
La actividad física aporta beneficios que van más allá del aspecto estético. Practicar ejercicio de forma regular puede aumentar la esperanza de vida y la autonomía, además de prevenir caídas y enfermedades asociadas a la vejez.
Según Sport Life, existen 5 capacidades físicas fundamentales para vivir más y mejor, con ejercicios recomendados para entrenarlas, apoyándose en la evidencia de Nature y las sugerencias prácticas del medio especializado.
Realizar ejercicio rutinariamente influye en mucho más que el peso corporal o el tono muscular. Sport Life señala que su impacto en la mortalidad y la calidad de vida es notable, sobre todo en personas mayores.

Entre los adultos de más de 60 años, las caídas representan la segunda causa global de muerte, según la Organización Mundial de la Salud citada por la revista.
Nature respalda este vínculo mediante estudios que demuestran que mantener actividad física desde edades tempranas se asocia a mejores niveles de fuerza, flexibilidad y capacidad aeróbica en la vejez, especialmente en las mujeres. Aunque el estudio de Nature se realizó en Polonia, las conclusiones muestran relevancia internacional.
1. Fuerza de agarre: primera línea de defensa ante caídas
La fuerza de agarre puede resultar crucial al enfrentar situaciones de riesgo. Poder sujetar una barandilla o cualquier objeto en una caída puede evitar lesiones graves, expone Sport Life.
Se recomienda el ejercicio de colgarse de una barra con los pies elevados, procurando mantener la posición el mayor tiempo posible. Lo más adecuado es comenzar con pocos segundos e incrementar progresivamente la duración conforme se gana resistencia.
Fortalecer la fuerza de agarre aporta independencia y, según los estudios citados por Sport Life, está vinculada con mayor supervivencia en edades avanzadas.

2. Equilibrio y propiocepción: la base de la autonomía
El equilibrio depende de procesos neurológicos y de la propiocepción, es decir, la capacidad para percibir la posición corporal. Sport Life subraya que mejorar estas capacidades, con ejercicios como el “avión”—mantenerse sobre una pierna e inclinar el tronco en distintas direcciones—, reduce el riesgo de caídas y facilita la adaptación al caminar por diferentes superficies.
Caminar descalzo o emplear calzado minimalista aumenta la sensibilidad plantar y refuerza el control postural. La evidencia recogida por Nature indica que el equilibrio, la flexibilidad y la movilidad mejoran con entrenamiento físico constante, con efectos más notorios en mujeres.
3. Capacidad de tumbarnos y levantarnos del suelo: fundamental para la autonomía diaria
Ser capaz de levantarse del suelo o de una silla es indicativo de longevidad e independencia, de acuerdo con Sport Life. Pruebas como el “Sit to Stand” y el “Floor to Stand” se emplean para evaluar estas funciones.
Entrenar este aspecto requiere practicar movimientos que combinan movilidad, fuerza y resistencia cardiovascular, ya que repetirlos varias veces pone a prueba la capacidad global del cuerpo.
El ejercicio propuesto es el “burpee”, típico de rutinas intensas, que puede adaptarse según el nivel físico. Comenzar con apoyos y reducir la asistencia gradualmente es la forma recomendada. Mejorar en esta destreza resulta esencial, sobre todo para recuperarse después de una caída sin ayuda.

4. Velocidad de paso: agilidad ante circunstancias imprevistas
La velocidad de paso es decisiva para responder de inmediato ante tropiezos o situaciones inesperadas. Quien puede dar un paso rápido ante una pérdida de equilibrio tiene más probabilidades de evitar un accidente, señala Sport Life.
El ejercicio sugerido es el “step down”, que consiste en bajar de un cajón o escalón, activando la fuerza y el control de rodilla, tobillo y cadera. Así, se refuerza la capacidad de reacción y los músculos necesarios para la movilidad diaria.
5. Fuerza de miembro inferior: clave para la independencia funcional
Desarrollar la fuerza en las piernas proporciona beneficios que van más allá de evitar caídas. Numerosos estudios han señalado su correlación con la mortalidad por todas las causas, ya que tiene una estrecha relación, no sólo con la prevención de caídas, sino también con la mejora del metabolismo, el aumento de sensibilidad a la insulina, la función de nuestro sistema inmunitario, la salud de nuestros huesos y por supuesto, nuestra independencia, afirma Sport Life.
El ejercicio principal sugerido es la sentadilla con pesa rusa tipo goblet, que fortalece muslos, glúteos y caderas. Este ejercicio se puede personalizar, comenzando con poco peso y una altura de cajón adecuada, incrementando la dificultad gradualmente.
La transferencia de esta fuerza a las tareas cotidianas, como levantarse de una silla o recoger objetos del suelo, es significativa. Investigaciones recogidas por Nature demuestran la relación entre la fuerza de las piernas y la funcionalidad en la vejez, especialmente cuando la actividad física comienza desde la juventud.

Recomendaciones y consideraciones sobre calidad de vida
Mantener la actividad física es esencial en todas las etapas de la vida, según coinciden Sport Life y Nature. Sin embargo, los efectos sobre la calidad de vida autopercebida pueden variar entre personas, como indica la investigación recogida por Nature.
La evidencia muestra que quienes han sido activos, en particular las mujeres mayores de 60 años, presentan una mejor condición física, aunque las diferencias en calidad de vida evaluada mediante cuestionarios no siempre son significativas.
Especialistas consultados destacan la necesidad de adaptar el ejercicio al nivel individual y las condiciones de salud preexistentes. Perseverar en la práctica física, ajustando los ejercicios a las capacidades personales, es la mejor vía para mejorar tanto la funcionalidad como la autonomía a largo plazo.
Reforzar el cuerpo a través de la fuerza no solo previene riesgos, sino que también permite disfrutar de una vida más activa y autónoma, posicionando la salud y el bienestar como elementos centrales del día a día.