La ansiedad se define como intolerancia a la incertidumbre y constituye un problema creciente de salud pública a nivel mundial (Imagen Ilustrativa Infobae)

La ansiedad es un fenómeno ampliamente discutido por especialistas en salud mental. Según el psicoterapeuta Owen O’Kane, en diálogo con The Guardian, la definición clásica se describe como la intolerancia a la incertidumbre en la vida cotidiana.

El experto subraya que surge especialmente cuando las personas se enfrentan a situaciones inciertas, funcionando como una reacción ante lo desconocido o lo incontrolable. Actualmente, se trata de una de las preocupaciones más grandes en el sistema de salud público mundial.

Una encuesta de la Fundación de Salud Mental del Reino Unido destaca que una de cada cinco personas experimenta episodios de manera constante o frecuente. El mecanismo biológico, de acuerdo con O’Kane, forma parte de la respuesta instintiva de lucha, huida o parálisis, una función evolutiva que ha servido para proteger a los seres humanos en contextos de peligro real.

Basado en su experiencia personal al crecer en Irlanda del Norte durante un periodo de conflicto, el profesional explica que esta reacción es útil para la supervivencia, ya que prepara al cuerpo para responder ante amenazas. Por lo tanto, activa sistemas de alerta y vigilancia que históricamente han sido fundamentales para la seguridad.

Una de cada cinco personas experimenta ansiedad frecuente, según un informe de la Fundación de Salud Mental del Reino Unido (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin embargo, no se trata únicamente de una reacción negativa. Como expone la Dra. Sian Williams, también a The Guardian, esta emoción puede ser una herramienta adaptativa: “Cuando sentimos que no tenemos el control, la ansiedad nos presenta el peor escenario posible para que nos sintamos preparados”. En este sentido, puede ayudar a anticipar y planificar respuestas a situaciones inciertas o potencialmente riesgosas. De este modo, destacan que, en dosis adecuadas, motiva a resolver problemas y afrontar desafíos, actuando como un mecanismo de preparación y autoprotección frente a la incertidumbre.

Cómo enfrentar la ansiedad, etapa por etapa

Afrontarla a cualquier edad requiere estrategias adaptadas a las necesidades y desafíos de cada etapa vital. Los especialistas citados por The Guardian y Yale Medicine coinciden en que, aunque se trata de una respuesta natural y necesaria, existen herramientas específicas para gestionarla eficazmente a lo largo de la vida.

Infancia

En esta fase, la validación y normalización de las emociones son fundamentales. La Dra. Meredith Elkins, citada en The Guardian, recomienda que las familias eviten ver la ansiedad infantil como un defecto y, en cambio, apoyen a los hijos reconociendo sus sentimientos. Es habitual que experimenten episodios en momentos de transición, como el inicio del colegio.

En la infancia, validar y normalizar las emociones es clave para gestionar la ansiedad, evitando que la evasión agrave el problema (Imagen Ilustrativa Infobae)

De este modo, Elkins aconseja resistir la tentación de evitar las situaciones que generan temor, ya que esto puede agravar el problema y reducir las oportunidades para que el niño desarrolle resiliencia. Según Yale Medicine, la terapia cognitivo-conductual y la orientación a los padres son herramientas eficaces, centradas en distinguir entre miedos razonables e irracionales y en desarrollar formas de calmarse. Además, se recomienda observar si las actitudes interfieren con la vida diaria, si la angustia es desproporcionada o si los síntomas persisten por varias semanas, lo que podría requerir intervención profesional.

Adolescencia

La normalización del espectro emocional sigue siendo clave, como indica la experta. Muchos adolescentes tienden a identificarla como parte de su identidad, por lo que es esencial fomentar la reflexión y el diálogo abierto sobre los miedos. Recomiendan a los padres ayudar a explorar la raíz de sus preocupaciones y ofrecer alternativas para afrontar situaciones difíciles.

Además, el manejo de la ansiedad en esta etapa implica establecer límites, sobre todo ante la exposición a redes sociales, que pueden aumentar la angustia. En casos necesarios, integrar la terapia y, eventualmente, la medicación bajo supervisión profesional puede ser útil, aunque la combinación con intervenciones psicológicas es lo más recomendado.

Durante la adolescencia, el diálogo abierto y la regulación en el uso de redes sociales ayudan a manejar la ansiedad juvenil (Imagen Ilustrativa Infobae)

Adultez temprana

A partir de esta etapa, las personas comienzan a enfrentar desafíos particulares relacionados con la independencia y las presiones económicas y sociales. Según la Dra. Lauren Cook en The Guardian, adoptar hábitos saludables como una dieta equilibrada, limitar el consumo de alcohol y azúcar, y realizar actividad física moderada contribuyen al control. La conexión social es otro factor clave: cultivar vínculos fuera del entorno digital y dar prioridad a las relaciones humanas ayuda a reducir la sensación de soledad y los pensamientos ansiosos.

Esta fase también se caracteriza por la decisión de algunos de ser padres. La terapia cognitivo-conductual y los enfoques basados en la atención plena han demostrado ser efectivos para gestionar la ansiedad, especialmente en el periodo perinatal. Además, Cook recomienda proteger el sueño y buscar apoyo en la red de allegados.

En la adultez, hábitos saludables y mantener vínculos sociales robustos son dos factores fundamentales para controlar la ansiedad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Edad madura

Aquí, los expertos lo llaman la “generación sándwich” (cuidar a hijos y padres mayores) al estrés asociado.

La profesora Aimee Spector y la psicoterapeuta Julia Samuel, en diálogo con el medio, subrayan la importancia de las redes de apoyo y la amistad, aun cuando las obligaciones laborales y familiares dificultan su mantenimiento.

Una relación disfuncional con la ansiedad puede llevar a vivir en estado de alerta y limitar la calidad de vida diaria (Imagen Ilustrativa Infobae)

La perimenopausia y la disminución de la testosterona pueden aumentar la vulnerabilidad a la ansiedad, por lo que recurrir a la terapia cognitivo-conductual, priorizar el descanso, la exposición a la luz natural y la práctica de ejercicios de respiración o contacto con mascotas resultan estrategias recomendadas. Además, el autocuidado y la reducción de la presión por cumplir múltiples tareas son medidas prácticas para mitigar la preocupación.

Edad avanzada

En la vejez, la salud y el miedo a la pérdida de autonomía se vuelven más frecuentes. Spector explica que fomentar la participación en actividades como volver a grupos sociales o retomar pasatiempos son herramientas importantes.

La terapia cognitivo-conductual también ha mostrado eficacia, aunque persiste la barrera del tabú respecto a la salud mental en algunas culturas. Samuel destaca el valor del diario y la música como herramientas para gestionar el duelo y la inseguridad. Encontrar hobbies que permitan reconectar con uno mismo contribuye a restaurar la sensación de seguridad en la mente, el cuerpo y el hogar.

En la vejez, la ansiedad tiene efectos más fuertes y es importante afrontarla y aprender a convivir (Imagen Ilustrativa Infobae)

Consecuencias de una relación disfuncional

Implica vivir en un estado de constante alerta y vigilancia, según el psicoterapeuta Owen O’Kane. Las personas que experimentan este patrón suelen percibir peligro o amenaza en situaciones cotidianas, lo que puede llevar a que pase de ser una herramienta adaptativa a convertirse en una limitación significativa de la vida diaria. El profesional señala que esta disfunción puede provocar que los pensamientos ansiosos controlen la forma en que las personas viven y toman decisiones, afectando tanto su bienestar mental como sus relaciones y actividades.

La Dra. Sian William advierte que luchar contra esta condición o intentar evitarla no solo no elimina el problema, sino que puede intensificarlo. Este enfoque reactivo puede resultar contraproducente, ya que la evitación priva a la persona de la posibilidad de aprender a manejar la ansiedad de manera saludable. En contraste, gestionarla implica aceptar su presencia y emplear estrategias que permitan convivir con ella, transformando la ansiedad en una aliada que ayuda a anticipar y prepararse para situaciones inciertas, en lugar de dejar que limite la vida diaria.

Si bien cada etapa de la vida afronta de distinta manera la ansiedad, las estrategias son parecidas y en muchos casos requieren de terapia. No obstante, mantener hábitos saludables, priorizar el descanso o apoyarse en personas cercanas reducen el impacto en la vida diaria.