
Cada año, millones de personas enfrentan un enemigo invisible que altera su vida cotidiana. Los ataques de pánico, las preocupaciones constantes o el miedo a situaciones específicas afectan a uno de cada cuatro adultos en algún momento. Ahora, un estudio internacional acaba de revelar que los trastornos de ansiedad tienen muchas causas genéticas distintas y no dependen de un solo “gen de la ansiedad”, como se pensaba durante décadas.
Esta investigación, publicada en la revista Nature Genetics y liderada por Texas A&M University, King’s College London y la Universidad de Würzburg, analizó la información genética de más de 120.000 personas diagnosticadas y la comparó con la de casi 730.000 individuos sin antecedentes de trastornos de ansiedad.
Lejos de encontrar un único responsable, los científicos identificaron 58 variantes genéticas distribuidas a lo largo del genoma. Cada una aporta un pequeño efecto al riesgo de desarrollar ansiedad, un patrón que recuerda a lo observado en otros trastornos mentales como la depresión. Según explicó Professor Thalia Eley, de King’s College London: “En un momento en que la ansiedad está aumentando en la juventud, resulta esencial comprender qué hace biológicamente vulnerables a algunas personas. Espero que, con el tiempo, datos como estos ayuden a identificar a quienes presentan mayor vulnerabilidad para poder intervenir antes”.

El análisis también reveló que los trastornos de ansiedad comparten bases genéticas con otros problemas de salud mental, incluyendo la depresión, la tendencia al neuroticismo y el trastorno por estrés postraumático, lo que podría explicar por qué suelen presentarse juntos. Esta superposición genética sugiere que existen mecanismos biológicos comunes que afectan distintas condiciones psiquiátricas.
El papel de los genes y las vías biológicas
Una de las pistas más sólidas halladas por el equipo internacional apunta a los genes involucrados en la señalización GABAérgica, un sistema fundamental para la regulación de la actividad cerebral. El GABA es una molécula clave en la inhibición neuronal y ya es el blanco de varios medicamentos ansiolíticos utilizados en la actualidad.
“La investigación aporta evidencia sobre el rol de vías moleculares hasta ahora desconocidas en el origen de la ansiedad, más allá de la señalización GABAérgica”, detalló Professor Jürgen Deckert, de la Universidad de Würzburg. “Estos resultados sientan las bases para futuros estudios en cultivos celulares, modelos animales y también en humanos”.

Aunque el hallazgo de variantes genéticas asociadas con la ansiedad representa un avance importante, los autores del estudio advierten que los test genéticos aún no son herramientas útiles para diagnosticar estos trastornos. La información genética, argumentan, debe verse como una pieza más dentro de un campo de investigación que integra factores biológicos, psicológicos y sociales. Según el comunicado oficial de King’s College London, identificar genes y rutas biológicas implicadas podría llevar a desarrollar tratamientos más personalizados y eficaces en el futuro.
El estudio, iniciado en 2017 en la Universidad de Würzburg y financiado en parte por la Fundación Alemana de Investigación y el Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania, ha logrado consolidar una red internacional de expertos en psiquiatría, neurobiología y psicología. En palabras de Paul Pauli, presidente de la Universidad de Würzburg, “la investigación sobre los trastornos de ansiedad es un ejemplo de cómo la colaboración interdisciplinaria promueve la excelencia en distintos niveles”.

La magnitud del análisis genético
Para llevar a cabo este trabajo, el equipo internacional utilizó datos de 36 muestras independientes, lo que permitió comparar las variantes genéticas presentes en casos y controles a gran escala. La muestra incluyó a más de 120.000 personas de ascendencia europea diagnosticadas con trastornos de ansiedad y cerca de 730.000 sin esos diagnósticos.
“Los trastornos de ansiedad y sus fuentes genéticas han sido menos estudiados que otras condiciones psiquiátricas, por lo que este trabajo amplía de forma considerable el conocimiento disponible”, señaló Professor John Hettema, de Texas A&M University.
El hallazgo de 58 variantes genéticas y la implicación de nuevas vías biológicas abre la puerta a investigaciones más profundas que podrían transformar el abordaje terapéutico de la ansiedad. El equipo investigador subraya que la integración de estos hallazgos con estudios en modelos celulares, animales y humanos permitirá entender mejor la neurobiología de la ansiedad y, eventualmente, diseñar estrategias de tratamiento más precisas.