
Diversas investigaciones señalaron que un número significativo de infecciones urinarias podría estar relacionado con el consumo de carne contaminada con bacterias como Escherichia coli (E. coli). Según expertos citados por The Washington Post, esta vinculación generó preocupación en la comunidad médica por su posible impacto en la salud pública.
Estudios realizados en Estados Unidos confirmaron que algunos casos de infecciones urinarias se atribuyen a la manipulación y consumo de carnes contaminadas, lo que refuerza la necesidad de mantener una higiene estricta al preparar estos alimentos.
Relación entre carne contaminada y las infecciones urinarias
La bacteria E. coli es identificada como la principal causa bacteriana de infecciones urinarias. Estas infecciones, que pueden generar molestias intensas y llegar a complicaciones graves en casos poco frecuentes, afectan especialmente a las mujeres.

De acuerdo con un estudio de 2025, cerca de uno de cada cinco casos de infecciones urinarias en el sur de California se asociaron a contaminaciones por E. coli presentes en carnes como pavo, pollo y cerdo.
Investigaciones anteriores ya estimaban que hasta 640.000 infecciones urinarias anuales en territorio estadounidense podrían deberse a variantes animales de esta bacteria. Los expertos advierten que, si bien limitar la exposición a carnes poco cocidas es recomendable, no existe evidencia concluyente de que evitar la carne reduzca el riesgo.
Vías de transmisión y manipulación segura de alimentos
La transmisión de E. coli puede producirse tanto por ingerir carne que no haya sido cocida adecuadamente como por la contaminación cruzada con otros alimentos, superficies o utensilios durante la preparación.
Ellen Shumaker, directora de Safe Plates en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, explicó a The Washington Post que es fundamental lavar las manos con agua y jabón antes y después de manipular carnes crudas. También recomendó separar las carnes de los alimentos listos para el consumo y emplear utensilios diferentes para evitar el traspaso bacterial.
El uso de termómetro para carnes es clave para asegurar que los alimentos alcancen la temperatura interna recomendada. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) estableció que el bistec debe cocinarse a 63℃ (145 ℉) y la pechuga de pollo a 74℃ (165 ℉) para garantizar la eliminación de bacterias.

Factores de riesgo y grupos más vulnerables
Las mujeres presentan una mayor predisposición a desarrollar infecciones urinarias, siendo hasta 30 veces más propensas que los hombres, según la Oficina para la Salud de la Mujer.
Frente a esta tendencia, el profesor Craig Comiter, especialista en urología de la Universidad de Stanford, precisó en las declaraciones compartidas por The Washington Post que la uretra femenina, al ser más corta, permite un acceso más fácil de las bacterias a la vejiga.
Mientras que la profesora Sara Cichowski, experta en uroginecología en la Universidad de Oregon, indicó que la incidencia de infecciones urinarias aumenta con la edad, especialmente después de la menopausia. La disminución del estrógeno debilita la uretra y la vejiga, altera el pH vaginal y modifica la microbiota, incrementando el riesgo de infecciones.
En los hombres, el desarrollo suele vincularse a condiciones como la hiperplasia benigna de próstata, que favorece la retención urinaria y la proliferación bacteriana.

Prevención con buenas prácticas
Los especialistas aconsejaron adoptar rutinas de higiene y manipulación adecuada para disminuir la probabilidad de infecciones urinarias. Lavarse las manos antes y después de tocar carne cruda es fundamental, así como limpiar superficies, utensilios y fregaderos con agua caliente y jabón tras manipular alimentos no cocidos.
Se recomendó separar alimentos crudos de los listos para consumir y utilizar utensilios específicos para cada tipo. Mantener los alimentos bien cocidos, comprobando la temperatura con un termómetro para carnes, refuerza la seguridad alimentaria en el hogar.
Opciones para el tratamiento de las infecciones urinarias
Las infecciones urinarias simples pueden resolverse por sí solas; sin embargo, especialistas como Craig Comiter recomiendan el uso de antibióticos para acortar la duración y evitar complicaciones.
Por su parte, la profesora Cichowski indicó que analgésicos urinarios de venta libre, como la fenazopiridina, pueden aliviar el dolor asociado. Ante síntomas como fiebre, escalofríos, náuseas, vómitos o dolor lumbar, se debe buscar atención médica, ya que estos pueden indicar infecciones más avanzadas.

Alternativas terapéuticas y consideraciones especiales
Como apoyo terapéutico, los comprimidos de arándano ricos en proantocianidinas pueden ayudar a dificultar la adhesión de la E. coli en la pared vesical en ciertos pacientes. Sin embargo, no existe una dosis estándar y la utilidad del jugo de arándano es incierta; expertos como Comiter desaconsejan este último debido a su bajo contenido de compuestos activos y su alta concentración de azúcares.
Para quienes sufren infecciones urinarias recurrentes, la prescripción de metenamina, un medicamento no antibiótico, podría ser efectiva, aunque con posibilidad de efectos gastrointestinales. En mujeres posmenopáusicas, el uso de estrógeno vaginal—en crema, tabletas o anillo—cuenta con respaldo de ensayos clínicos y directrices especializadas para reducir la reincidencia.
Sencillas acciones de higiene, como lavarse las manos antes y después de manipular carne cruda, contribuyen a evitar la propagación de bacterias y pueden ser decisivas en la prevención de infecciones en la cocina.