
Una dieta rica en vitamina E puede contribuir de forma decisiva a la protección celular y al funcionamiento saludable del organismo. Este nutriente, esencial por su acción antioxidante, está presente en una amplia variedad de alimentos y resulta imprescindible para numerosos procesos metabólicos.
Según la Oficina de Suplementos Dietéticos (NIH), la ingesta diaria recomendada para adultos es de 15 miligramos. Estudios recientes de la Sociedad Americana para el Estudio de Enfermedades del Hígado (AASLD) también destacan su relevancia en la prevención de enfermedades hepáticas, subrayando su capacidad para reducir la fibrosis en pacientes con esteatohepatitis no alcohólica mediante dosis controladas.

Las vitaminas no aportan energía, pero resultan imprescindibles porque sin ellas el organismo no sería capaz de aprovechar los nutrientes de los alimentos. Según la Clínica Universidad de Navarra, una dieta equilibrada suele cubrir las necesidades diarias de todas las vitaminas, sin necesidad de suplementos adicionales. La deficiencia de vitamina E puede producir anemia, alteraciones neuromusculares, cataratas, desórdenes intestinales, fibrosis pulmonar y alteraciones hepáticas graves.
Los beneficios de la vitamina E
La vitamina E agrupa compuestos liposolubles que cumplen una función antioxidante esencial. Según la Oficina de Suplementos Dietéticos (NIH), estos compuestos contribuyen al mantenimiento de la estructura celular, la protección frente al daño oxidativo y el funcionamiento adecuado de los músculos, vasos sanguíneos y sistema nervioso. Además, según la Sociedad Americana para el Estudio de Enfermedades del Hígado (AASLD), la vitamina E demostró eficacia en la reducción de la fibrosis hepática en pacientes con hígado graso no alcohólico, gracias a su capacidad para neutralizar radicales libres y limitar la inflamación.

La deficiencia de vitamina E puede provocar problemas de absorción de grasas, debilidad muscular, alteraciones visuales y un mayor riesgo de infecciones. El consumo regular de alimentos ricos en este nutriente favorece la salud inmunológica, la protección de la piel y la prevención de enfermedades crónicas. Healthline señala que la vitamina E actúa como defensa contra el envejecimiento celular, mientras que la Clínica Universidad de Navarra detalla su papel en la prevención de la oxidación de constituyentes celulares y en la formación de productos tóxicos.
25 alimentos ricos en vitamina E
Existen numerosos alimentos que destacan por su contenido en vitamina E. Según la Oficina de Suplementos Dietéticos (NIH) y la Clínica Universidad de Navarra, esta es una selección de los principales, con la cantidad de vitamina E expresada en miligramos por cada 100 gramos de producto comestible:

- Aceite de girasol: 48,7 mg
- Avellanas: 26,2 mg
- Almendras: 20 mg
- Aceite de maíz: 11,2 mg
- Aceite de soja: 10,1 mg
- Turrón y mazapán: 9,1 mg
- Maní: 8,1 mg
- Margarina: 8 mg
- Atún, bonito, caballa (en lata en aceite): 6,3 mg
- Pistachos: 5,2 mg
- Aceite de oliva: 5,1 mg
- Mayonesa 4,9 mg
- Palta: 3,2 mg
- Besugo: 2,6 mg
- Espárragos: 2,5 mg
- Calamares y similares: 2,4 mg
- Salmón y trucha: 2,2 mg
- Manteca: 2 mg
- Espinaca: 2 mg
- Choclo (maíz): 1,95 mg
- Huevo de gallina: 1,6 mg
- Soja: 1,53 mg
- Langosta y bogavante: 1,47 mg
- Caballa: 1,25 mg
- Tomate al natural: 1,2 mg

Otras fuentes a considerar incluyen mejillones, queso, mango, albaricoques, nueces, pimientos y moras, según la información detallada por la Clínica Universidad de Navarra. El aceite de germen de trigo, aunque menos común en la dieta diaria, sobresale como la fuente más concentrada: una cucharada aporta alrededor de 20 mg.
De acuerdo con Healthline, los aceites vegetales como el de girasol, maíz y soja, junto con frutos secos y semillas, se encuentran entre los alimentos que más vitamina E aportan. Los vegetales de hoja verde, como espinaca y escarola, las frutas como el aguacate y el mango, y pescados grasos como el salmón y la caballa, también figuran en la lista de opciones recomendadas.

La Sociedad Americana para el Estudio de Enfermedades del Hígado (AASLD) subraya que la vitamina E fue el antioxidante más investigado en el contexto del hígado graso no alcohólico, y su uso clínico responde a la necesidad de limitar la fibrosis y mejorar la función hepática. En el estudio citado por la AASLD, la suplementación permitió revertir daños estructurales en el hígado en un porcentaje considerable de pacientes, siempre bajo supervisión médica.
La mejor estrategia para obtener suficiente vitamina E es mantener una alimentación variada, incorporando aceites en crudo, frutos secos, semillas y vegetales frescos. El aporte a través de alimentos naturales asegura la biodisponibilidad y reduce el riesgo de exceso, que puede producirse con suplementos.