala que la ingesta insuficiente de líquidos durante el invierno puede afectar la función inmunológica, predisponiendo a infecciones respiratorias y dificultando la recuperación ante enfermedades estacionales. Además, una deshidratación crónica podría acarrear consecuencias a largo plazo en la salud cardiovascular y el metabolismo.
Estrategias y recomendaciones para evitar la deshidratación

Los especialistas aconsejan mantener una ingesta regular de agua a lo largo del día, incluso en ausencia de sed, y complementar con infusiones calientes sin cafeína o bebidas nutritivas. Conviene aumentar el consumo de alimentos ricos en agua, como frutas cítricas, manzanas, peras, caldos y verduras de temporada. El control del color de la orina —que debe ser clara y abundante— constituye una forma sencilla de vigilar el estado de hidratación.
El European Hydration Institute recomienda ventilar los ambientes cerrados para evitar la sequedad excesiva y humidificar el aire en caso de uso prolongado de calefacción. Identificar los signos tempranos de deshidratación —boca seca, piel tirante, fatiga, dolor de cabeza, mareos y orina oscura— permite actuar a tiempo para evitar complicaciones mayores.














