
La radiación ultravioleta (UV) está presente durante los 365 días del año y representa una amenaza para la salud ocular, más allá del calor o la presencia del sol en el cielo. Y en ese sentido, especialistas de Johns Hopkins Medicine advierten que el uso de anteojos de sol con protección adecuada es clave para prevenir una variedad de enfermedades oculares y proteger los párpados, la superficie del ojo y la visión a largo plazo.
Esta recomendación abarca tanto a adultos como a niños, quienes requieren el mismo nivel de protección, incluso en días nublados o en invierno.
Qué daños causa la radiación ultravioleta en los ojos
La radiación ultravioleta afecta diversas estructuras del ojo. Los párpados, la córnea y la conjuntiva son especialmente vulnerables a los efectos acumulativos de los rayos UV.
El optometrista Bryce St. Clair, del Instituto Oftalmológico Wilmer de Johns Hopkins Medicine, señala que la exposición crónica al sol se asocia con la aparición de cánceres de piel, como el carcinoma de células basales y el carcinoma de células escamosas en los párpados. Estas afecciones pueden requerir tratamientos complejos y dejar secuelas funcionales y estéticas.

El pterigión, conocido popularmente como “ojo de surfista”, consiste en una prominencia carnosa que invade la córnea y puede afectar la visión. Esta alteración es frecuente en personas expuestas al sol y al viento de forma continua.
Otra complicación es la fotoqueratitis o “quemadura ocular por el sol”, que se manifiesta con dolor, enrojecimiento, lagrimeo, sensibilidad a la luz, visión borrosa e inflamación. Suele presentarse tras exposiciones intensas, especialmente cuando la radiación se refleja en superficies como nieve, agua o arena.
Cómo actúan las gafas de sol para proteger la salud ocular
Las gafas de sol funcionan como barrera frente a la radiación ultravioleta. El material de las lentes y los tratamientos especiales determinan su capacidad de filtrado. Las lentes de policarbonato ofrecen protección intrínseca frente a los rayos UV, mientras que las de vidrio y la mayoría de plástico requieren un recubrimiento especial para bloquear la radiación.
Según Johns Hopkins Medicine, es fundamental elegir modelos que bloqueen entre el 95% y el 100% de la radiación ultravioleta o que cuenten con la etiqueta “UV 400”.
Las lentes de color marrón, verde o gris son las más eficaces, ya que filtran la radiación sin distorsionar los colores, mientras que las amarillas dejan pasar una mayor cantidad de rayos perjudiciales.

Los lentes polarizados ayudan a reducir el deslumbramiento y los reflejos, lo que resulta útil al conducir o practicar deportes acuáticos, aunque pueden dificultar la lectura de pantallas digitales. El nivel de protección puede verificarse en ópticas y consultorios mediante un fotómetro.
El tamaño de las gafas también influye: los modelos grandes o envolventes cubren mejor el área ocular y los párpados, reduciendo la exposición lateral.
Por qué es necesario usar gafas de sol durante todo el año
La radiación ultravioleta no solo afecta en verano o con el cielo despejado. Hasta el 80% de los rayos UV puede atravesar las nubes y la exposición aumenta cuando la radiación se refleja en nieve, arena, agua u hormigón. Bajo estas condiciones, la radiación puede provocar episodios de “ceguera de la nieve” y agravar lesiones preexistentes.
La protección debe iniciarse en la infancia. Los ojos de los niños filtran menos radiación y son más propensos a los efectos acumulativos a largo plazo. St. Clair subraya que los menores necesitan el mismo nivel de protección que los adultos y recomienda incorporar el uso de anteojos de sol a la rutina diaria desde las primeras etapas de la vida.

En ambientes interiores, la principal preocupación es la fatiga visual derivada de la exposición a la luz de las pantallas electrónicas. Johns Hopkins Medicine aclara que los anteojos con filtro para luz azul pueden aumentar la comodidad durante el uso prolongado de dispositivos, pero no hay evidencia de que prevengan daños oculares o enfermedades.
Para personas con migrañas o sensibilidad extrema a la luz fluorescente, existen alternativas especializadas como las gafas FL-41 con filtro rosa claro, que han demostrado reducir episodios de migraña y molestias asociadas.
El uso habitual de gafas de sol desde la infancia constituye una estrategia efectiva para preservar la salud visual y limitar la acción nociva de la radiación solar sobre los ojos. Elegir modelos certificados, verificar la protección, priorizar el uso diario en cualquier estación y educar a los niños sobre su importancia son medidas esenciales para reducir el riesgo de enfermedades oculares asociadas a la radiación ultravioleta.