Casi el 50% de la población mundial vive en áreas donde la contaminación atmosférica supera los umbrales críticos de partículas finas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La calidad del aire influye directamente en los beneficios del ejercicio físico. Un estudio internacional reveló que la contaminación atmosférica por partículas finas reduce el efecto protector de la actividad física regular. Más de 1,5 millones de adultos de distintos países participaron en la investigación, que se extendió durante más de una década.

De acuerdo con estudios publicado por la revista científica Science Day, los investigadores observaron que quienes viven en zonas con alta contaminación experimentan una reducción significativa en la protección frente a la mortalidad y enfermedades cardíacas, aunque el ejercicio sigue aportando beneficios. El equipo se centró en la exposición prolongada a PM2.5, –partículas de menos de 2,5 micrómetros de diámetro-, que penetran profundamente en los pulmones.

En este contexto, los datos muestran que el beneficio del ejercicio disminuye cuando los niveles anuales de PM2.5 alcanzan o superan los 25 microgramos por metro cúbico. Casi la mitad de la población mundial reside en áreas donde la contaminación supera estos valores.

Menor protección ante altos niveles de contaminación

En primer lugar, los participantes que realizaron al menos dos horas y media de ejercicio moderado a la semana registraron un riesgo de muerte un 30% menor que quienes permanecieron inactivos. Sin embargo, en entornos con PM2.5 elevados, este efecto protector cayó al 12-15%. Cuando los niveles de contaminación superaron los 35 μg/m³, la reducción del riesgo resultó aún menor, sobre todo en muertes por cáncer.

Expertos recomiendan mantener la actividad física al aire libre, pero elegir rutas con menos tráfico y controlar la calidad del aire en días críticos. (Jenifer Nava/Infobae)

Además, el estudio advierte que el 36% de la población mundial vive en regiones donde los promedios anuales de PM2.5 superan los 35 μg/m³. En el Reino Unido, los niveles promedio de estas partículas alcanzan los 10 μg/m³, pero las ciudades pueden superar los umbrales críticos en episodios de contaminación.

Por otro lado, los expertos enfatizan que el ejercicio al aire libre sigue siendo recomendable. Controlar la calidad del aire, elegir rutas con menos tráfico y reducir la intensidad en días de alta polución puede maximizar los beneficios del ejercicio y proteger la salud.

Impacto de la contaminación en la salud mental y el rendimiento físico

Además, investigaciones recientes publicadas en la revista Environmental Health Perspectives muestran que la exposición crónica a la contaminación por partículas finas no solo afecta la salud cardiovascular, sino que también incrementa el riesgo de ansiedad y depresión. Los resultados indican que los días con mayor concentración de PM2.5 se asocian con disminución del rendimiento físico y mayor prevalencia de síntomas relacionados con el estrés y el malestar emocional.

La exposición a niveles de PM2.5 superiores a 25 μg/m³ disminuye el efecto protector del ejercicio sobre la salud cardiovascular y la mortalidad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Limitaciones y recomendaciones para la salud pública

Asimismo, los autores señalan que la mayoría de los datos proviene de países de altos ingresos y que faltan estudios sobre regiones más contaminadas y de bajos recursos. La investigación no incluyó información sobre calidad del aire interior ni sobre dieta, aunque ajustó resultados según ingresos, educación y antecedentes de salud.

Al mismo tiempo, la colaboración internacional incluyó investigadores del Reino Unido, Estados Unidos, Australia y Asia, y contó con financiación de organismos del Biobanco del Reino Unido. El análisis británico empleó datos individuales de registros médicos y hábitos de vida.

Por último, los autores concluyen que el ejercicio regular y el aire limpio son esenciales para un envejecimiento saludable. Mejorar la calidad del aire puede multiplicar los efectos positivos de la actividad física y reducir el riesgo de enfermedades crónicas a nivel global. La promoción de hábitos activos y políticas de control ambiental resultan clave para proteger la salud pública en un mundo cada vez más urbanizado y expuesto a la contaminación.