
Las proteínas ocupan un lugar destacado en las dietas actuales, impulsadas tanto para el desarrollo muscular como para el bienestar general.
Las nuevas directrices alimentarias de Estados Unidos, presentadas por el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., resaltan la importancia de consumir proteínas de origen animal y vegetal, así como productos lácteos enteros. Este enfoque renovó el interés en este nutriente.
Especialistas advirtieron que un consumo elevado puede generar efectos negativos en distintos órganos y sistemas. Aunque las dietas ricas en proteínas gozan de popularidad, la cantidad realmente necesaria para la mayoría es considerablemente menor que la presente en los hábitos cotidianos.

Según Mayo Clinic, la recomendación estándar es de 0,8 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal, mientras que la mayoría de los estadounidenses supera este valor en cerca de un 20%.
1. Problemas digestivos y malestar estomacal
El exceso de proteínas puede causar molestias gastrointestinales frecuentes. La digestión de carne y otras fuentes proteicas exige un esfuerzo considerable del cuerpo, lo que puede provocar estreñimiento, hinchazón y dolor abdominal.
El estreñimiento ocurre con mayor frecuencia cuando se aumentan las proteínas, ya que muchas personas disminuyen la ingesta de otros nutrientes esenciales, como la fibra, y no mantienen una dieta equilibrada que favorezca el tránsito intestinal, según el Dr. Babak Razani.

Knubian Gatlin, nutricionista registrada en Houston Methodist, explicó a The Independent: “Siempre que alguien dice que necesita un gramo de proteína por cada libra de peso corporal, es cuando la gente empieza a experimentar algunos de los efectos secundarios comunes de comer demasiada proteína”. Gatlin señaló que incluso adultos activos y deportistas rara vez requieren cantidades tan elevadas.
2. Cambios en el aliento por exceso de proteínas
Superar la cantidad recomendada también puede alterar el metabolismo y, como consecuencia, el aliento. Expertos de Cleveland Clinic informaron que un consumo elevado puede generar el llamado “aliento cetogénico”, un estado en el cual el cuerpo utiliza grasa en lugar de glucosa como fuente de energía.
Esto produce acetona, responsable de un olor afrutado o similar al esmalte de uñas en la respiración, fenómeno habitual en quienes siguen dietas muy altas en proteínas y bajas en carbohidratos.
3. Riesgos cardiovasculares asociados a la carne roja
Un consumo excesivo de proteínas animales, especialmente de carne roja, incrementa el riesgo de enfermedades cardíacas. La acumulación de grasas saturadas y colesterol en las arterias favorece la obstrucción vascular y eleva la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares o accidentes cerebrovasculares.

Por ello, resulta fundamental equilibrar la ingesta de proteínas con la elección de fuentes saludables, como vegetales y proteínas magras.
Como muchos productos animales, la carne roja puede contener altos niveles de sal, grasa y colesterol. Aunque es un alimento tradicional en la dieta, los expertos recomiendan consumirla con moderación.
Según expertos de Cleveland Clinic, el modo en que la carne roja contribuye a las enfermedades cardiovasculares probablemente sea múltiple:
- Grasas saturadas: los cortes grasos pueden elevar los niveles de colesterol LDL, conocido como “malo”, aumentando el riesgo cardíaco.
- Producción de TMAO: nutrientes presentes en la carne, como la colina y la carnitina, generan TMAO (N-óxido de trimetilamina), cuya acumulación en sangre se asocia con endurecimiento de las arterias, infarto de miocardio y accidentes cerebrovasculares.
- Sodio: algunas carnes rojas procesadas, como salchichas, contienen altos niveles de sodio, lo que puede incrementar la presión arterial y el riesgo de hipertensión.
Orina espumosa y salud renal
El consumo elevado de proteínas puede afectar la función renal, ya que los riñones se encargan de filtrar y eliminar residuos del organismo. La Dra. Cybele Ghossein, nefróloga de Northwestern Medicine, señaló a The Independent que “si sus riñones liberan proteínas en la orina, no están funcionando correctamente”.

La orina espumosa o con burbujas puede indicar daño renal y está relacionada con la dificultad para procesar cantidades excesivas de proteínas. Este síntoma aparece cuando la capacidad de filtración se ve superada, lo que puede derivar en problemas más graves si no se controla la dieta.
Ajustes para deportistas y personas activas
Quienes practican actividad física intensa pueden requerir un ligero aumento en la ingesta proteica para favorecer la reparación muscular. Mayo Clinic recomienda entre 1,1 y 1,5 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal en estos casos. Sin supervisión profesional, superar estos valores puede desencadenar los efectos adversos descritos, comprometiendo digestión, salud cardíaca y función renal.
El renovado énfasis en las proteínas dentro de las guías alimentarias estadounidenses pone de manifiesto la necesidad de mantener la ingesta dentro de los límites recomendados y de diversificar las fuentes proteicas. Así, es posible aprovechar sus beneficios sin comprometer la salud digestiva, cardiovascular y renal.