Un paciente español con ceguera total logra recuperar visión parcial gracias a una innovadora prótesis visual cortical implantada en el cerebro (Créditos: Universidad Miguel Hernández de Elche)

Un hombre que había perdido completamente la visión logró recuperar parte de su capacidad para ver tras una intervención pionera en España.

El ensayo clínico, impulsado por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) y el Consorcio CIBER-BBN, empleó una prótesis visual cortical basada en microestímulos eléctricos en la corteza visual primaria. Según National Geographic, este caso representa un hito dentro de la neurociencia.

Un avance inesperado para la neurociencia y la discapacidad visual

La investigación, publicada en la revista Brain Communications, abre una vía de esperanza renovada para quienes padecen ceguera total. Por primera vez, se consiguió reactivar parcialmente la visión natural en un paciente tras años de inactividad absoluta de los circuitos visuales cerebrales. El paciente había permanecido al menos tres años en oscuridad completa debido a un daño irreversible en el nervio óptico.

La UMH y el Consorcio CIBER-BBN lideraron el ensayo junto con el Instituto de Bioingeniería de la UMH y científicos como Dorota Waclawczyk, Roberto Morollón y Fabrizio Grani, bajo la coordinación de Eduardo Fernández Jover.

El sistema de microelectrodos implantado en la corteza visual permitió que el paciente perciba destellos de luz, formas simples y movimientos tras tres años de oscuridad total (Créditos: Universidad Miguel Hernández de Elche)

El propósito inicial del ensayo era comprobar la seguridad de la nueva prótesis, más que restaurar la visión funcional. Sin embargo, los resultados superaron todas las expectativas. El paciente experimentó una aparición sostenida de percepciones visuales naturales, hecho que, según la documentación recogida por National Geographic, sorprendió incluso a los propios investigadores.

Cómo funciona la prótesis y qué revela la plasticidad cerebral

La intervención consistió en colocar un pequeño dispositivo directamente en la zona del cerebro encargada de procesar la visión. Se trató de una matriz formada por 100 microelectrodos, capaces de enviar señales eléctricas muy precisas a las neuronas de la corteza visual primaria. En términos simples, el implante actuó como un traductor: reemplazó la información que normalmente llega desde los ojos por estímulos eléctricos enviados directamente al cerebro.

Gracias a esa estimulación, el paciente comenzó a percibir señales visuales básicas, como destellos de luz, formas simples y movimientos. No se trató de una visión completa, pero sí de una recuperación parcial que marcó un cambio radical respecto a la ceguera total que padecía.

Para aprovechar y reforzar estas nuevas percepciones, el hombre participó durante meses en ejercicios de entrenamiento visual. Aprendió a identificar objetos, reconocer letras y seguir movimientos, lo que le permitió ganar mayor autonomía en actividades cotidianas. Según destacó National Geographic, este proceso no solo mostró que la tecnología funciona, sino que también sentó un precedente en el desarrollo de sistemas de visión artificial más eficaces.

Sorprendentemente, parte de las percepciones visuales se mantuvieron tras retirar el implante, señalando la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptarse (Créditos: Universidad Miguel Hernández de Elche)

Uno de los resultados más sorprendentes apareció después de retirar el implante. Contra lo esperado, las percepciones visuales no desaparecieron por completo. Parte de la mejoría se mantuvo incluso sin el dispositivo, lo que sugiere que el cerebro no solo recibió las señales, sino que aprendió a reorganizarse a partir de ellas.

Este hallazgo es clave porque demuestra que el cerebro conserva una notable capacidad de adaptación, incluso tras años de no recibir estímulos visuales.

En otras palabras, las redes neuronales pueden reconfigurarse cuando se las “reactiva” de la forma adecuada. Además, abre la puerta a futuras terapias menos invasivas, como técnicas de estimulación externa, que podrían aprovechar esta plasticidad sin necesidad de implantes permanentes.

Futuro de la visión artificial y retos pendientes

La historia de estos avances se remonta a los experimentos pioneros de Brindley, Lewin y Dobelle, quienes demostraron que la estimulación eléctrica de la corteza visual inducía la aparición de fosfenos (percepciones luminosas). A pesar de ello, los primeros implantes requerían altas intensidades de corriente y solo conseguían una resolución visual limitada.

Los microelectrodos penetrantes recientemente utilizados mejoraron tanto la precisión de la estimulación como la reducción del impacto físico sobre el tejido cerebral. Este progreso técnico ha favorecido el desarrollo de sistemas con mayor adaptabilidad para los pacientes.

El estudio revela que el cerebro conserva plasticidad neuronal incluso luego de años sin estímulos visuales, lo que abre nuevas vías para terapias menos invasivas (Imagen Ilustrativa Infobae)

A pesar del avance, la comunidad científica aún enfrenta preguntas relevantes. Queda por definir cuáles son los parámetros eléctricos óptimos para inducir percepciones visuales y cómo influye la duración de la ceguera previa en la efectividad del tratamiento. El equipo responsable plantea nuevos desafíos, como conocer “cuánta plasticidad conserva el cerebro humano, incluso tras años de privación sensorial absoluta”.

Se vislumbran también posibilidades para la exploración de la estimulación eléctrica transcraneal, una técnica que podría evitar la necesidad de implantes intracorticales y disminuir los riesgos asociados a intervenciones quirúrgicas invasivas.

Un hito para pacientes y ciencia

Más allá de la dimensión científica, este caso representa esperanza para quienes viven con discapacidad visual, al mostrar que el límite entre una pérdida irreversible y la recuperación parcial de la función neurológica podría ser más flexible de lo imaginado. El trabajo del grupo de Neuroingeniería Biomédica de la UMH sitúa a España como referente en la investigación de tecnologías que posibilitan a las personas recuperar grados variables de autonomía mediante visión artificial.

El descubrimiento refuerza la idea de que el cerebro humano puede adaptarse y recuperar funciones ante situaciones que antes se consideraban definitivas. Así, el caso constituye un punto de inflexión en la comprensión y abordaje médico de la ceguera total.

Mientras la investigación avanza y el interés internacional crece, el caso español demuestra que los límites de la ciencia y las capacidades neurológicas continúan en expansión, desdibujando las fronteras entre lo irreversible y lo posible.