El abandono de un estilo de vida sedentario contribuye a reducir de forma significativa el riesgo de cáncer y enfermedades cardiovasculares, según especialistas en salud (Crédito: Freepiik)

La expectativa de revertir el daño causado por el tabaquismo, el sedentarismo y la mala alimentación es una pregunta recurrente para quienes buscan mejorar su salud tras años de descuido.

La ciencia investiga hasta qué punto el cuerpo humano puede regenerarse tras décadas de exposición a factores de riesgo, y cuáles son los límites de esa capacidad. Según un informe de Men’s Health, el cambio de hábitos puede tener efectos notables incluso en edades avanzadas, aunque el margen de recuperación varía según el órgano, la genética y el entorno.

Simon, un británico de 52 años, decidió cambiar su estilo de vida tras años de consumo excesivo de alcohol y sedentarismo, motivado por la muerte de su madre.

En 2025 abandonó la bebida, comenzó a ejercitarse con regularidad y empezó a controlar su sueño y su presión arterial. Según relató a Men’s Health: “Estaba en camino de sufrir una crisis de salud antes de cambiar de rumbo”.

Factores que determinan la regeneración del organismo

Lorna Harries, profesora de genética molecular en la Universidad de Exeter, explicó que la capacidad del cuerpo para revertir el daño depende de la magnitud del impacto, la edad en la que se producen los cambios y la carga genética. “Aproximadamente un tercio de cómo un individuo experimenta el envejecimiento está determinado genéticamente”, afirmó la especialista.

Cambiar el estilo de vida en edades avanzadas puede mejorar de manera notable la salud y regenerar órganos, aunque los límites dependen de la genética y el entorno (Imagen Ilustrativa Infobae)

El entorno también resulta determinante. Los residentes de zonas acomodadas pueden vivir hasta 13 años más que quienes habitan áreas desfavorecidas, según la profesora Harries. Estos factores influyen en la facilidad para mantener hábitos saludables, desde la alimentación hasta el acceso a espacios para la actividad física.

El impacto del abandono del tabaco y el alcohol

El tabaquismo multiplica por tres el riesgo de morir por cáncer en comparación con quienes nunca fumaron. No obstante, dejar de fumar en cualquier etapa de la vida reduce de manera sustancial ese riesgo.

Un estudio citado por Men’s Health indica que quienes abandonan el tabaco entre los 35 y 44 años evitan hasta un 90% del riesgo adicional de mortalidad por cáncer vinculado al cigarrillo. Incluso, ex fumadores diagnosticados con cáncer presentan una respuesta más favorable al tratamiento y disminuyen el riesgo de mortalidad en hasta un 40%.

Dejar de fumar antes de los 45 años permite evitar hasta el 90% del riesgo adicional de mortalidad por cáncer asociado al consumo de tabaco (Imagen Ilustrativa Infobae)

El hígado, órgano clave en la filtración de toxinas, demuestra una notable capacidad de recuperación. “Si te tomas en serio modificar la dieta y la cantidad de alcohol, el hígado realmente puede regenerarse”, precisó la profesora Harries. Mejoras en el funcionamiento hepático pueden observarse en tan solo cuatro semanas tras el cambio de hábitos.

El efecto acumulativo de los factores de riesgo

Si bien el hígado se distingue por su capacidad regenerativa, la mayoría de los órganos posee células madre que pueden reparar daños importantes siempre que no hayan sufrido deterioros irreversibles.

Según la profesora Harries, incluso personas de entre 60 y 70 años diagnosticadas con diabetes tipo 2 logran mejorar su control glucémico mediante cambios en el estilo de vida.

El concepto de salud es complejo y multifactorial. Enfermedades como la obesidad y el cáncer dependen de una interacción de factores genéticos, ambientales y conductuales.

La obesidad incrementa el riesgo de cáncer al actuar sobre mutaciones genéticas preexistentes, aunque perder peso no garantiza eliminar totalmente ese peligro (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Dr. Nils Halberg, del Instituto de Investigación Médica QIMR Berghofer, explicó a Men’s Health que la obesidad puede actuar como un “golpe” adicional sobre mutaciones genéticas preexistentes, facilitando la aparición de tumores. El interrogante sobre si perder peso elimina por completo el riesgo elevado de cáncer vinculado a la obesidad sigue en estudio.

Colesterol y enfermedades cardiovasculares

El colesterol LDL elevado representa otro desafío. El Dr. Alan Flanagan, investigador de nutrición en la Universidad de Surrey, señaló que la placa puede empezar a acumularse en las arterias desde los 20 años.

La clave radica en la “duración de la exposición” a altos niveles de LDL. Mantener el colesterol bajo permite detener el desarrollo de la placa y, en algunos casos, revertir parte de la ya existente.

Un nivel bajo de colesterol LDL desde la juventud reduce en un 55% el riesgo de enfermedades cardíacas, revelan estudios genéticos analizados por expertos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según Flanagan, los estudios genéticos muestran que la exposición de por vida a niveles bajos de LDL reduce el riesgo de enfermedades cardíacas en un 55%. El especialista remarcó: “Puedes evitar que eso sea un problema cuando tengas 70 años haciéndolo ahora”.

Reducir activamente el LDL suele requerir farmacoterapia, como las estatinas, aunque la prescripción sistemática para personas jóvenes con riesgo elevado aún no es práctica común en el sistema público británico.

El límite biológico de la recuperación

Un estudio divulgado por Men’s Health sugirió que el envejecimiento experimenta dos picos de aceleración, uno alrededor de los 44 y otro de los 60 años. Tras los 50 años, la prevalencia de enfermedades crónicas aumenta considerablemente y un primer diagnóstico puede preceder rápidamente a un segundo.

La profesora Harries lidera la investigación en SENISCA, una empresa biotecnológica enfocada en terapias para revertir el envejecimiento celular. Según detalló, los medicamentos en desarrollo buscan restaurar la funcionalidad de células senescentes.

Los especialistas recomiendan priorizar la dieta mediterránea y el consumo de frutas y verduras coloridas por sus compuestos bioactivos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mientras tanto, recomendó priorizar la dieta mediterránea y la ingesta de frutas y verduras coloridas, cuyos compuestos naturales replican algunos efectos de los tratamientos experimentales.

La evidencia reunida por Men’s Health apunta a que, aunque la genética y el entorno imponen límites, el cuerpo humano conserva una capacidad notable para regenerarse cuando se eliminan hábitos nocivos y se consolidan rutinas saludables.