En una entrevista en Infobae en vivo, el médico gastroenterólogo Facu Pereyra sostuvo que muchos síntomas de ansiedad, insomnio y alteraciones del ánimo pueden estar relacionados con el estado del intestino.
En diálogo con el equipo de Infobae a la Tarde, integrado por Manu Jove, Maia Jastreblansky, Paula Guardia Bourdin y Lara López Calvo, Pereyra advirtió: “La ansiedad es intestinal. Hace poco se descubrió que muchas personas que tienen insomnio, ansiedad, tristeza, inclusive autismo, neblina mental, visión borrosa, cefaleas, tienen su origen en el intestino”. Para el especialista, el intestino “funciona como un filtro que deja pasar lo bueno y no permite que pase lo malo”, pero cuando ese filtro se altera por el estrés, el gluten, los lácteos, antibióticos o analgésicos, “empiezan a filtrar toxinas que inflaman el cerebro”.
Facu Pereyra sobre el método de reseteo intestinal
El especialista detalló su estrategia para abordar estos cuadros: “Diseñamos un método de limpieza intestinal que se llama reseteo intestinal, que pone a descansar el intestino durante siete días, lo sana y ahí vemos que muchos pacientes mejoran su salud mental”. Según sus datos, “el 60% de las personas que hacen este programa y que tienen estos síntomas tienen cambios impresionantes en su salud”.
El procedimiento consiste en: “Siete días donde comés sin gluten, sin lácteos, sin azúcar, sin carne, sin frutas ni verduras ni legumbres que tienen FODMAPs, que son azúcares que inflaman el intestino. Básicamente, desayunás y merendás huevos, jamón, nueces, pollo, galletas de arroz, mermelada sin azúcar, manteca de maní y té. Y después almorzás y cenás pollo, pescado, mariscos, arroz, quinua, algunas frutas y verduras como cítricos, kiwi, banana, tomatito cherry, rúcula, zapallo, zanahoria, zapallito”.

Pereyra aclaró que esta dieta apunta a un grupo específico: “No son todas las personas, pero es el 30% de la población, casi 16 millones de argentinos”. Luego de los siete días, “al día ocho empiezan a incorporar un alimento por día para ver cuál es el alimento que les hace mal”. Según su experiencia, el proceso ayuda no solo a la salud mental y digestiva, sino también a superar la adicción al azúcar y la harina que sufre el 20% de la población.
La adicción al azúcar y las harinas según el médico
Consultado sobre cómo identificar una adicción a estos alimentos, Pereyra explicó: “¿Cómo te das cuenta si sos adicto? Porque no podés pasar un día sin comer azúcar y harina. Tenés que salir corriendo de tu casa, agarrar el auto e irte a comprar un alfajor. Eso es adicción”. Además, señaló que “cuando dejás ese alimento sentís malestar, abstinencia, dolor de cabeza, ansiedad, dolor en las piernas”.
El abordaje recomendado es gradual: “Bajamos gradualmente el consumo de azúcar y harina tres, cuatro días para que no pegue tanto la crisis de abstinencia y el lunes la cortamos. Ese lunes sabemos que tenemos que tomar agua con sal, hidratarnos bien, que nos puede doler la cabeza, nos pueden doler las piernas y hay que aguantar dos días”. Al tercer día, según Pereyra, “tu cuerpo deja de desear azúcar y harina, y luego hacés el hábito. Quince días y ya tu cuerpo deja de desear y manejás el permitido a demanda”.
El médico remarcó la importancia de la regla del permitido: “Un permitido sí, nunca dos permitidos seguidos. Si comés un helado hoy, las próximas doce, dieciocho horas vas a tener mucho deseo de comer azúcar o harinas. Si volvés a comer un permitido, ya entrás otra vez en el loop de dopamina”.
Salud mental, microbiota y hongos adaptógenos
Durante la charla, Pereyra desarrolló la explicación fisiológica detrás de esta conexión: “En el intestino hay células enterocromafines y microorganismos llamados microbiota. Cuando estos están saludables, generan un estímulo hacia las células que producen serotonina”. La serotonina, asociada a la felicidad, se produce en el intestino y, a través del nervio vago, influye sobre el cerebro.

Pereyra subrayó: “Cuando nuestra microbiota está saludable y diversa, nuestro intestino genera serotonina. Cuando hay problemas de microbiota, cuando la panza está hinchada, puede ser que tengamos menos serotonina en el cerebro”. La clave, según el especialista, es la variedad: “Comer treinta plantas por semana, frutas, verduras, legumbres, semillas, frutos secos y un alimento fermentado por día”.
Consultado sobre cómo saber si la microbiota está sana, respondió: “La única forma de saberlo es cuando nuestra digestión está imperceptible. Hacer materia fecal en forma de chorizito largo marrón, color chocolate o dulce de leche. Que ningún alimento nos hinche ni nos duela la panza”.
El médico también abordó el uso de hongos adaptógenos: “Son una especie de hongo que ayudan a adaptarse al estrés. El ashwagandha, que se toma a la noche, es el más estudiado. Y después tenemos el reishi, que es el hongo de la ansiedad, y la melena de león, que es el hongo del cerebro”. Sobre su uso, aclaró: “Necesitarías mucho volumen para lograr el efecto terapéutico comiéndolos. En general se usan en tinturas o extractos. Algunas personas que toman mucho ashwagandha podrían retrasar el funcionamiento de la tiroides, pero en general, todas estas cosas tienen que ser guiadas por un médico”.
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