
Aunque la menopausia es un proceso biológico que afecta a la mitad de la población mundial, persisten numerosas ideas erróneas tanto entre pacientes como en el entorno médico. Tal como advierte un reciente artículo de National Geographic, la desinformación prolifera incluso en una época donde el acceso a datos parece ilimitado.
Voces expertas, como la de Makeba Williams, investigadora de la Universidad de Illinois, y la ginecóloga Jen Gunter, alertan sobre el impacto de mitos y consejos infundados que circulan en redes sociales, lo que puede complicar el bienestar y la calidad de vida de millones de mujeres.
En este contexto, la evidencia científica y las recomendaciones de sociedades médicas especializadas son clave para separar la realidad de la confusión. A continuación, se analizan cinco de los mitos más extendidos sobre la menopausia y lo que dicen los estudios actuales.
1. Todos experimentan síntomas similares
Uno de los errores más extendidos es creer que la menopausia se manifiesta igual en todas las mujeres. Aunque los llamados “cuatro síntomas principales” —sofocos o sudores nocturnos, sequedad vaginal, dificultades para dormir y cambios de humor— son los más frecuentes, con más del 80% de mujeres afectadas por sofocos y alrededor de un tercio por sequedad, la lista es mucho más amplia. Makeba Williams detalla que pueden aparecer molestias como picazón en la piel, dolor articular, palpitaciones, mareos, sensación de ardor bucal o intolerancia alimentaria.
Las investigaciones recogen solo una parte de este abanico de síntomas, en parte debido al tamaño limitado de los estudios: en Estados Unidos, los mayores análisis incluyeron unos 3.000 casos y otros apenas a unos cientos.

Además, la perimenopausia suele coincidir con otros problemas de salud o desafíos personales que pueden influir en el estado de ánimo, el cansancio o la claridad mental, sin relación directa con las hormonas. Por eso, Williams recomienda a los médicos realizar una evaluación completa antes de atribuir cualquier síntoma a la menopausia.
2. Las pruebas hormonales confirman la perimenopausia
Actualmente, muchas clínicas ofrecen análisis de hormonas como la folículoestimulante (FSH) y la luteinizante (LH) para diagnosticar la perimenopausia o estimar la fertilidad. Según Williams, estos análisis suelen ser engañosos, ya que los niveles hormonales fluctúan de forma significativa incluso a lo largo de un mismo día, lo que vuelve poco fiable cualquier resultado individual.
El método más certero, según la evidencia, es observar los cambios en el ciclo menstrual: en las primeras etapas de la perimenopausia, la duración del ciclo varía en torno a una semana respecto a lo habitual, y más adelante los períodos pueden espaciarse dos meses o más.
El diagnóstico de menopausia solo se confirma retrospectivamente, después de 12 meses sin menstruación. Respecto a la fertilidad, aunque disminuye a partir de los 40 años, la concepción es posible independientemente de los valores hormonales, y el riesgo de aborto supera el 50% en edades avanzadas.
3. La terapia hormonal es demasiado riesgosa para la mayoría
Según las guías de la Menopause Society, la terapia hormonal es el tratamiento más efectivo para los sofocos y otros síntomas asociados. Es especialmente relevante para las dos terceras partes de mujeres que ven afectada su calidad de vida, el sueño o la concentración.

Sin embargo, la desinformación sobre riesgos, como el cáncer de mama, limita su uso: en una encuesta a 1.500 mujeres, más del 70% reportó sofocos frecuentes, pero solo el 11% utilizaba terapia hormonal; entre las posmenopáusicas, menos del 5%.
La evidencia científica muestra que las mujeres sanas menores de 60 años y dentro de los 10 años posteriores a su última menstruación pueden recurrir a esta terapia con seguridad. Además, se demostró que protege la salud cardiovascular, ya que los sofocos intensos y persistentes se asocian a mayor riesgo de infarto y accidentes cerebrovasculares.
Para quienes no pueden tomar hormonas, existen medicamentos no hormonales que también reducen los sofocos. Por otro lado, las mujeres que atraviesan la perimenopausia antes de los 40 años y no reciben reemplazo hormonal tienen un mayor riesgo de enfermedades cardíacas y óseas.
4. Las hormonas “bioidénticas” son mejores que las farmacéuticas
La publicidad sobre hormonas “naturales” o “bioidénticas” suele prometer más seguridad, pero según Jen Gunter, estas etiquetas no tienen respaldo científico. El estradiol bioidéntico es simplemente estradiol, sin diferencias respecto a los fármacos aprobados.

Las formulaciones personalizadas o compuestas en farmacias no pasan por los controles de calidad exigidos por la FDA. Un artículo de revisión de 2022 concluyó que las hormonas compuestas no han demostrado eficacia para los sofocos y que faltan estudios extensos sobre sus riesgos cardíacos y oncológicos. Gunter advierte, además, sobre el uso de implantes subcutáneos (“pellets”), que pueden contener dosis excesivas.
5. Los suplementos alivian los síntomas de la menopausia
El mercado de suplementos herbales para la menopausia es amplio, pero la evidencia que respalda su eficacia es nula o contradictoria. Stephanie Faubion, investigadora de la Mayo Clinic y directora de la Menopause Society, sostiene que no existen pruebas sólidas de que productos como cohosh negro, soja, onagra u otros ayuden con los sofocos o el ánimo. Por este motivo, la Menopause Society no recomienda el uso de hierbas ni suplementos para la menopausia.
Algunos de estos productos pueden ser incluso peligrosos: el cohosh negro (planta medicinal) puede dañar el hígado, y se detectó que más de una cuarta parte de las muestras analizadas ni siquiera contenían la planta declarada.