Reconocer los síntomas de un ataque cardíaco, como dolor en el pecho o dificultad para respirar, es clave para actuar a tiempo y salvar vidas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La intervención médica rápida es fundamental para sobrevivir a un infarto, según advierte Cleveland Clinic, referente internacional en cardiología. Aunque muchas personas creen que pueden detener un ataque cardíaco con remedios caseros o esperando que los síntomas cedan, esta creencia resulta peligrosa.

Ninguna acción realizada en casa puede reemplazar la atención profesional: únicamente los especialistas y los tratamientos hospitalarios aplicados en los primeros minutos pueden limitar el daño al corazón, evitar secuelas graves y aumentar la probabilidad de recuperación. Actuar sin demora y reconocer los síntomas es esencial para salvar vidas.

Qué es un ataque cardíaco y cuáles son sus causas

Un ataque cardíaco, conocido también como infarto agudo de miocardio, ocurre cuando se produce una obstrucción en alguna de las arterias coronarias que suministran sangre y oxígeno al músculo cardíaco. Esta obstrucción suele deberse a la formación de un coágulo sobre una placa de colesterol (aterosclerosis) previamente existente en la arteria. Al interrumpirse el flujo sanguíneo, el tejido cardíaco comienza a dañarse y, si no se restablece la circulación, ese daño puede ser irreversible.

El riesgo de infarto aumenta en personas con antecedentes familiares, presión arterial alta, colesterol elevado, tabaquismo, diabetes, obesidad o sedentarismo. Además, el estrés y una alimentación poco saludable también contribuyen al desarrollo de la enfermedad coronaria.

El riesgo de ataque cardíaco se incrementa en personas con antecedentes familiares, presión arterial alta, colesterol elevado, tabaquismo o diabetes (Imagen Ilustrativa Infobae)

El tiempo es un factor determinante en la evolución de un infarto. Según el cardiólogo Andrew Higgins de Cleveland Clinic, “cuanto antes se inicie el tratamiento profesional, mayor será la probabilidad de supervivencia y menor el daño al corazón”. La atención médica inmediata es la única vía para restaurar el flujo sanguíneo y salvar tejido cardíaco. Los tratamientos hospitalarios pueden incluir la administración de fármacos trombolíticos, la intervención coronaria percutánea (angioplastia) o, en ciertos casos, la cirugía de bypass coronario.

Reconocer los síntomas: señales de alerta

Identificar los síntomas de un infarto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Los signos más comunes incluyen:

  • Dolor o presión intensa en el pecho, que puede irradiarse hacia el brazo izquierdo, la espalda, el cuello o la mandíbula.
  • Dificultad para respirar.
  • Sudoración profusa, piel fría o pegajosa.
  • Náuseas, vómitos o sensación de indigestión.
  • Mareo, debilidad extrema o pérdida de conciencia.

Es importante destacar que los síntomas pueden variar en mujeres, personas mayores y pacientes diabéticos, quienes a veces presentan molestias atípicas, fatiga inexplicable o dolor abdominal. La aparición de cualquiera de estos síntomas exige actuar sin demora.

Qué hacer y qué evitar ante un posible infarto

Si se sospecha un infarto, la primera medida es contactar de inmediato a los servicios de emergencia. No conviene conducir hasta el hospital, ya que la ambulancia cuenta con personal y equipos preparados para actuar durante el traslado. Mientras llega la ayuda, es recomendable permanecer tranquilo, sentado o recostado, tomar la nitroglicerina recetada o masticar una aspirina de 325 miligramos si no hay alergia y no se dispone del medicamento. Es fundamental evitar remedios caseros, esfuerzos físicos o demoras en pedir auxilio.

Ante la sospecha de infarto, contactar a emergencias y evitar conducir al hospital garantiza una atención más segura y especializada

No se debe intentar técnicas sin base científica, como la “RCP con tos” o el consumo de agua con pimienta de cayena. La reanimación cardiopulmonar solo corresponde si la persona pierde el pulso. El cardiólogo Andrew Higgins de Cleveland Clinic enfatiza que ningún intento personal puede sustituir la intervención médica profesional ante un infarto.

La atención temprana en una unidad coronaria especializada mejora significativamente el pronóstico y reduce la mortalidad.

Prevención y respuesta ante un infarto

La manera más eficaz de evitar un infarto es adoptar hábitos saludables y mantener los controles médicos regulares. Seguir una dieta equilibrada, baja en grasas saturadas y sal, realizar actividad física de manera constante, evitar el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol, así como controlar el peso, la presión arterial, el colesterol y la glucosa, son medidas clave para reducir el riesgo. Además, gestionar el estrés y cumplir con las revisiones médicas periódicas contribuye a una mejor salud cardiovascular.

La atención médica inmediata ante un infarto resulta determinante para limitar el daño cardíaco y aumentar las posibilidades de recuperación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin embargo, incluso con prevención, es fundamental reconocer los síntomas y actuar rápidamente ante cualquier señal de alerta. La reacción inmediata y la búsqueda de atención profesional son determinantes para la recuperación. Detectar los síntomas, evitar remedios caseros y acudir a un centro médico sin demora puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Frente a la duda, la decisión más segura siempre es pedir ayuda médica cuanto antes.