Por cada suicidio consumado en Argentina se notifican 17,2 intentos no fatales en el sistema oficial (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por primera vez, el Ministerio de Salud de Argentina difundió datos sistematizados sobre intentos de suicidio, recogidos a través del registro nacional y cargados en el sistema oficial de vigilancia sanitaria. Este avance, presentado en el Boletín Epidemiológico Nacional 788 publicado el 29 de diciembre de 2025 transforma el enfoque habitual sobre el suicidio.

Se trata en el sentido más estricto, de información estratégica para prevención, ya que cuando se habla de suicidio, la diferencia entre la reacción tardía y la prevención realmente efectiva, empieza con algo tan simple y elemental como tener datos concretos, sobre lo que antes solo se extrapolaba de estadísticas mundiales o se intuía.

Registrar bien es una condición necesaria para prevenir mejor y esto es especialmente así en temas relegados, como es el caso de la salud mental y en particular el suicidio.

El Sistema Nacional de Vigilancia en Salud (SNVS 2.0), integrado en el Sistema Integrado de Información Sanitaria (SISA), reportó 22.249 eventos entre el 1 de abril de 2023 y el 31 de octubre de 2025. De estos, 20.928 corresponden a intentos sin resultado mortal (95%) y 1.218 a intentos con desenlace fatal (5%). Los datos muestran una proporción de 17,2 intentos no fatales por cada uno mortal.

Sin embargo, estas cifras pueden llevar a la confusión, ya que lo central no es el número bajo de casos mortales, sino lo que permite comprender: los intentos existen, que los mismos se repiten y que hay patrones que pueden ser estudiados para anticiparse a ellos.

Es clave entender que los intentos no deben significar que se minimice el suicidio, sino lo contrario, ya que el intento muchas veces es el último aviso antes del desenlace. Una primera enseñanza es que casos que se tienden a banalizar al no ser “exitosos” pueden ser de significativa importancia.

El sistema nacional reportó 22.249 eventos relacionados con intentos y suicidios entre abril de 2023 y octubre de 2025 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Diferencias de género y factores socioculturales en los intentos de suicidio

Por otro lado, algo concordante con la estadística internacional es que hay más intentos en mujeres, el 61%, con un resultado mortal en el 2,1% de los casos, pero mayor letalidad en varones, el 10,8%, cinco veces mayor con menor casos de intentos.

Las razones observadas en todo el mundo son relativas a que los varones consultan menos, llegan más tarde al sistema de atención y atraviesan la crisis con mayor aislamiento, y esto no es un rasgo psicológico sino un fenómeno socio-cultural, sobre el cual hay que trabajar intensamente.

Jóvenes y adolescentes: el grupo más vulnerable ante el riesgo suicida

En cuanto a las franjas etarias, el sector que concentra el mayor riesgo, el grupo más vulnerable, son los adolescentes y jóvenes. La franja es especialmente significativa entre los 15 a los 24 años, con una subrepresentación estadística en mujeres entre los 15 a 19 años.

Este grupo o rango etario de adolescentes y jóvenes combina múltiples factores de riesgo: presión social intensa, una confusión en cuanto al mundo representado por las redes sociales y la realidad concreta en la cual pueden no poder insertarse, una hiperexposición, vínculos sociales frágiles, aumento de la sensación (o realidad) de soledad, incluso dentro de entornos supuestamente acompañados como la escuela o familia.

La presión social, el bullying y la ausencia de espacios de escucha sólida constituyen causas claves en el aumento de la vulnerabilidad juvenil (Imagen Ilustrativa Infobae)

Y en particular un acceso a estímulos de retribución inmediata que desregulan el sistema nervioso. En particular, es importante entender que los jóvenes que vemos en situación de riesgo no responden a un episodio momentáneo sino a una deconstrucción psíquica o falta de integración de larga data, que se va generando en el curso de los años.

En cuanto a los lugares donde estos episodios ocurren, el informe refiere un dato especialmente importante: la mayoría de los episodios (85,7%) ocurre en la vivienda, propia/familiar y solo el 9,5% en ámbitos públicos. Hay una idea que a veces escuchamos y es que el riesgo está “afuera, en la calle”, que de alguna manera cuidando esos factores se trata de algo que pasa lejos, “que les pasa a otros”. Por el contrario, muchas veces está en lo cotidiano, o en horarios o días críticos, momentos de aislamiento, etc.

Otro aspecto que podemos deducir en este informe, es que cuando “pasó la crisis” eso no significa que terminó el riesgo. De todos los casos registrados, 19.013 personas registraron 1 intento, pero 2.264 registraron 2 intentos y hay casos con más recurrencias.

La franja etaria de mayor riesgo corresponde a adolescentes y jóvenes entre 15 y 24 años (Imagen Ilustrativa Infobae)

La conclusión lleva a una sugerencia práctica que podemos relacionar con los intentos no consumados: el trabajo preventivo no termina cuando baja la tensión del episodio, sino quizás todo lo contrario.

En muchos casos, ahí empieza la etapa menos visibilizada, pero más importante, continuar con el cuidado que es el seguimiento, y la reducción del riesgo de recurrencia.

El seguimiento posterior, la continuidad del cuidado y el acceso real y concreto a dispositivos de contención y no solo consejos y sugerencias, es lo que define la evolución. Quizás sea le momento de recordar uno de los mitos o errores comunes es cuando se repite que “el que avisa no lo cumple”.

Una pregunta habitual que recibimos es si hay más casos en la actualidad. La respuesta es difícil de dar justamente ante la ausencia de estadísticas previas, pero es bueno empezar a pensar que negar no significa que algo no existe y registrar datos, no significa que el problema empeoró.

Es decir, el aumento de notificaciones puede reflejar también mejor vigilancia, mayor cobertura y mejor carga del sistema.

La letalidad es cinco veces mayor en varones que en mujeres según el informe del Ministerio de Salud (Imagen Ilustrativa Infobae)

El problema de la notificación es uno que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las diferentes asociaciones mundiales dedicadas a la temática, señalan como un obstáculo significativo en países del tercer mundo, para tener datos reales que permitan planificaciones adecuadas.

Es decir, en nuestro medio, que hoy aparezcan datos no prueba automáticamente que todo está definido, pero si que estamos empezando a medir algo que antes quedaba subregistrado o incluso negado, y algo que se conoce y es mensurable, permite trazar políticas de acción pública en salud.

En el mismo boletín se explica que el crecimiento en notificaciones puede vincularse a la implementación progresiva del sistema, a más jurisdicciones notificando y a una mayor consolidación de los circuitos y la eficacia en el registro. Es decir, que aparezcan números no es prueba necesariamente que el fenómeno haya aumentado en la misma proporción, sino da una imagen actual, desde la cual se puede trabajar.

Que se puede hacer ante una situación de riesgo

El 10,8 por ciento de los intentos de suicidio en varones terminó en desenlace fatal (Imagen Ilustrativa Infobae)

En Argentina, en 2015 se aprobó la Ley 27.130: Ley Nacional de Prevención del Suicidio, pero recién en 2021 se logró reglamentarla a través del decreto 603. La Ley Nacional ya contemplaba la creación de un sistema de registro estadístico sobre intentos y suicidios como parte de la política pública.

El cambio, y de allí la importancia de estos datos, es que ahora con datos concretos, ya la discusión deja de ser abstracta y se pueden planificar recursos, entrenar equipos, así como focalizar acciones por edad y territorio y especialmente se puede mejorar la detección temprana.

Hablar del suicidio es clave para prevenir

Otro aspecto es que estos datos también nos permiten saber cómo comunicar y como no comunicar, qué hacer con estos datos y especialmente qué NO hacer.

Es cada vez más claro que hablar del suicidio ayuda, el “de eso no se habla” no puede ser parte de quienes tienen la responsabilidad de comunicar o dirigir, y que es sumamente comprender que hablar, o más concretamente comunicar mal, daña, es peligroso.

Existen en nuestro país y en el mundo desde autoridades sanitarias, así como del parte de medios internacionales, recomendaciones específicas para una comunicación responsable, con enfoque de salud pública y sin sensacionalismo. Las modalidades comunicacionales y sus consecuencias son una referencia frecuente en la literatura científica, dentro de la cual un autor, refiere a metáforas de la literatura y la música.

El seguimiento posterior al intento es clave para reducir el riesgo de recurrencia y mejorar la prevención (Imagen Ilustrativa Infobae)

En su trabajo sobre el papel de los medios de comunicación en el suicidio, tanto consumado como evitado, es decir justamente parte de lo abordado por el informe del Ministerio de Salud, Thomas Niederkrotenthaler introduce dos conceptos fundamentales: el efecto Werther y el efecto Papageno.

Estos nombres hacen referencia a la obra de Goethe y Mozart, ya que la conclusión fundamental del trabajo, es que la modalidad en la cobertura puede empujar hacia dos tipos de efectos: uno que se ha dado en llamar, el efecto Werther, por la obra “Las penas del joven Werther”, que es el contagio y la imitación, dado cuando se idealiza o se dan detalles que confunden y apelan al morbo. Por el contrario, puede darse el efecto Papageno, en relación al personaje de “La Flauta Mágica” de Mozart en las que cuando se acompaña, se ofrecen salidas, ayuda y alternativas, y se fomenta la resiliencia.

Quizás de una manera simple es cuando el mensaje es “esa es la salida o esto paso por tal razón”, se corre el riesgo de empujar, en lugar de acompañar a la persona, pero si, por el contrario, no justifica, idealiza, si deja la idea que “hay una puerta, opciones”, el resultado es otro. En las obras de Goethe y sus consecuencias en la sociedad o el personaje de Papageno, se ilustran estas salidas.

Señales de alarma y dónde acudir

La red de contención inmediata es fundamental cuando se detectan señales de alarma (Imagen Ilustrativa Infobae)

Finalmente, existen señales de alarma que se sugiere tomar seriamente, pero no por eso que la presencia de una de ellas puede implicar certeza. Son aquellas relativas a frases de despedida o de inutilidad (“no doy más”, “sería mejor no estar” “soy un problema para todos”); el aislamiento súbito; cambios significativos en patrones de sueño y/o apetito; irritabilidad constante o embotamiento afectivo, abandono de actividades habituales, etc.

Es evidente que es el contexto y el conjunto y no el dato aislado e individual, pero estas señales pueden ser orientadoras. Sin embargo, no hay que esperar el indicador perfecto o indefectible, el riesgo no siempre se presenta con un guion esperado o clásico. Ante estas alertas no es un error, aun en la duda, pedir ayuda y fomentar una red de contención inmediata.

Si usted o alguien cercano está atravesando una crisis, pedir ayuda de inmediato:

Centro de Asistencia al Suicida (Argentina):

  • 135 (CABA y GBA)
  • (011) 5275-1135
  • 0800 345 1435 (todo el país)
  • Emergencias: 911 / 107

* El doctor Enrique De Rosa Alabaster se especializa en temas de salud mental. Es médico psiquiatra, neurólogo, sexólogo y médico legista.