
La longevidad tiene distintos aspectos, explican los expertos. Mientras que el lifespan, o esperanza de vida, representa el número total de años vividos por una persona y el healthspan es la cantidad de tiempo transcurrido en buen estado físico y cognitivo, ha surgido un nuevo concepto: el thirdspan.
“El mayor predictor de salud en la vida adulta no es el colesterol ni la exposición al frío, sino la calidad de las relaciones personales”, asegura la gerontóloga y coach de liderazgo Barbara Waxman en una charla TEDx.
Enfatizó que, a partir de la mediana edad, el foco debería desplazarse hacia la promoción de atributos como el propósito, la mentalidad positiva, los lazos afectivos y la alegría: las claves del thirdspan, un pilar adicional que pone en foco la calidad emocional y relacional para un envejecimiento saludable.
En las últimas décadas, la expectativa de vida humana ha experimentado un aumento de 30 años, un avance atribuido principalmente al mayor acceso a agua potable, vacunas y antibióticos, de acuerdo con Waxman. Este incremento, sin embargo, plantea una pregunta crucial: ¿más años vividos son necesariamente mejores años?

Según la experta, solo el 20% de nuestra longevidad está determinado por la genética, mientras que el 80% restante depende de nuestras elecciones de vida y los progresos en salud pública. Esta proporción resalta que la duración de la vida humana está en manos de factores modificables y acciones individuales, más allá de la herencia biológica.
Waxman explicó que el thirdspan abarca el estado mental, el propósito vital, las relaciones personales y la alegría. Estos factores inciden tanto en la salud mental como en la física, configurando la versión más plena de la longevidad, según la investigadora.
Estudios de gran escala demuestran que la soledad y la baja calidad en las relaciones sociales aumentan el riesgo de mortalidad, equiparándose en impacto a factores tradicionales como la mala alimentación o el tabaquismo.
En coincidencia con Waxman, Graciela Zarebski, directora del Instituto Iberoamericano de Ciencias del Envejecimiento, afirmó a Infobae que el mayor porcentaje de lo que sucede en el curso de la vida depende de las condiciones ambientales y, entre ellas, el factor actitudinal es el que menos se toma en cuenta.

Sin embargo, la doctora en Psicología avisó: “De nuestra actitud frente al proceso de envejecimiento dependerá gran parte de las decisiones que tomemos: la motivación para el autocuidado, el modo en que vayamos construyendo nuestros vínculos, para evitar la soledad no deseada en la vejez y lo previsores que seamos en el armado de lo que denomino la ‘reserva humana’“.
En ese sentido, enumeró cómo se compone: “Una reserva de vínculos, de recursos cognitivos, de cuidado del cuerpo y de las emociones, a partir del propio sentido que deseamos darle a nuestra vida -nuestra reserva espiritual- anticipándonos a las carencias que nos podrán atravesar en nuestros años tardíos».
Por su parte, la licenciada María Paula Castro, psicóloga del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Austral (MN 27846), explicó a Infobae que al hablar de longevidad, no solo hay que pensar en la posibilidad de vivir más años, sino de poder vivirlos de la mejor manera posible, tanto física como mentalmente.

“Para alcanzar una buena longevidad es importante tener en cuenta varios pilares que influyen en la manera en que vivimos y envejecemos, como la alimentación, el descanso, la actividad física, la salud mental y las relaciones sociales. Estos factores están conectados, por ejemplo, si hacemos actividad física y nos alimentamos de forma consciente. Aumenta nuestra energía y nos sentimos mejor anímicamente, lo que favorece la salud mental y mejora el funcionamiento cognitivo».
Por otra parte, señaló que la vida social, las relaciones afectivas y el intercambio con los demás ayudan a reducir el estrés y combaten la soledad, que puede ser motivo de muchas enfermedades, estimulan la creatividad y favorecen un estado de ánimo positivo.
“En general, los vínculos estimulan el sentido de pertenencia y propósito, lo que impacta directamente en el entusiasmo, la motivación y la calidad de vida. Las relaciones sociales no solo mejoran la autoestima y enriquecen la vida afectiva, sino que también están asociadas a una mayor longevidad y compromiso con la vida», indicó la experta.
Los pilares de la longevidad

“Es fantástico vivir hasta los 100 años”, afirmó Tim Peterson, director ejecutivo de Healthspan Technologies, una startup centrada en el envejecimiento saludable, pero no tanto “si vives los últimos 30 años con mala salud”. En consecuencia, lo importante es lo que se denomina healthspan.
El primer aspecto de la longevidad es la esperanza de vida o lifespan. La licenciada Castro definió: “El lifespan se refiere a la cantidad total de años que puede vivir una persona, es decir, a la duración de la vida. Este concepto, no tiene en cuenta la calidad de vida, ni la forma en la que se viven esos años. Se refiere solo a la cantidad, es un término puramente cuantitativo. Una persona puede tener un lifespan largo, pero no haber vivido esos años con bienestar o buena salud».
El healthspan, en cambio, se refiere a la calidad de los años de vida en términos de salud, es decir, “cuánto tiempo de la vida vivimos con buena salud, sin enfermedades, autónomos e independientes, con buen funcionamiento físico y mental”, explicó la psicóloga.
Y completó: “La doctora Waxman propone un tercer término, el thirdspan, que incluye un análisis en torno a lo emocional. Cómo vivimos esos años de vida en relación al disfrute, a tener un propósito, a la calidad de nuestras relaciones sociales, el tipo de vínculos que entablamos y cómo nos relacionamos con la vida en términos afectivos. No solo alcanza con vivir una vida larga y sana desde lo físico, sino que es fundamental vivir una vida con sentido y motivación».

Waxman describió a ese “tercer periodo” de la longevidad como el bienestar mental y emocional durante esos años de envejecimiento.
El thirdspan abarca la mentalidad, el propósito, las relaciones y la alegría, factores clave que generan bienestar emocional y psicológico y que contribuyen no solo a la salud mental, sino también a la longevidad.
Para la doctora Zarebski, no es necesario inventar un nuevo término como thirdspan, “ya que, cuando hablamos de longevidad saludable -y así lo define la propuesta del Decenio 2021-2030 de la Organización Mundial de la Salud, implica desarrollar la capacidad funcional, que es la interrelación entre las capacidades físicas y mentales en interjuego con el entorno».
Y agrega: “Se trata de lo que la persona desea ser y hacer con su vida. Al hablar de longevidad saludable ya estamos incluyendo el bienestar subjetivo y las decisiones que la persona encare para lograrlo».
Cómo influyen la mentalidad y las relaciones en la salud física

Waxman mencionó investigaciones que documentan el efecto tangible de la percepción y los vínculos en el bienestar físico. En un estudio, a un grupo de trabajadoras de hotel se les informó que sus labores diarias cumplían con las recomendaciones de actividad física de la Oficina del Cirujano General. Cuatro semanas después, estas personas mostraron mejoras medibles en presión arterial y grasa corporal, a pesar de no haber modificado su rutina.
De acuerdo a la licenciada Castro, la salud emocional es fundamental e influye en varios aspectos de la vida, sobre todo en la posibilidad de lograr una buena longevidad.
“No solo se refiere a la posibilidad de mantener un ánimo estable, conectar con el disfrute, tener un sentido de propósito y entablar relaciones afectivas saludables, sino que tiene un impacto directo en el cuerpo. Por ejemplo, tanto la soledad como el estrés crónico pueden ser causa de deterioro en la salud y aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades. En cambio, cuando una persona tiene buena salud emocional, bajos niveles de estrés y sentimientos de bienestar, su organismo puede reforzar el sistema inmunológico y funciona de manera mucho más efectiva frente a determinados problemas de salud», describió Castro.
Estrategias para cultivar el thirdspan

El thirdspan se considera un componente esencial para el florecimiento personal. Waxman propone estos tres pasos para cultivarlo:
- Registrar momentos de alegría durante 30 días: “En una cultura que prioriza la productividad y el rendimiento, prestar atención a los momentos de alegría puede ayudarnos a cambiar nuestra perspectiva hacia una dirección positiva y a experimentar más optimismo en nuestro día a día”, reflexionó.
- Mejorar dos relaciones: Comunicarse con alguien con quien se ha perdido el contacto y retomarlo. A la vez, establecer límites saludables en torno a una relación o situación que produzcan agotamiento.
- Identificar nuestro propósito: “Quizás sea escalar una montaña, ver a tu nieto graduarse, fortalecer tus amistades o dedicarte a una pasión que le dé sentido a tu vida. Escribir estas razones te recordará lo que realmente te importa”, recomendó la experta.

“Estos tres pasos pueden ayudarte a definir tu tercera etapa vital y a conectarte con el sentido más profundo del propósito que hay detrás de tu búsqueda de la longevidad”, dijo Waxman. “En última instancia, la cuestión no es simplemente cuánto tiempo vivimos, sino cómo elegimos vivir los años que se nos han concedido”, concluyó.
Según la doctora Zarebski el desafío de una longevidad saludable es ir construyendo esa autonomía desde joven, “a partir de nuestros deseos y proyectos, en equilibrio con las limitaciones que la vida nos va poniendo, de modo de ir transformándonos y reinventándonos, a partir de una identidad flexible», recomendó.
La especialista afirmó que los factores psíquicos protectores, indicadores de una identidad flexible, son una guía para la construcción de esta reserva humana.
Esto se logra a partir de la disposición al cambio y el autocuestionamiento que acompaña a la autoindagación reflexiva, lo que cimenta la riqueza psíquica y la creatividad.

“Esta reserva emocional, cognitiva y espiritual ayuda a prevenir enfermedades, a ejercer el autocuidado, a adaptarse gradualmente a los cambios corporales y a aceptar la finitud de la vida. Además, permiten compensar pérdidas con ganancias, en la medida en que se haya formado una reserva diversificada de vínculos, intereses y proyectos, incluida la riqueza de los vínculos intergeneracionales», destacó Zarebski.
Finalmente, la licenciada Castro dijo que para cuidar la salud mental durante el envejecimiento, recomiendan “cultivar relaciones de calidad y mantener un contacto social frecuente. No aislarse. Es muy importante también mantenerse activo a través de actividades que estimulen el cuerpo y la mente para preservar la autonomía e independencia. Es fundamental encontrarle sentido a la vida a través de un propósito, una meta, un proyecto. Hay que tener ilusiones, planes. Las ilusiones son el motor para salir de la cama por la mañana y conectar con la vida. Todo esto ayuda al bienestar emocional y cuida la salud mental».
También destacó que es importante no perder el humor, reírse, tener actitudes positivas que conecten con el disfrute y el placer. “Ser agradecido ayuda mucho también, la gratitud es una gran aliada de la salud mental porque ayuda a enfocar la atención en lo positivo, en lo que se tiene, en lugar de centrarse únicamente en lo que falta o en lo negativo. Esto promueve un estado de ánimo más estable, reduce el estrés y estimula emociones como la calma, la satisfacción y la alegría».














