Evitar la exposición solar entre las 10 y las 16 reduce el riesgo de quemaduras y daños profundos cuando la sombra es más corta que el cuerpo el peligro aumenta (Imagen Ilustrativa Infobae)

Durante el verano, la energía que llega desde el Sol aumenta y se combina con jornadas más largas y actividades al aire libre que se multiplican. Playa, pileta, veredas, plazas y paseos urbanos se transforman en escenarios de exposición cotidiana a la radiación ultravioleta (UV).

Esa presencia constante explica por qué la protección solar dejó de ser un gesto reservado a las vacaciones y pasó a ocupar un lugar central en el cuidado diario de la salud. Los rayos UV no distinguen contextos. Atraviesan nubes, se reflejan en superficies como arena y agua y también cruzan vidrios.

Por ese motivo, la piel recibe radiación incluso en días nublados o dentro de entornos urbanos. El daño que producen no siempre aparece de forma inmediata. El llamado fotodaño acumulativo se manifiesta con el paso de los años a través de arrugas, manchas, pérdida de colágeno y, en los casos más graves, cáncer de piel.

La arena y el agua reflejan los rayos solares y multiplican su intensidad por eso el riesgo persiste aun bajo la sombra en playas y piletas (Jose Tetty)

En qué horario conviene tomar sol y estar al aire libre

La clave para reducir ese impacto comienza por el reloj. Los especialistas coinciden en que la franja más riesgosa del día se extiende desde media mañana hasta la tarde.

Entre las 10 y las 16, la radiación ultravioleta alcanza su pico máximo. En ese lapso, la piel recibe una dosis más intensa en menos tiempo, lo que incrementa el riesgo de quemaduras y lesiones profundas, según describen expertos del equipo de salud de la Universidad de Harvard.

Una regla simple ayuda a identificar ese momento crítico sin necesidad de instrumentos. Cuando la sombra del cuerpo se ve más corta que la altura de la persona, la radiación resulta más agresiva.

Los golpes de calor en verano pueden ser muy perjudiciales para la salud (Freepik)

En ese escenario, la recomendación apunta a evitar la exposición directa. Si la permanencia al aire libre resulta inevitable, conviene buscar sombra, usar sombreros de ala ancha, ropa adecuada y reforzar la aplicación de protector solar.

Fuera de ese rango horario, el sol ofrece beneficios con menor riesgo. Las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde permiten disfrutar del aire libre con una radiación menos intensa.

Aun así, la protección no desaparece de la ecuación. El uso de protector solar continúa como una medida necesaria, ya que los rayos UV mantienen su presencia durante todo el día.

Proteger el cuerpo con protectores solares altos en FPS

El protector solar debe ser de amplio espectro con FPS 30 o más aplicarse antes de salir y renovarse cada dos horas incluso después del agua (Imagen Ilustrativa Infobae)

Elegir el producto correcto representa otro punto clave. Los especialistas de Mayo Clinic advierten que factores de protección solar inferiores a 30 no alcanzan para bloquear de forma adecuada los daños del sol.

Según indican, “utilizar protectores solares con FPS de al menos 30, preferentemente 50, para bloquear mejor los rayos UV. Este paso es esencial para evitar quemaduras y reducir el riesgo de envejecimiento prematuro y cáncer de piel”.

La forma de uso también define su eficacia. El protector debe aplicarse entre 15 y 30 minutos antes de la exposición para permitir su correcta absorción. La reaplicación cada dos horas resulta indispensable, así como después de nadar o transpirar, incluso cuando el producto indique resistencia al agua. Un error frecuente consiste en aplicar una sola vez y confiar en una protección prolongada que, en la práctica, no existe.

La protección de los labios también es clave

Los labios también deben protegerse frente al sol

Además, la piel no es uniforme. El rostro presenta necesidades distintas al resto del cuerpo, por lo que conviene utilizar productos específicos. Los labios, muchas veces olvidados, requieren bálsamos con FPS para prevenir resequedad, grietas y envejecimiento prematuro.

A esto se suma la hidratación interna. Beber agua con regularidad y consumir frutas y verduras ricas en líquidos favorece el equilibrio del organismo y contribuye a una piel más saludable.

El Ministerio de Salud de la Nación explicó en su página web que la exposición excesiva al sol puede producir envejecimiento de la piel, cataratas y cáncer de piel. Por eso, recomienda evitar la exposición entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde. En ese horario hay que buscar preferentemente la sombra y permanecer en espacios ventilados.

Ropa clara holgada sombreros de ala ancha y anteojos de sol originales protegen piel y ojos y reducen el impacto de la radiación en niños
(Imagen Ilustrativa Infobae)

“Usá protector solar con factor de 30 o más y renovalo cada 2 horas y después de salir del agua. Los bebés menores de 1 año no deben recibir el sol directo. Desde los 6 meses en adelante deben usar protector solar (FPS 50 o mayor), renovado cada 2 horas y al salir del agua”, agregaron.

También recordaron: “Si vas a realizar actividad física, hacelo en las horas de menos calor, usá ropa holgada, liviana, de colores claros. Cubrite la cabeza con un gorro o un pañuelo. Llevá siempre una botella de agua para mantenerte hidratado. No esperes a tener sed. Tomá abundante agua antes, durante y después del ejercicio”.

Y remarcó que hay grupos que potencialmente pueden resultar más afectados: las mujeres embarazadas; los bebés y niños pequeños; las personas mayores de 65 años; y quienes padecen enfermedades crónicas como, por ejemplo, afecciones respiratorias o cardíacas, hipertensión arterial, obesidad y/o diabetes.

Infancia, el período más vulnerable frente al sol

Durante los primeros 18 años de vida se recibe cerca del 80 por ciento de la radiación solar total por eso la protección en la infancia define la salud futura. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La relación entre sol y salud adquiere una dimensión particular durante la infancia. Se estima que durante los primeros 18 años de vida una persona recibe cerca del 80% de la radiación solar acumulada de toda su existencia. Ese dato explica por qué cuidar la piel desde edades tempranas funciona como una inversión directa en salud futura.

La médica pediatra María Cecilia Avancini remarca que la protección solar debe convertirse en un hábito familiar permanente. No se trata solo de evitar una quemadura ocasional, sino de reducir el riesgo de enfermedades cutáneas en la adultez. En niños, las recomendaciones sobre horarios resultan aún más estrictas. Evitar la exposición directa entre las 10 y las 16 aparece como una prioridad, con especial atención a bebés y menores de un año.

El protector solar en la infancia debe cumplir requisitos claros. Amplio espectro, cobertura UVA y UVB y un factor de protección igual o superior a 30 constituyen la base. La aplicación correcta incluye colocarlo media hora antes de la exposición y renovarlo cada dos horas o después del contacto con el agua. En este punto, el rol del adulto resulta central, ya que los niños no suelen percibir el riesgo ni mantener la constancia necesaria.

Los horarios de exposición solar deben acotarse a la franja segura recomendad por expertos

La indumentaria actúa como una barrera adicional. Ropa holgada, colores claros y sombreros de ala ancha reducen la superficie de piel expuesta. Un elemento muchas veces subestimado son los anteojos de sol. En el caso de los niños, deben ser originales y no de juguete, ya que protegen la córnea y la retina frente a una radiación que también afecta la salud ocular.

El entorno modifica el nivel de riesgo. En playas y piletas, el agua y la arena reflejan los rayos solares y multiplican su intensidad. Esto implica que la exposición continúa incluso bajo la sombra. En estos espacios, la vigilancia y la protección requieren un refuerzo constante.

El verano también trae consigo otros desafíos. El uso de repelente para insectos suele combinarse con el protector solar, pero el orden importa. Primero se aplica el protector y, entre 20 y 30 minutos después, el repelente. Nunca deben mezclarse. En niños, los productos con DEET no deben superar el 30% de concentración y están contraindicados en menores de dos meses. El adulto debe colocarlo en sus propias manos y luego extenderlo sobre la piel del niño, lejos de ojos, boca y manos.

Cuando el sol baja, es la mejor hora de ir al a playa (Imagen Ilustrativa Infobae)

El calor extremo expone a los más chicos al riesgo de golpe de calor. Ofrecer agua potable de forma frecuente, incluso sin que aparezca la sensación de sed, resulta fundamental. En bebés, la lactancia materna cumple un rol central.

Los signos de alarma incluyen temperatura elevada, piel roja y caliente, decaimiento, confusión, vómitos, mareos y orina muy oscura. Frente a estos síntomas, la consulta médica inmediata se vuelve indispensable, ya que se trata de una urgencia vital.

El verano invita al juego y al descanso, pero también exige información y previsión. Conocer los horarios adecuados para tomar sol, elegir una protección correcta y sostener hábitos de cuidado transforma la exposición solar en una experiencia saludable.