
La proximidad a plantas nucleares operativas está asociado con un aumento en la mortalidad por cáncer en Estados Unidos, según un estudio nacional liderado por la Harvard T.H. Chan School of Public Health.
Los autores subrayan que estos resultados evidencian la necesidad de seguir investigando los riesgos para la salud de la energía nuclear, en especial en el actual debate internacional sobre energías limpias.
La investigación constituye el primer análisis de este siglo que evalúa la proximidad continua a plantas nucleares en funcionamiento y la tasa de mortalidad por cáncer en todos los condados estadounidenses. El estudio se publicó hoy en la revista Nature Communications.
El equipo, dirigido por Petros Koutrakis, utilizó modelización estadística avanzada para analizar datos oficiales de mortalidad entre 2000 y 2018 y consideró también la existencia de centrales cercanas en Canadá.

La metodología incluyó variables para ajustar posibles factores de confusión, tales como nivel educativo, ingreso familiar, composición racial, temperatura media, humedad relativa, tabaquismo, índice de masa corporal y acceso hospitalario, según explican ambas instituciones.
El estudio concluyó que los condados estadounidenses próximos a plantas nucleares presentan tasas más elevadas de mortalidad por cáncer que aquellos ubicados a mayor distancia, aun tras ajustar los factores socioeconómicos, ambientales y de salud.
Energía nuclear y riesgo de cáncer

De acuerdo con los investigadores, durante los 18 años analizados podrían atribuirse cerca de 115.000 fallecimientos por cáncer en Estados Unidos —lo que representa unas 6.400 muertes anuales— a la cercanía con plantas nucleares. El impacto fue más notable en personas de mayor edad.
Según Koutrakis, “vivir cerca de una central nuclear puede implicar un riesgo medible de cáncer, un riesgo que disminuye al alejarse”.
Ambos organismos remarcan que el efecto observado coincide con estudios previos realizados en Massachusetts, donde se observó un incremento de casos de cáncer en zonas cercanas a plantas nucleares.
El equipo de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard destaca que su investigación difiere de trabajos previos en Estados Unidos, tradicionalmente enfocados en una sola central y su entorno inmediato.
Además, la evidencia internacional ofrece resultados dispares sobre la relación entre energía nuclear y salud, por lo que la necesidad de estudios a gran escala resulta prioritaria, según mencionaron los autores.

Las limitaciones del estudio
Los investigadores advierten sobre limitaciones metodológicas que impiden establecer una relación causal definitiva. El análisis no incluyó mediciones directas de radiación y supuso un efecto igualitario de todas las centrales nucleares, según puntualizan los investigadores.
El estudio surge en un contexto donde la energía nuclear se presenta como alternativa de bajas emisiones frente al cambio climático y diferentes países evalúan su expansión.
La Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard sostiene que profundizar en la investigación sobre los riesgos sanitarios asociados a la proximidad de plantas nucleares resulta esencial antes de adoptar decisiones energéticas a largo plazo.
Críticas de expertos sobre los datos sobre exposición real a la radiación
Expertos externos coinciden, en declaraciones al Science Media Center, en que el estudio comete una omisión fundamental al no medir la exposición real a la radiación. Jim Smith, profesor de Ciencias Ambientales en la Universidad de Portsmouth, sostiene: “Este estudio no aporta ninguna prueba de una relación causal. No hay evidencia de que las dosis de radiación sean significativas para quienes viven cerca de las centrales ni de que cambien con la distancia estudiada”.
Smith remarca que las emisiones de las plantas en funcionamiento normal son “minúsculas” y considerablemente menores que la radiación natural procedente de los rayos cósmicos o del suelo. Añade que es muy probable que la asociación señalada se deba a la incapacidad del estudio para considerar todos los factores de confusión, como el grado de urbanización.
En la misma línea, Richard Wakeford, epidemiólogo de la Universidad de Manchester, Reino Unido, califica el artículo de “sorprendente” por su diseño. El especialista advierte que emplear condados —áreas geográficas muy extensas— para medir la proximidad resulta problemático: “Los datos de cualquier comunidad realmente cercana a una central se ven inundados por el resto del condado. Es un estudio ‘ecológico’ con problemas de interpretación bien conocidos”.