
Un operativo realizado este sábado por la Policía de la Ciudad derivó en la detención de un camionero en el barrio porteño de Caballito, tras descubrirse que transportaba cerca de 400 litros de ketamina líquida. El valor de la sustancia decomisada, según datos confirmados a Infobae por fuentes policiales, asciende a USD 1,5 millones.
La organización de este operativo tuvo lugar alrededor de las 14 en Avenida Alberdi al 500, donde los agentes detectaron la presencia de un camión Scania con matrícula paraguaya estacionado en doble fila. El conductor, de aproximadamente treinta años y acompañado en ese momento por otro hombre, llamó la atención de los efectivos debido a su actitud sospechosa. La ketamina decomisada se hallaba oculta en uno de los tanques del camión.
Según Harvard Health, la ketamina “es un tipo inusual de droga psicodélica —conocida como disociativa— cuya popularidad ha aumentado considerablemente”.

Ketamina: usos médicos, comercio ilícito y efectos en la salud física y mental
De acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos, se trata de un compuesto químico empleado como anestésico en medicina humana y veterinaria, desarrollado originalmente como alternativa a la fenciclidina (PCP). Se comercializa legalmente en el ámbito médico, pero existe también una creciente producción y distribución ilícita. En estos mercados paralelos, la droga se encuentra tanto en polvo como en solución líquida y se consume por diferentes vías: puede mezclarse en bebidas, fumarse junto a marihuana o tabaco, inhalarse en polvo o inyectarse por vía intramuscular.
Según la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), la ketamina puede inducir efectos psicoactivos notables, alterando la percepción, el estado de ánimo y la conexión con el entorno: “Las personas que toman ketamina pueden experimentar cambios en la forma en que perciben la realidad, incluidos sentimientos intensos de disolverse en su entorno o estar completamente desconectados de éste”. Este fenómeno se intensifica con dosis elevadas, que pueden derivar en lo que los usuarios denominan “agujero k”, un estado de disociación profunda caracterizado por confusión e inmovilidad.
En el sitio de la FDA han postulado: “La ketamina está aprobada por la FDA para su uso como anestésico en humanos y animales. Un medicamento fabricado de ketamina, llamado esketamina, está aprobado por la FDA para la depresión resistente al tratamiento. La ketamina también se ha fabricado ilegalmente durante décadas como droga recreativa”.
Sin embargo, la ketamina en sí no tiene aprobación para trastornos psiquiátricos y solo se utiliza en clínicas especializadas cuando han fallado otros tratamientos tradicionales, como detalla Harvard Health.

La FDA advierte de que el uso no regulado de ketamina conlleva riesgos graves. Los efectos secundarios a corto plazo pueden incluir dolor de cabeza, mareos, somnolencia, alteraciones del habla, entumecimiento, visión borrosa, náuseas, aumento de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca. Los riesgos escalan cuando la droga se combina con otras sustancias, especialmente opioides o el GHB, lo que puede provocar depresión respiratoria aguda, un cuadro potencialmente mortal.
Un estudio patrocinado por el NIDA (National Institute on Drug Abuse) reveló que los incidentes relacionados con la ketamina reportados a centros de control de intoxicaciones en Estados Unidos aumentaron un 81% entre 2019 y 2021. Según el análisis, la mayor parte de los casos con desenlace grave involucró el consumo simultáneo de ketamina y otras drogas ilegales.
El uso prolongado o excesivo de la droga está vinculado a problemas de memoria, episodios de depresión, ansiedad y psicosis. Las secuelas pueden extenderse durante semanas aun después de la abstinencia, como describen los hallazgos mencionados por la FDA. La ketamina tiene una capacidad adictiva cuando se utiliza de forma recreativa, generando dependencia física y psicológica en usuarios frecuentes.
En el plano físico, el impacto no se limita al sistema nervioso. El doctor Enrique de Rosa Alabaster escribió anteriormente en Infobae que el consumo regular de ketamina también afecta de manera significativa al sistema renal y urinario. Son cada vez más frecuentes las afecciones vesicales y las complicaciones urológicas asociadas al abuso de esta sustancia, incluyendo cuadros dolorosos conocidos como “k-cramps” y la llamada uropatía inducida por ketamina, que puede manifestarse con síntomas similares a los de una infección urinaria y, en casos crónicos, con lesiones vesicales graves.

Harvard Health ha precisado: “La ketamina no cura la depresión; más bien, mejora los síntomas durante un tiempo determinado”. El carácter no curativo de la intervención es uno de los elementos recurrentemente subrayados por los especialistas.
A pesar de los avances en la investigación de sus potenciales usos médicos, la ketamina fabricada o comercializada ilícitamente continúa siendo un agente psicoactivo con riesgos elevados de daño agudo y crónico. Como concreta el doctor De Rosa Alabaster, “el efecto ‘recreacional’ inocuo sobre el psiquismo es en realidad la fantasía de una psique sin un organismo completo sometido a la agresión de la droga”. Esto enfatiza la dimensión sistémica del daño, que trasciende los síntomas neuropsiquiátricos habituales e incluye secuelas orgánicas potencialmente graves.