
Tim Spector, uno de los científicos más citados del mundo y figura central en la investigación del microbioma intestinal, sostiene que la salud del intestino es clave para prevenir enfermedades neurológicas.
En una entrevista con The Diary Of A CEO, el especialista explicó que los avances científicos recientes confirman que el microbioma intestinal influye de manera directa en el cerebro y el estado de ánimo, lo que abre la puerta a nuevas estrategias de prevención y mejora de la salud cerebral a través de la alimentación.

El intestino y el cerebro: una conexión revolucionaria
Durante su conversación con Steven Bartlett, Spector abordó cómo las investigaciones actuales están transformando la visión tradicional, que consideraba el cerebro como un órgano aislado del resto del cuerpo.
“Durante 40 años nos hemos distraído tratando al cerebro como algo distinto al cuerpo”, afirmó Spector en The Diary Of A CEO y añadió que “el sistema es absolutamente holístico: lo que ocurre en el intestino afecta antes que nada al ánimo y la energía”.
El científico explicó que la conexión físico-funcional entre ambos órganos se da a través del nervio vago, por donde “el 80% de las señales van del intestino al cerebro; solo el 20% hace el camino inverso”.
Según los experimentos realizados junto al equipo de ZOE, los cambios en la dieta generan mejoras notables primero en el ánimo y la energía, antes que en otros parámetros medibles. “Esto me hizo ver lo crucial que es lo que ingerimos para la salud cerebral”, subrayó.

Demencia, Parkinson y otros trastornos: lo que la ciencia revela
Spector relató en The Diary Of A CEO cómo la vivencia personal con su madre, diagnosticada de demencia, motivó su investigación en enfermedades cerebrales.
“Si te ocupas de la salud intestinal, reduces el riesgo de demencia casi a la mitad”, explicó, y precisó que la demencia “es una de las grandes preocupaciones actuales porque casi todos conocemos a alguien afectado”.
Con respecto a la enfermedad de Parkinson, Spector señaló que “el 90% de los pacientes tuvieron problemas intestinales diez años antes de los síntomas neurológicos”. Agregó que las mismas proteínas mal plegadas presentes en el cerebro de los pacientes de Parkinson ya están en el intestino años antes, lo que sugiere que “la enfermedad de Parkinson podría prevenirse con una dieta favorable al intestino”.
Sobre la herencia genética en estas patologías, el investigador indicó: “En grandes estudios solo se identificó una propensión general a padecer enfermedades cerebrales, pero el peso hereditario concreto es bajo salvo algunas excepciones”.

Factores de riesgo: genética, inflamación y dieta
Al analizar los factores que contribuyen al desarrollo de estas enfermedades, Spector se mostró escéptico sobre el papel dominante de la genética. “La predisposición hereditaria a la mayoría de las enfermedades cerebrales comunes es reducida”, afirmó al medio.
En contraste, otorgó un papel central a la inflamación crónica y al desequilibrio en el control de la glucosa como factores decisivos.
Respecto a la inflamación, explicó: “El sistema inmunitario tiene un rol en todas las enfermedades cerebrales estudiadas”.
Destacó que el estrés crónico y las experiencias adversas en la infancia aumentan de manera persistente los niveles de inflamación, incrementando el riesgo de problemas neurológicos en la adultez.

Alimentación y salud cerebral: pautas concretas
En The Diary Of A CEO, Tim Spector compartió una serie de reglas prácticas para cuidar tanto la salud intestinal como la cerebral. Insistió en que “podemos mejorar drásticamente nuestra vida y nuestra salud solo con elegir bien los alimentos”. Recomendó priorizar la diversidad: “Lo esencial es incorporar al menos 30 especies distintas de plantas por semana”.
El científico invitó a “ser conscientes de lo que comemos, revisar las etiquetas e incluso preguntarnos si realmente nos beneficia”. Defendió la inclusión diaria de alimentos fermentados, como yogur, kéfir, sauerkraut, kimchi o kombucha, y sugirió “tres raciones de fermentados al día” por su aporte al microbioma intestinal y su capacidad para reducir la inflamación.
En cuanto a los alimentos ultraprocesados, aconsejó evitarlos, sobre todo los que incluyen conservantes, emulsionantes, saborizantes y edulcorantes artificiales, así como el consumo regular de pan blanco y aperitivos industriales.
Según Spector, “estos alimentos dañan los microbios buenos del intestino y favorecen el sobrepeso”. También destacó los beneficios de los frutos secos variados para la función cognitiva y el estado de ánimo, además del impacto positivo del ayuno intermitente de 12 a 14 horas por la noche.

Al explicar conceptos clave, diferenció el alimento prebiótico (“un fertilizante para los microbios del intestino”) del probiótico (“microbios vivos añadidos, menos efectivos que la variedad de fibras vegetales”). Subrayó la importancia de los polifenoles, presentes en frutas y vegetales de distintos colores, el aceite de oliva, el café y el chocolate amargo.
Más allá del intestino: estilo de vida y prevención
Spector abordó también factores adicionales como la higiene bucal y el entorno social. “Si mantienes una buena higiene dental, reduces el riesgo de demencia casi a la mitad”, manifestó en The Diary Of A CEO, remarcando la relación entre microbioma oral e inflamación cerebral.
La actividad física, el descanso suficiente y una vida social activa también ocupan un lugar relevante en sus recomendaciones preventivas. “Las poblaciones más longevas y felices del mundo tienen rutinas de sociabilidad y disfrutan de pequeños placeres como la sauna”, señaló. Al tiempo que, sobre el estrés, reiteró: “Cuando es crónico es un enemigo invisible; modifica la inmunidad y se refleja en el estado de ánimo y el cerebro”.

Retos, psicología y el futuro de la salud cerebral
Reconociendo la dificultad para mantener hábitos saludables ante la oferta extendida de alimentos ultraprocesados, Spector enfatizó la necesidad de “conocer trucos que ayuden a resistir el entorno alimentario actual”.
Alertó que la disciplina, el conocimiento y la creación de rutinas para evitar tentaciones —como no comprar productos ultraprocesados o cambiar el desayuno— son determinantes para la adopción de nuevas pautas.
“No basta con la información; necesitamos sistemas que faciliten la elección correcta y el abandono de viejos hábitos”, advirtió. Insistió en que el avance científico continuará abriendo caminos para una mejor prevención y autocuidado, con la educación nutricional como eje fundamental.
La convicción de Spector se centra en que transformar la alimentación cotidiana puede generar beneficios reales y sostenibles, potenciando el bienestar y la función del cerebro.