Un nuevo sellador de heridas en polvo desarrollado en Corea del Sur logró detener hemorragias graves en apenas un segundo incluso en condiciones extremas (Freepik)

Un equipo de investigadores del Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea del Sur (KAIST) presentó un desarrollo que introdujo un cambio sustancial en la forma de abordar el sangrado severo tras una herida.

Los científicos crearon un agente hemostático en polvo de acción ultrarrápida que logró detener una hemorragia en aproximadamente un segundo al aplicarse directamente sobre la herida. La innovación fue presentada en un estudio científico publicado en la revista Wiley Advanced.

El material, identificado como AGCL, se transformó casi de inmediato en una barrera protectora de hidrogel al entrar en contacto con la sangre, incluso bajo condiciones extremas. El avance abrió una nueva vía para mejorar la supervivencia en combate, en zonas de desastre y en entornos médicos con recursos limitados.

La investigación surgió a partir de una necesidad concreta. La hemorragia grave continuó como la principal causa de muerte por lesiones en combate y una de las amenazas más críticas en traumatismos civiles.

Para responder a ese problema, un equipo interdisciplinario del KAIST, que incluyó a un mayor del Ejército en servicio activo, se propuso desarrollar una solución más rápida, confiable y fácil de aplicar que los productos disponibles. El objetivo fue claro: reducir al mínimo el tiempo entre la lesión y el sellado efectivo del sangrado.

El desarrollo surgió de un proyecto del KAIST con participación directa de un mayor del Ejército en servicio activo (Kaist)

El 29 de diciembre, el KAIST anunció que el grupo liderado por el profesor Steve Park, del Departamento de Ciencia e Ingeniería de Materiales, y el profesor Sangyong Jon, del Departamento de Ciencias Biológicas, logró diseñar un agente hemostático en polvo capaz de formar una barrera de hidrogel resistente en un lapso cercano a un segundo. Al rociarse sobre una herida, el material reaccionó con los iones de calcio presentes en la sangre y generó una red adhesiva que selló el tejido de manera casi inmediata.

El doctor Kyusoon Park, integrante del equipo de investigación, expresó el sentido que impulsó el proyecto: “La clave de la guerra moderna es minimizar la pérdida de vidas humanas. Comencé la investigación con la misión de salvar al menos a un soldado más. Espero que esta tecnología se utilice como herramienta para salvar vidas tanto en la defensa nacional como en el ámbito médico privado”.

La participación directa de un oficial en servicio permitió incorporar desde el inicio las condiciones reales del campo de batalla, donde el calor, la humedad y la presión dificultan la aplicación de muchos tratamientos.

Uno de los principales aportes del AGCL fue su capacidad de mantener el rendimiento en entornos hostiles. El material conservó su estabilidad durante largos períodos de almacenamiento y mostró eficacia incluso en situaciones de alta presión y sangrado abundante.

Estas características respondieron a limitaciones históricas de los hemostáticos tradicionales, en especial de los parches planos, que presentaron dificultades para adaptarse a heridas profundas o irregulares y mostraron sensibilidad a factores ambientales.

A diferencia de parches planos el polvo se adapta a heridas profundas irregulares y con sangrado de alta presión (pexel)

La clave del nuevo desarrollo residió en su diseño químico y estructural. El polvo AGCL combinó materiales naturales biocompatibles como alginato y goma gellan, que reaccionaron con el calcio para una gelificación ultrarrápida y un sellado físico eficaz, junto con quitosano, un polímero conocido por su capacidad de unirse a componentes sanguíneos y potenciar la hemostasia química y biológica.

Esta integración permitió superar el mecanismo de absorción pasiva que caracterizó a muchos polvos hemostáticos previos.

Al entrar en contacto con la sangre, el AGCL formó una red tridimensional que absorbió hasta siete veces su propio peso, con una tasa cercana al 725 por ciento. Esa estructura bloqueó rápidamente el flujo sanguíneo incluso bajo presión elevada.

Las pruebas comparativas demostraron un rendimiento de sellado superior al de agentes comerciales, con una fuerza adhesiva mayor a 40 kilopascales, suficiente para resistir una presión manual intensa sin desprenderse.

La seguridad biológica constituyó otro eje central del estudio. El polvo se compuso íntegramente de materiales de origen natural y mostró una tasa de hemólisis inferior al tres por ciento, una viabilidad celular superior al 99 por ciento y una eficacia antibacteriana del 99,9 por ciento.

Estos parámetros indicaron que el material resultó seguro incluso en contacto directo con la sangre y los tejidos lesionados. En modelos animales, los ensayos confirmaron una recuperación rápida de las heridas y una promoción activa de la regeneración de vasos sanguíneos y colágeno.

En pruebas experimentales el material absorbió hasta siete veces su peso y mostró adhesión superior a productos comerciales (Freepik)

Los resultados experimentales reforzaron el potencial clínico del desarrollo. En modelos de lesión hepática quirúrgica, la cantidad de sangrado y el tiempo necesario para lograr la hemostasia se redujeron de manera significativa frente a productos convencionales. Dos semanas después de la cirugía, la función hepática se normalizó y no aparecieron hallazgos anormales en las evaluaciones de toxicidad sistémica. Estos datos mostraron que el material no solo selló la herida, sino que acompañó un proceso de regeneración tisular de alta calidad.

El segundo texto del estudio amplió el marco clínico del hallazgo. La hemorragia no controlada representó aproximadamente un tercio de todas las muertes relacionadas con trauma, según grandes registros internacionales.

En cirugía cardíaca, el sangrado postoperatorio grave requirió reexploración en hasta el 4,6 por ciento de los casos y se asoció con un aumento marcado de la mortalidad. Estos antecedentes subrayaron la necesidad urgente de intervenciones hemostáticas de rápido despliegue que funcionen tanto en el campo de batalla como en quirófanos y servicios de emergencia.

En ese contexto, los investigadores describieron las ventajas del sistema AGCL frente a apósitos tradicionales y parches de hidrogel. La gasa de algodón mostró baja adherencia a tejidos húmedos y, al retirarse, provocó resangrado y daño al tejido de granulación.

Los hidrogeles planos, si bien ofrecieron buena biocompatibilidad y sellado, presentaron limitaciones geométricas que redujeron su eficacia en heridas profundas o con sangrado activo. El formato en polvo del AGCL resolvió estos obstáculos gracias a su adaptabilidad a cavidades irregulares y su facilidad de aplicación.

Los ensayos en animales demostraron alta biocompatibilidad mínima hemólisis y una eficacia antibacteriana cercana al cien por ciento (Kaist)

Los propios investigadores sintetizaron el alcance del hallazgo: “El polvo presenta una fuerte bioadhesión, un excelente sellado en condiciones de carga mixta y una robusta estabilidad de almacenamiento de hasta 24 meses en condiciones ambientales. Los ensayos in vitro confirman una hemólisis mínima, una alta citocompatibilidad y una eficacia antibacteriana superior al 99%. En diversos modelos de sangrado, el AGCL redujo significativamente la pérdida de sangre.

Además, AGCL aceleró la reepitelización, la angiogénesis y la deposición de colágeno en modelos murinos de heridas de piel y hígado, lo que favoreció una regeneración tisular de alta calidad sin toxicidad sistémica”.

La estabilidad del material durante dos años en condiciones ambientales representó una ventaja decisiva para su uso en operaciones militares, misiones humanitarias y regiones con infraestructura sanitaria limitada. A diferencia de otros productos que requieren condiciones específicas de almacenamiento, el AGCL quedó listo para su uso inmediato, un factor crítico cuando cada segundo define la supervivencia.