
Hoy es el Día Mundial de la Enfermedad de Kawasaki, una efeméride para despertar conciencia sobre un trastorno poco frecuente que inflama los vasos sanguíneos de todo el cuerpo.
Predomina en la infancia y puede provocar fiebre, erupciones, enrojecimiento de ojos, y afectar el corazón en casos severos.
Si bien aún se desconoce exactamente la causa, científicos de los Estados Unidos postularon que un solo virus respiratorio, todavía no identificado, sería el desencadenante de la enfermedad de Kawasaki.

La investigación, que fue liderada por la doctora Anne Rowley del Hospital de Niños Ann & Robert H. Lurie de Chicago, apunta a que el próximo paso sería que se identifique y se realice el secuenciamiento del supuesto virus. Fue publicada en la revista Laboratory Investigation.
“La causa de la enfermedad de Kawasaki ha sido un misterio por más de 50 años”, dijo la doctora Rowley.“Nuestros datos contundentes representan un gran avance y proporcionan una dirección clara para identificar y secuenciar el virus que causa la enfermedad de Kawasaki en niños susceptibles. Esto será fundamental para avanzar en el diagnóstico, tratamiento y prevención de la enfermedad”, resaltó.
En diálogo con Infobae, Adrián Collia, médico pediatra y cardiólogo infantil, miembro de la Red de enfermedad de Kawasaki en América Latina, opinó tras leer el estudio: “Coincido en que, aunque hoy no se conozca la causa, debe existir un elemento, posiblemente viral, que desencadene la enfermedad”.
El experto agregó que “sería importante detectar la causa de la enfermedad para que los profesionales de la salud podamos brindar un diagnóstico más temprano y así reducir las complicaciones como la dilatación de las arterias coronarias”.
Un nombre, muchos síntomas

El nombre “enfermedad de Kawasaki” rinde honor al pediatra japonés Tomisaku Kawasaki, quien describió el cuadro clínico por primera vez en 1967. El científico falleció en 2020.
Desde entonces, la afección se diagnosticó principalmente en niños japoneses y otros de ascendencia asiática. En América Latina, la incidencia de la enfermedad de Kawasaki varía entre 4 y 15 casos por cada 100.000 niños menores de 5 años. Los registros más bajos se observan en Argentina y los más altos en Brasil.

Esta enfermedad se manifiesta con fiebre alta que puede fluctuar durante varias semanas y una erupción cutánea que suele ser rojiza y extensa. Los ojos se ven enrojecidos sin secreción y los ganglios del cuello pueden hincharse.
La lengua adopta un aspecto de “frutilla”, los labios se agrietan y enrojecen, y las palmas de las manos y plantas de los pies se inflaman y enrojecen.
Tras la fiebre, la piel de los dedos puede descamarse y algunos niños presentan dolor en las articulaciones o dificultad para caminar.
Rastros invisibles en los pulmones

El equipo de la doctora Rowley llevó a cabo un estudio experimental de tipo histopatológico y serológico. Extrajo anticuerpos de la sangre de niños con enfermedad de Kawasaki. Quisieron ver cómo estos anticuerpos reaccionaban ante tejidos de pacientes fallecidos con este diagnóstico.
Analizaron 20 muestras de tejido recolectadas en Estados Unidos y Japón durante los últimos 50 años. Detectaron en todas las muestras unos “cuerpos de inclusión”, que son restos celulares que suelen aparecer cuando hay infección viral.
Estos cuerpos de inclusión estaban siempre en las vías respiratorias medias, lo que llevó a pensar en un virus respiratorio nuevo como el posible causante. No hallaron ningún otro agente infeccioso conocido presente de manera constante en los tejidos.

La evidencia también apunta a que solo los niños con una predisposición genética desarrollan la enfermedad, mientras que la mayoría de los infectados no presenta síntomas, según comentaron los investigadores.
Destacaron que identificar el material genético en los cuerpos de inclusión será clave para avanzar en el diagnóstico y la prevención. Aclararon que hasta el momento no hay pruebas de que la enfermedad sea contagiosa de persona a persona.

Todavía no lograron aislar el virus responsable, así que el diagnóstico se sigue basando en los síntomas clínicos.
El mayor aporte del nuevo estudio es que abre una nueva línea de investigación para descubrir el virus y potencialmente podría favorecer para mejorar la atención temprana y la prevención de la enfermedad.